Columnas

Entender a Gatell

En el deporte nacional por excelencia, el futurismo, este médico ya tomó el liderato

En países donde no se nos da civismo y el ciudadano no sabe cómo debe comportarse, las autoridades son ejemplo para muchos y él ha dado uno pésimo.

galimatías
Del fr. galimatias 'discurso o escrito embrollado', y este del gr. κατὰ Ματθαῖον katà Matthaîon 'según Mateo', por la manera en que este evangelista describe la genealogía que figura al comienzo de su evangelio.
1. m. coloq. Lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas.
2. m. coloq. Confusión, desorden, lío.
RAE

¿Quién entiende a Hugo López-Gatell? Tuvieron que transcurrir 6 meses y contabilizarse más de 77,000 muertos para que cambiara su posición respecto al uso del cubrebocas. Circulan no tan viejos videos donde el funcionario enfatiza que éstos  son contraproducentes e innecesarios para combatir la pandemia. Pero la verdad es que ni se requiere reproducirlos para constatarlo, todos lo escuchamos de viva voz en su momento.

El hubiera no existe, aunque siempre quedará la siguiente interrogante: de haber tenido el valor civil y la ética de pedir que la gente los usara masivamente, ¿ pudiera ser hoy menor el número de infectados y no haberse sobrepasado los 733,000 contagios? En países como el nuestro, donde carecemos de civismo y el ciudadano no sabe cómo debe comportarse, las autoridades son ejemplo para muchos y él ha dado uno pésimo.

Pero con todo y que las decisiones absurdas se imponen, el subsecretario López-Gatell sigue acumulando poder en diferentes rubros del quehacer relativo a la salud federal y, peor, ¡hay personas que aún osan defenderlo y/o excusarlo!

Ahora que Joe Biden volvió a poner de moda el concepto de ‘payaso’ al referirse así a Donald Trump en el debate presidencial estadounidense de ayer, me pregunto si los mexicanos sabrán que nuestro presidente defiende tanto a López -Gatell solo porque Felipe Calderón lo corrió a patadas. Triste estar en manos de ese bufón en razón de que el titular del ejecutivo vio otra oportunidad de llevarle la contraria a su enemigo político...

Imposible pensar le queda algo de dignidad para presentar su renuncia por un pésimo manejo del combate a la pandemia ahora que se han rebasado ya, por muchísimo, las 60 mil defunciones, el escenario que él mismo marco como catastrófico. ¿O seré solo yo quien quiere hacer sentido de lo que dice? Y es que no se entendió cuando dijo que las vacunas —que se esperaban obtener vía Astra-Zéneca/Oxford/Fundación Slim, para toda la población— únicamente serían “para quienes hospitalariamente las necesiten”. .. Que yo sepa, ni siquiera la OMS ha dado a la fecha las pautas o parámetros en ese sentido.

Tampoco comprendo el porqué indicar, en una de sus tantas tardeadas, que se tenían a disposición 25 mil millones de pesos para adquirir vacunas (que, con los datos dados por él mismo y el valor estimado de las vacunas, alcanzaba para comprar para todos los mexicanos y sobraba dinero). Para luego resultar que dicha cifra ascendía a 50 mil millones de pesos que pensaban obtenerse de la absorción de los fideicomisos, porque aun con la pandemia y sabiendo la necesidad de comprar las vacunas, no se estableció un rubro específico para las mismas en el presupuesto federal 2021. Así, el “presupuesto” para las vacunas atado a que se lleve a cabo el capricho presidencial...

Para abonar a la información sobre la nueva entrega de las no-vacunas, el canciller Ebrard anunció que México tendrá garantizado el acceso a 51.6 millones de dosis de la vacuna contra el covid-19 por haber formalizado su participación en el mecanismo internacional COVAX (mediante este instrumento cada país recibe el número de inyecciones correspondiente al 20% de su población)... Ante lo cual, el gobierno federal no sabe hacer cuentas o no conoce que en México somos 127 millones de habitantes, con lo cual el 40.6% de la población podría ser vacunada por la vía de ese esquema. Ni se trata de un número suficiente de vacunas, ni hay claridad el laberinto de declaraciones hechas. Con con todas las cifras dadas, uno solo puede hacerse bolas. Y no es para menos.

A lo anterior, revisando el presupuesto para el sector salud para el 2021, lo único que queda claro es que no hay intención alguna de cuidar la salud de los mexicanos: 664,625 millones de pesos que, considerando inflación, se traduce en un incremento de menos del 2% real.

¿Inversión en infraestructura? No hay, como tampoco una partida extra o especial para continuar atendiendo a los enfermos de covid. Ninguna mención de recursos para quienes quedaron sin protección y antes contaban con el Seguro Popular.

Y, antes de que digan que el presupuesto lo elabora Hacienda, hay que aclarar que el ejercicio inicia en los responsables de despacho y en este caso el responsable es el subsecretario que ha olvidado cuidar la salud por atender la politiquería que ni siquiera a política llega.

¿La alternativa? Una salida aún más descabellada: la reserva presentada anoche por César Agustín Hernández, diputado de Morena, en el sentido de reasignar recursos del Fondo de Salud para el Bienestar —cuyo propósito es la atención a la población que ya no se beneficiará del Seguro Popular  (30 mil millones de pesos—, para que vayan a Hacienda y que de ahí se tengan recursos para la atención del Covid.

No tiene sentido el raquítico presupuesto destinado a Salud, ni la estrategia, como tampoco el galimatías para la posible obtención de las vacunas. Menosprecio a la salud de los mexicanos conociendo el anquilosado presupuesto para el sector salud (664 mil millones para toda la población del país), cuando tan solo el Tren Maya, Dos Bocas y Santa Lucía suman más de 100 mil millones de pesos. Las prioridades quedan claras y no son en favor de la ciudadanía.

Tal vez el error sea de los que aún queremos entender a López-Gatell como un funcionario que debería cuidar la salud de todos los mexicanos. Resulta que ni es servidor público, ni busca ofrecer el mejor sistema de salud. Tan solo queda la certeza de que quiere ser imprescindible, y si por él fuera, la pandemia no terminaría nunca.