El escenario, a estas alturas, debería pintar más apurado para Morena. Con algunos estados aún en disputa en el contexto de las virtuales candidaturas a gobernadora o gobernador y amagos de divisiones internas en la alianza incómoda con el PT y el Partido Verde Ecologista, ese que ni es partido, ni verde, ni ecologista, las cosas deberían estar, aparentemente, más apretadas.
Ahí es donde entra una encuesta reciente de El Financiero, que pone a Morena con un 46% de intención del voto y aparte, como el partido con menos negativos del resto (PAN, PRI, MC, Somos y demás morralla).
Si no fuera por la torpeza de la oposición mexicana, esa que se vende a los intereses de Estados Unidos e Israel cuando ambos países son los que más repudio generan actualmente a nivel mundial y a una figura tan impopular cómo Trump, que seguramente le costará las mayorías en las cámaras al Partido Republicano, habría competencia.
Pero esta es la realidad: mientras un partido tiene a la segunda ciudad más importante de México con agua puerca y otro representante del PRI es un vulgar porro de Alito, Morena podría (no debe de) nadar de a muertito de aquí a las próximas elecciones.
Y no debería. Se necesita una oposición en este caso más activa y menos torpe para crear los anticuerpos contra el fascismo y el centrismo. Esa es la realidad.
