En 20 de los 204 depósitos rituales localizados en el Templo Mayor fueron hallados restos de al menos 6 especies de estrellas de mar gigantes, en comparación con las que existen hoy en día.
En torno al monolito de Tlaltecuhtli, deidad de la tierra así como un monstruo marino y la encarnación del caos que asolaba antes de la creación, fue posible reconocer las especies de estrella de mar en 13 de las 54 ofrendas identificadas. Cinco de ellas proceden de costas del océano Pacífico y solo una del Atlántico.
Las estrellas de mar -que en promedio tenían 28 centímetros de diámetro y que contrastan con ejemplares modernos que no rebasan los 13 centímetros-, eran colocadas al fondo de las ofrendas para recrear el inframundo acuático.
Se cree que los mexicas pudieron recolectar las estrellas de mar caminando sobre las playas o que tal vez practicando el buceo libre a profundidades de aproximadamente 20 metros. Los animales habría sido recolectados, transportados en agua salda y colocados en el llamado Vivario de Moctezuma, un sitio que habría estado en el terreno que hoy ocupa el Museo Nacional de las Culturas (a un costado de Palacio Nacional) y que contenía estanques de agua salada.
La estrella de mar es un animal “oportunista”, por que en función de su entorno puede ser carnívoro, herbívoro, carroñero o caníbal, para sobrevivir por varios meses.
A pesar de la importancia y el trabajo que representaba el traslado y conservación de las estrellas para el uso ceremonial, los mexicas no dejaron evidencia artística, arquitectónica, cerámica o textil de las estrellas de mar.
Pero este “descuido” no sería exclusivo de los mexicas pues hoy en día las mil 800 especies de estrellas de mar que existen en el mundo (228 habitan en México) son extraídas de su hábitat para ser convertidas en souvenirs. Esta explotación ha causado que migren a profundidades mayores o que reduzcan notoriamente su tamaño al no poder completar sus etapas de crecimiento. Se sabe de especies en aguas mexicanas que no han sido vistas por biólogos en los últimos 50 o 60 años.
Con información del INAH
