Qué curioso. Ahora que la familia de Elba Esther Gordillo se ha acercado a Andrés Manuel López Obrador y ésta pretende impugnar el liderazgo del SNTE al señor que le firmaba los cheques que le permitían vivir como un magnate —es decir, como todos los líderes sindicales de este país—, ahora sí hay quien opina que la ex lideresa magisterial comete traición a la patria.

Sin embargo, estos “analistas” omiten mencionar —por agenda, ignorancia o las dos cosas— que en el periodo del ex presidente Felipe Calderón, la señora Gordillo recibió trato de héroe nacional. ¿Ya no se acuerdan? Para refrescar la memoria baste mencionar la LOTENAL, el ISSSTE y la subsecretaría de la SEP que el Ejecutivo otorgó al SNTE y que usufructuaron sus íntimos durante el calderonato, donde jamás fue tan poderosa.

Por eso cabe la pregunta ¿a quién traiciona Elba Esther Gordillo? Para responder esta pregunta, hay tres posibles respuestas

 

1.- Al sistema que la creó. 

Ni el PRI ni el PAN contarán jamás con los votos que ella pueda aportar con base en el trabajo de sus operadores políticos. Este es el quid de la cuestión: Un operador político NO es un maestro. Puede ser un grillo, o un “líder” o un aviador, pero jamás será un maestro. 

Los verdaderos maestros mexicanos, los directamente agraviados por artículos que consideran que Elba Esther todavía los representa, han optado desde hace varios años por prepararse, por estudiar posgrados en lugar de pedir —u otorgar— favores de cualquier tipo para tener un mejor salario y la posibilidad de desempeñar otros puestos dentro de la estructura de la SEP.

2.- A quienes escriben sin tener la más remota idea de lo que sucede en el campo educativo. 

Cuando alguien afirma “es que Elba pretende utilizar a los maestros para…” proclama un tipo de ignorancia que insulta a todo aquel maestro que se precie de serlo. 

A un profesional de la educación le tiene sin cuidado lo que la señora Gordillo pretenda o quiera, porque los docentes NO SON sus líderes. Y esa es la primer lección que debe aprender quien se atreva a escribir sobre un tema tan importante, tan vital como es la educación de los niños de este país.

3.- A Denise Dresser y “de Panzazo”

Es legendaria la sentencia que la sesuda analista lanzó a los espectadores de las salas de cine donde se exhibía la película “de panzazo”: “Lo que se necesita es un secretario de educación con cojones” dijo la Dresser y un estruendoso aplauso colmó los teatros mexicanos repletos de padres de familia, docentes, académicos y funcionarios públicos que salieron convencidos de que la solución (única, limpiecita) de la debacle educativa era implementar un cojonómetro ad hoc al tamaño del valor necesario para poner a la Gordillo en su lugar.

Y es que la conveniente figura del monstruo-Elba (cualquier parecido con las campañas de miedo que se difunden en tiempos electorales es pura coincidencia) es la salida fácil para problemas tan complejos como el educativo, salvo por un pequeño detalle: ¿quién le pone el cascabel al gato? Pues en aquel entonces los realizadores de “de panzazo” no tocaron ni con el pétalo de una rosa de Guadalupe la figura del presidente Felipe Calderón, ni de las negociaciones político-electorales que parieron al engendro desde el salinato.

Hoy se rasgan las vestiduras quienes —es evidente— son incapaces de entender los abusos, amenazas y excesos de los cancerberos, mecenas y patrocinadores de la señora Gordillo, porque sin ellos, la ex lideresa magisterial no hubiera tenido el menor margen de maniobra.

Por eso, no es un analista serio quien utiliza a “los maestros” como “gremio” o ente abstracto para tratar de perogrullar —argumentar es otra cosa— en contra de Elba Esther y su maquinaria electoral, porque utilizan el tema como pretexto para demeritar una profesión que debe ser sagrada por su impacto e importancia.

Va de nuevo. Los docentes no son sus líderes

Por eso es un agravio personalísimo para cada maestro mexicano que se precie de serlo, cuando se menciona a la ex lideresa magisterial como “líder de los maestros”, porque ella nada tiene que ver con nosotros sino con formas de hacer y entender la política en México, donde en un sexenio los poderosos la utilizan para consolidarse y en otro la encarcelan a pesar de las irregularidades en su expediente, evidenciando una vez más que en México la justicia —cuando aparentemente se aplica—, siempre tiene que ver con la agenda política del poder de turno.

¿Usted qué opina, estimado lector?