Estilo de vida

El 46% de la Tierra está inalterado y podríamos salvarla: Estudio

MarPixabay

Un 46 por ciento de los ecosistemas terrestres aún no ha sufrido las consecuencias de la acción humana

Un estudio hecho en conjunto por investigadores de la Universidad de California y la National Geographic Society, revela que un 46 por ciento de la Tierra está inalterada y podríamos salvarla.

Esto, porque casi la mitad de los ecosistemas terrestres, sin tener en cuenta la superficie helada, aún no han sufrido las consecuencias de las acciones humanas, según afirma el reporte publicado en la revista científica Global Change Biology.

Estaríamos a tiempo de salvarla

Los especialistas cruzaron los datos de cuatro mapas de 2016 a la fecha que, con metodologías variadas, compartían criterios para rastrear la huella ecológica de los humanos en el mundo, y descubrieron las áreas que continúan siendo naturales o que han experimentado en menor medida los efectos de la expansión humana.

"Parece que hay muchos bloques grandes y contiguos de tierras con baja influencia humana, pero si se hace zoom se ve una heterogeneidad mucho más local de los impactos humanos"Jason Riggio, investigador.

El nuevo mapa, que pinta las zonas más salvajes, puede servir a grupos como "Nature Needs Half" ("La naturaleza necesita la mitad") o "Half-Earth Project" ("Proyecto de media Tierra"), a presionar a la comunidad internacional para proteger el 30 por ciento de los ecosistemas marinos y terrestres en 2030; y el 50 por ciento en 2050.

Zonas menos dañadasGlobal Change Biology

Esto quiere decir que con base en el consenso científico sobre las zonas del planeta más afectadas por la agricultura, los asentamientos, la infraestructura o la extracción de recursos, tendríamos la oportunidad de salvar las partes mínimamente alteradas que son, en su mayoría, entornos inhóspitos o demasiado fríos o secos como para ser explotados comercialmente.

De acuerdo con sus ilustraciones, las zonas menos dañadas hasta el momento son la tundra del norte de Asia y la de Norteamérica, seguida de los bosques boreales y de los grandes desiertos como el Sáhara o el outback australiano.