Revoluciones, 'Regeneración', requisitos o retrocesos

Regeneración
El diario de los Flores Magón

Si la revolución del pensamiento es la que se necesita, requerimos dejar de dividir y alterar los ánimos ya de por sí crispados.

Los que hacen la revolución pacífica imposible, harán inevitable la revolución violenta. 
John F. Kennedy
No cambias las cosas combatiendo la realidad existente. Cambias algo construyendo un nuevo modelo que hace el modelo existente obsoleto.Buckminster Fuller

¿Queremos revoluciones?

En un país enardecido por una violencia que habita campante y sin freno es necesario reiterar que no queremos revoluciones bélicas. No cuando las cosas se deben solucionar por medio de la ley y la justicia, tal como lo comentó Beatriz Gutiérrez Müller en la presentación facsimilar del diario Regeneración.

Importante insistir en ello, más cuando el público del auditorio Simón Bolívar en el antiguo colegio de San Ildefonso le reviró diciendo que sí queremos revolución. Ella misma, al ver la reacción de la audiencia, dijo: sí, “queremos revolución de las conciencias y del pensamiento”.

Lo que debió ser un evento de corte cultural terminó siendo un foro para ventilar diversas expresiones; desde la inquietante respuesta antes señalada, hasta los abucheos a Mario Delgado o los clamores por los pueblos indígenas y en contra de la construcción del Tren Maya.

Obra facsimilar

Regeneración, periódico publicado por los hermanos Flores Magón y otros anarquistas hace más de cien años, rompió paradigmas en su momento y se volvió hito en la libertad de expresión en nuestro país. En el evento donde se presentaba un tomo facsimilar del mismo, de cierta forma se podía esperar la participación del público (aunque formalmente no se tenía contemplado).

Beatriz Gutiérrez Müller realizó el prefacio de esta obra facsimilar, editada por el Consejo Editorial de la Cámara de Diputados. Pero en su presentación dijo que “en esta instancia, en la que primaba la falsedad…”, lo cual levantó ciertas interrogantes sobre el trabajo que antes habían realizado muchos investigadores sobre ese diario. Seguramente hubo a lo largo de lo años algunos prestanombres o investigaciones falsas, pero es importante señalar que el comentario por ella proferido solo generó dudas y encono hacia todos aquellos que han publicado de forma honesta y haciendo investigación seria. Creo que debió ser más específica, esto es, habría sido positivo que una figura tan influyente no cayera en lo que puede interpretarse como una generalización.

Requisitos

Si la revolución del pensamiento es la que se busca y necesita nuestro país, para ello requerimos dejar de dividir y soliviantar los ánimos ya de por sí crispados. Se requiere dejar de lado los discursos del odio y buscar una regeneración del pensamiento y de la forma de vernos como mexicanos.

Requiere también entender que una revolución –sea de pensamiento o por la vía de las armas (como la que sí estamos viviendo en muchos puntos de la geografía nacional)– va más allá de las arengas de unos y otros.

Las revoluciones se dan por distintas razones: cuando ya no hay nada más que perder y, entonces, la población es capaz de empuñar las armas. Es alcanzar un punto álgido del cual ya no hay vuelta atrás. O bien, cuando el esfuerzo por el trabajo ya no genera los frutos mínimos esperados.

Las revoluciones han sido iniciadas por intelectuales e idealistas, hasta cierto punto privilegiados, pero cuando son violentas, quienes las llevan a cabo (muriendo en ellas) son la gente del esfuerzo, de quienes no importando el trabajo invertido ya no ven resultados. Estar en una guerra supone sacrifio. La vida deja la dimensión de la poesía y cobra la inmediatez de su valía.

¿Guerra civil o revolución?

De cierta forma, con la violencia desatada en algunas partes del país, se está viviendo una guerra civil. Aviso sangrante y permanente de que hay muchas cosas que no marchan ni en este ni en otros gobiernos. No perdamos de vista, una guerra civil es parecida a una revolución, pero entre hermanos y sin las razones ideológicas donde se nutre la segunda. El resultado en términos poblaciones es igual de asesino.

No queremos una revolución o una guerra en la que hay que tomar las armas, ni una para la que hay que continuar sembrando odio, culpando a todos de las responsabilidades adquiridas por medio de la votación popular.

Tampoco es válida una transformación basada en la ignorancia, en la mentira y en la difamación.

La revolución del pensamiento que ofrece la 4T debería estar basada en creación de empleo y oportunidades de inversión. En una verdadera lucha contra la corrupción. En alcanzar niveles de una educación de calidad y no seguir dilapidando el futuro de nuestros niños en las corruptelas y berrinches de sindicatos cada vez más empoderados y con menos intención de enseñar.

La verdadera regeneración

La revolución de conciencias y pensamiento transita por la cultura del esfuerzo y del trabajo, no en crear programas clientelares y premiar el nulo esfuerzo. Las becas deben ser para los estudiantes con promedios altos y no solo por acudir a la escuela.

Se puede alcanzar esa revolución pero no será inventando pretextos, culpables pasados, negando la realidad que nos azota. La historia demuestra que los pueblos que alcanzan mejores niveles de vida para todos sus habitantes no se desgañitan reinventando el pasado o exigiendo perdones por lo que ya fue y no se puede cambiar.

Fácil es clamar por una revolución armada o un golpe de Estado desde la butaca de un auditorio, como también lo es negar la realidad cada mañana. En ambos casos, presenciamos la simulación.

Es momento de construir puentes, encontrar soluciones y olvidar pretextos. Dejar de culpar (o ensalzar) al pasado y enfrentar el futuro. De otra forma, la única revolución que tendremos será la de un país que solo busca el sustento ofrecido por el gobierno; y eso, en el mediano plazo, solo generará terribles y verdaderos retrocesos.

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