De zancadillas, penales y tiros de esquina

 

 

A veces, los hooligans también  juegan partidos a favor de sus propios intereses

Salinas Pliego es fan de sí mismo, hooligan de la democracia mexicana

 

El debate ideal, según Ricardo Salinas Pliego

Los árbitros siempre han tenido mala fama. Acaso justificada. 

Y en algunas ocasiones, ante evidentes faltas, la tarjeta roja no enmienda la gravedad de la lesión

 

 

Quadri busca desesperadamente anotar un gol que le permita a su partido y a su infame patrocinadora seguir jugando en las grandes ligas políticas mexicanas. Advenedizo, valido de la ocasión y de su fama como autoridad en la materia, Quadri es un cartucho quemado que será deshechado por sus mecenas políticos en cuanto termine la liguilla.

Quejosa. Débil. Acartonada. Ésta jugadora hace valer su condición de mujer en un terreno dominado por varones, cuando le conviene. Lamentable asunto, pues en medio de una campaña electoral, se queja amargamente de "guerra sucia" y complots, en circunstancias muy parecidas a las de uno de sus adversarios hace seis años. Se permitió engancharse en un juego que evidentemente no domina y cuyas reglas desconoce. Hasta sus patrocinadores han pensado en darla de baja para poder salvar el juego, porque lamentablemente no da una.

 

 

Su estrategia en la cancha ha desconcertado a más de uno. Pendenciero hace seis años y amoroso ahora, el rival no sabe qué pensar. A diferencia de los demás jugadores, él posee un nutrido grupo de hooligans radicales dispuestos a todo por su ídolo. No aceptan críticas, en todo asunto ven complots y creen y siguen ciegamente cada declaración del hábil futbolista. "Estás conmigo o estás contra mí", es su lema.

 

Ni picha, ni cacha, ni deja batear. Espere. Es un partido de fútbol ¿verdad? Pues no ha jugado. No debate. No declara sin teleprompter. No se despeina el copete. Éste sólo posa para las cámaras. Es cuanto.

 

Nota.- El profesor Adrián Méndez y una servidora, somos los responsables de las imágenes que usted ve en este artículo. Él es un gran diseñador gráfico. Yo sólo le digo cómo quiero la imagen que tengo en mente, en base al vasto material que brinda la política actual. Sirvan estas líneas para agradecer a mi amigo su apoyo, ayuda y complicidad. ¡Gracias, Adriano!

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