Condena Arzobispo de Puebla asesinato de sacerdotes

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El Arzobispo de Puebla, Monseñor Víctor Sánchez Espinosa, lamento el asesinato de los dos presbíteros originarios de Poza Rica, Veracruz

Puebla, pue.- El Arzobispo de Puebla, Monseñor Víctor Sánchez Espinosa, lamento el asesinato de los dos presbíteros originarios de Poza Rica, Veracruz, que fueron secuestrados y asesinados la madrugada de este lunes por sujetos desconocidos.

Se sabe que estas personas irrumpieron en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, sacando a los dos clérigos, junto con el sacristán, quien fue liberado horas más tarde en la carretera que va de Papantla a Poza Rica.

Los cadáveres de Nabor Alejo Jiménez Juárez, de 50 años y José Alfredo Suárez, de 30 años de edad, fueron encontrados en el predio conocido como La Cueva del Diablo, donde utilizaron estolas para atar a sus víctimas antes de privarles la existencia.

En este tenor el líder de la Grey Católica en Puebla a través de su cuenta personal de Facebook, expresó lo siguiente:

“Quiero expresar mi más sincera cercanía y solidaridad para con mi hermano Obispo de la Diócesis de Papantla, Mons. José Trinidad Zapata Ortiz, al sufrir la pérdida de dos de sus sacerdotes, quienes fueron víctimas de la delincuencia y después de ser secuestraros ayer fueron encontrados sin vida, hoy cerca de las 15 hrs. #PorUnMexicoEnPaz Q.D.E.P”.

Por su parte José Alberto Guerrero Hernández, Vicario general de la Diócesis de Papantla, Veracruz, condenó el asesinato de los sacerdotes Alejo Nabor Jiménez y José Alfredo Suárez, y dijo que es una señal de que todos los curas tienen que “cuidarse más que nunca”.

“El mensaje es obvio y nosotros tendremos que cuidarnos más que nunca”, remarcó.

Guerrero advirtió que en la zona norte de Veracruz se vive un clima de violencia por la presencia del crimen organizado, extorsiones, peleas de territorios y ejecuciones, ante lo cual la diócesis le toca ser regularmente solidaria con las víctimas.

El Vicario recordó que los sacerdotes asesinados tenían poco tiempo de haber llegado a la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en Poza Rica, y cree que no habían padecido ninguna amenaza o llamada de extorsión.

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