Al mejor cabildero se le va la reforma, y eso fue lo que ocurrió al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien continúa sumido en una mala racha, y el domingo sufrió otro revés al pretender la aprobación de la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, también conocida como ‘Ley Bartlett”, -que por cierto, en el nombre llevaba la penitencia- y se topó con un valiente bloque que no sucumbió ni a los regalos ni a las intimidaciones que trascendió estaban a la orden del día desde Palacio Nacional en el afán de obtener los 56 votos que faltaban para la aprobación. “No va a pasar”, coreaba la oposición convencida del sentido de su voto y por ello no se termina de entender porqué el presidente insistió en someterla a votación a sabiendas de que con bastante anticipación, ya se hablaba que la Reforma Eléctrica estaba muerta. Hoy, tenemos un animal herido, y no es absurdo advertir que viene una embestida al nivel de la llaga que ha quedado abierta al interior de la Cuarta Transformación.

Si entramos al terreno de las elucubraciones, tendríamos que responder preguntas básicas sobre el actuar de Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo:

¿Se encaprichó en sacar la reforma “sin moverle una coma”?.

La instrucción fue contundente desde el primer día y siempre la mantuvo; si bien se cumplió con la simulación al llevar la discusión a un parlamento abierto, y se habló de que habían integrado al dictamen los 12 puntos que solicitaba la oposición, la realidad fue que no hubo ni la disposición ni la orden presidencial de hacer tal modificación y en el bloque opositor se dieron cuenta de la farsa, así que en razón de ello mantuvieron la postura de rechazo.

¿Equivocó la estrategia pensando que tendría mayor poder de convencimiento?

AMLO intentó por todos los medios “convencer” principalmente a los diputados priistas de traicionar a su partido. Destinó importantes espacios de sus conferencias Mañaneras para exhortarlos en votar a favor. Se dice que en ese afán ofreció toda clase de gratificaciones, pero también amagó con la fuerza del Estado para amedrentar, bien fuera a través de Hacienda o de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).

¿Fue la mejor salida ante la posición que en los últimos días había endurecido el gobierno de la Casa Blanca?

No hay que olvidar el amago emitido desde la Casa Blanca, en el sentido de que la reforma eléctrica ponía en riesgo ‘más que nunca’ 10 mil millones de dólares de inversiones estadounidenses en el país, la mayoría en instalaciones de energía renovable, habiendo sido la representante comercial estadounidense, Katherine Tai, quien hiciera llegar el mensaje, uno más de los que ya se habían estado haciendo llegar al presidente tabasqueño por conducto del embajador Ken Salazar y el propio John Kerry.

¿Midió el presidente el control de daños ante una derrota en la Cámara y/o ceder a las presiones de Joe Biden?

En el peor de los escenarios, quizá Andrés Manuel advirtió que una derrota frente a la oposición, que en la narrativa podría revertir acusando de “vendepatrias” y traidores a quienes votaron en contra, era quizá menos indigno que transigir ante el vecino del norte, situación que le habría colocado como el gran perdedor a los ojos del mundo.

El tema es que, ya entrada la noche del domingo, el presidente sabía que tenía perdida la batalla, por ello desde las 20:54 publicó en su cuenta de Twitter:

“Ya lo dije en mi informe del martes: pase lo que pase ya estamos blindados contra la traición. Mañana lo vuelvo a explicar”.

Enseguida, se optó por finalmente agilizar y salir del debate en San Lázaro.

Desde Palacio Nacional se dio un golpe de timón y se modificó la idea inicial de alargar la discusión y pensar en procurar más tiempo para presionar, lo cual resultó ser lo más inteligente que pudo hacer al respecto, y no continuar con las marrullerías que bien podían haber dado lugar a que se decretara un receso de dos o tres días, como ya se había hecho en el transcurso de la semana. Sin menoscabo de que también ayudó para terminar de tajo con el lamentable espectáculo que observaron decenas de miles de mexicanos que sin temor a equivocarme, sintonizaron por primera vez el Canal del Congreso, y se llevaron una muy desagradable impresión, dado que salvo un par de honrosas excepciones, fue vergonzoso atestiguar el deplorable nivel, ya no digamos de debate, sino de lectura, de elocución, de articulación, y de pensamiento que tienen los bien llamados “impresentables” -John Ackerman dixit-, diputados integrantes de Morena y el PT.

Al día siguiente, es decir, la mañana del lunes, López Obrador se comprometió a que no incrementarán las tarifas de luz y garantizó que no volverá a presentar algún otro proyecto de reforma a la ley eléctrica en lo que resta de su sexenio y la dejará para que el candidato de su partido la abandere en su momento, sin embargo nadie se puede confiar de que no procurará generar cambios a sabiendas de que se ha manejado a través de decretazos en el transcurso de su gobierno.

Hay que tener por cierto que AMLO es hoy un animal herido que crecerá ante el castigo y en ese contexto hay que esperar una arremetida de dimensiones aún desconocidas.

Su iniciativa para nacionalizar el litio en el marco de la Ley Minera, de manera que solo pueda ser explotado, industrializado y comercializado por la Nación, a través de una empresa que funcionará como la CFE y que podría depender de la Secretaria de Energía, Hacienda o Economía, es apenas el primer zarpazo, que como ya se vio, no generó mayor contratiempo su aprobación siendo que se ingresó con dispensa de trámites y no requería mayoría calificada, por lo que, -en ausencia de los integrantes de la coalición Va por México que hicieron el vacío al ser rechazada su moción de que pasara primero a comisiones-, con los votos de Morena y sus aliados fue suficiente para aprobarla, sin dejar de llamar la atención que la bancada de Movimiento Ciudadano permaneció en el recinto y votó a favor la reforma del Ejecutivo.

El asunto es que AMLO es capaz de todo. Seguramente está pensando en realizar ‘acciones ejecutivas’ ‘acciones administrativas’ al margen de la ley, en el ánimo de imponer sus caóticos objetivos. En cuatro años ya ha dejado de manifiesto que la ley no lo detiene y ya se verá qué más está dispuesto a hacer para cumplir sus caprichos o tomar venganza en cualquier tema que le resulte incómodo. Habrá que estar muy atentos.

Salvador Cosío Gaona: @salvadorcosio1

Correo electrónico: Opinion.salcosga@hotmail.com