El otorgamiento del Premio Sveriges Riksbank en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel 2026 a Michael Woodford (Cátedra John Bates Clark en Columbia) y Robert E. Hall (Senior Fellow en la Institución Hoover de Stanford) por sus aportaciones a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica no pudo haber llegado en un momento más oportuno para el debate hacendario mexicano.

Mientras la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) alista las proyecciones macroeconómicas que sustentarán el Paquete Económico y Proyecto de Presupuesto para 2027, la tentación política recurrente de sobreestimar el Producto Interno Bruto (PIB) objetivo para “cuadrar” el balance fiscal sin asumir el costo político de una reforma tributaria choca de frente con la principal moraleja del paradigma Neokeynesiano: las expectativas no se decretan; se anclan con consistencia intertemporal y credibilidad institucional.

I. El entorno geopolítico y el sesgo en las expectativas de crecimiento

Aumentar las premisas de crecimiento del PIB para 2027 en el marco macroeconómico (por ejemplo, proyectar un rango optimista superior al 2.3% – 2.8% en un entorno inercial de crecimiento potencial cercano al 1.8% – 2.0%) no es un mero ejercicio algorítmico sin consecuencias; es una estrategia que expone la vulnerabilidad de las finanzas públicas ante los siguientes choques de oferta y demanda en el mapa internacional:

  • Reconfiguración geopolítica y barreras comerciales: La volatilidad derivada de las tensiones electorales y comerciales en América del Norte, sumada a la revisión obligada del T-MEC en el horizonte de 2026-2027, introduce fricciones en la formación de capital fijo. Elevar artificialmente el crecimiento estimado ignora los tiempos reales de maduración del nearshoring, los cuales están condicionados por cuellos de botella estructurales en infraestructura energética, logística y escasez hídrica.
  • Choques de oferta exógenos: Como lo señalan Woodford y Hall, los choques adversos de oferta (volatilidad en precios de insumos energéticos por conflictos en Medio Oriente o fragmentación de cadenas globales) no reaccionan a estímulos fiscales pasivos. Un Presupuesto 2027 construido sobre estimaciones de ingresos infladas por un PIB sobreestimado derivará inevitablemente en recortes de gasto público en el transcurso del ejercicio fiscal (subejercicios tácticos), afectando primordialmente la inversión física productiva.

II. La moraleja Neokeynesiana para México: Credibilidad vs. Fiscal Wishful Thinking

La lección teórica de Woodford es contundente: la efectividad de la política económica radica en la regla de política, no en la discrecionalidad.

Cuando el mercado detecta que los ingresos presupuestarios están calculados sobre bases macroeconómicas alegres, el canal de la Teoría Fiscal del Nivel de Precios (Fiscal Theory of the Price Level) entra en acción. La prima de riesgo de la deuda soberana se incrementa, el costo financiero de la deuda (que absorbe más de 1.2 billones de pesos anuales) se eleva, y se neutraliza el esfuerzo que Banco de México (Banxico) realiza al ajustar la tasa de referencia.

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Si la política fiscal no demuestra consistencia intertemporal para estabilizar el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) por debajo de la cota del 53% del PIB (tras haber cerrado 2025 en un 52.6%), la curva de rendimientos mexicana incorporará un castigo estructural, encareciendo el crédito tanto para el sector público como para la inversión privada.

III. Lecciones para la Presidencia de la República y la SHCP: La agenda técnica pendiente

Para la Presidencia de la República y la conducción hacendaria en Palacio Nacional y Plaza de la Constitución, el marco Woodford-Hall dicta una hoja de ruta con un guiño técnico ineludible a la consistencia de política:

1. Sinceramiento del Marco Macroeconómico de Mediano Plazo

Un “guiño” a los analistas de riesgo de Nueva York, Londres y Basilea no consiste en presentar un presupuesto superavitario ficticio, sino en adoptar premisas de crecimiento conservadoras (alrededor del 1.8%–2.1%). Anclar el presupuesto en un PIB realista genera sorpresas positivas de ingresos en caso de un desempeño superior, permitiendo destinar excedentes a la amortización de deuda o a fondos de estabilización (FEIP), en lugar de forzar ajustes dolorosos a mitad de año.

2. La regla fiscal y el sesgo de inconsistencia temporal

Retomar el rigor del límite del déficit presupuestario es imperativo. Tras el incremento de los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) en los años previos, la trayectoria proyectada hacia 2027 debe mostrar una senda de reducción primaria creíble (alcanzar un superávit primario de al menos 0.5% del PIB). Implementar un Consejo Fiscal Independiente o fortalecer el Comité Técnico del Marco Macroeconómico eliminaría el problema de inconsistencia temporal (time-inconsistency) identificado por la literatura neoclásica y neokeynesiana.

3. Formalización laboral como política de transmisión macroeconómica

A la luz del trabajo de Robert E. Hall sobre el mercado de trabajo, la persistencia de una tasa de informalidad laboral superior al 54%–55% de la población ocupada (INEGI) actúa como un aislante que frena los mecanismos de transmisión tanto monetarios como fiscales. La SHCP debe entender que la recaudación no crecerá de manera inercial mediante la mera fiscalización a los contribuyentes cautivos (cuya presión tributaria roza el 17% del PIB). La verdadera reforma estructural de mediano plazo para 2027 en adelante es la simplificación de la carga regulatoria e impositiva para la incorporación masiva de Mipymes a la formalidad.

Conclusión

Ajustar las expectativas de crecimiento para el Presupuesto 2027 no es un signo de pesimismo, sino de madurez macroeconómica y rigor técnico.

Como enseñan los galardonados con el Nobel de Economía, las economías no se estabilizan con expresiones de deseo en los Criterios Generales de Política Económica, sino alineando la microeconomía de las decisiones empresariales con la credibilidad intertemporal del Estado. Si la Presidencia y la SHCP buscan enviar una señal inconfundible de certidumbre a los mercados internacionales ante los nubarrones geopolíticos globales, la fórmula es clara: premisas realistas, disciplina fiscal transparente y respeto irrestricto a los canales de transmisión de la política económica.