Las situaciones en la casa de Kat nunca han sido normales; su madre, una mujer en constante dolor y rencor, desaparece sin dejar rastro. Kat debe descubrir sola lo que es convertirse en mujer y comprender cómo gira el mundo.
Adaptada de la novela de Laura Kaschke, esta historia nos introduce en la mente de una adolescente en un mundo desmoronado donde no todo es lo que parece.
Gregg Araki adapta esta historia compleja sobre deserción y despertares de una adolescente a su entorno. Araki hace un trabajo impresionante al intentar capturar la hostilidad de una mujer desesperada en un mundo en el que no quiere vivir. El director nos cuenta a cuentagotas los procesos de adaptación de la joven Kat con pequeños pasajes del pasado en casa de la familia Connor, revelando las heridas tan profundas que tienen los personajes y al espectador solo le queda convertirse en testigo de la decadencia humana que experimentan.
Ambientada en una época de transiciones, el realizador abre una ventana a lo extraño que se puede ver a perspectiva ambas etapas del siglo pasado, la música, el cortejo y las relaciones humanas. Cada escena está armada con detalles que solo una persona que vivió en esos años podría saber, un acierto para esta ola de cintas retrospectivas como lo fue “It follows” y hasta “Donnie Darko”.
Con un excelente análisis de personaje casi biográfico, presentando experiencias tan cercanas para muchos llega Una señal en la tormenta. La asfixia que se transmite a través de la pantalla es real, casi como estuviera experimentando en carne propia por el espectador.
Es una oda al dolor de crecer y descubrir los cambios que va experimentando Kat en su cuerpo, esto agregado a un hogar falso donde sus habitantes paren vivir en diferentes dimensiones.
En conclusión es un excelente material de estudio para todos aquellos que buscan la nostalgia de los 80s con un tema tan humano que da escalofríos.
