“The Irishman”: Yo soy de esos mafiosos a la antigua

The Irishman de Netflix
The Irishman de NetflixNetflix

 Un filme que deja muy buen sabor de boca

 

Honor

Hay actos que no realizan los hombres de respeto: acudir a una reunión importante vestido con pantalones cortos, y ver una película de Martin Scorsese en pantalla chica.

 

La vi en el cine, no en celular

Algunas personas pregonaron que “The Irishman” (2019) es la obra maestra de Martin Scorsese, cinta producida por Netflix, que cuenta la historia del matón Frank Sheeran “el Irlandés”, presunto asesino del líder de transportistas, Jimmy Hoffa (quien ya había interpretado antes Jack Nicholson, en “Hoffa”, una muy buena película dirigida por Danny DeVito, 1992).

La trama es sobre el asesinato de Jimmy Hoffa, pero el tema es la amistad. Un filme que deja muy buen sabor de boca, pero definitivamente no es la obra maestra de Scorsese. Sigue siendo “Taxi Driver” (1976).

Tampoco es la gran película de la Mafia, como otros dicen; sigue siendo “The Godfather” (“El Padrino”, Francis Ford Coppola, 1972), Sin embargo “The Irishman”, tiene todas las características para convertirse en una película clásica del género, como otras cintas suyas: “Goodfellas” (“Buenos Muchachos”, 1990) y “Casino” (1995).

Por este tipo de cine me aficioné a la Ópera, la pasta y, cuando tuve dinero, recorrí la isla de Sicilia y viajé a Nueva York, con el único fin de comerme una pizza en un puesto callejero, durante las festividades de San Gennaro.

 

Capos de la actuación

En primer lugar, se agradece a Scorsese que se haya dignado a dirigir a Al Pacino, el actor más apropiado para interpretar al truculento líder sindical Jimmy Hoffa, pues ya antes había demostrado su capacidad para encarnar a un capo con problemas de soberbia: Tony Montana, en “Scarface” (“Caracortada”, Brian de Palma, 1983).

En segundo lugar, se agradece que a Joe Pesci le haya dado la oportunidad de encarnar a un auténtico Don de la Mafia, sensato y maduro: Russell Bufalino, demostrando que puede salir del papel loco violento, en que lo encasilló desde “Raging Bull” (“El Toro Salvaje”, 1980).

Robert De Niro, se luce como Frank Sheeran “el Irlandés”, mostrándose como un honesto trabajador del crimen, sin malos sentimientos, aunque frágil ante el “Pepe Grillo” que lo observa a través de los ojos de su hija Peggy; De Niro hace tan buena conexión con Scorsese, que seguramente lo dirige con solo la mirada.

Aunque, siendo honestos, los personajes de Robert De Niro y Joe Pesci, cuando eran jóvenes, debieron interpretarlos otros actores, de edad más apropiada. Eso de los efectos digitales para rejuvenecerlos se ve súper chafísima y no dan el gatazo.

 

Tarantino

Quentin Tarantino le copió a Martin Scorsese su forma de musicalizar, de dialogar y la manera para crear escenas de tensión dentro de un ambiente cotidiano.

En “The Irishman” queda claro quién es el maestro, particularmente en el genial diálogo sobre el pescado que el hijo de Jimmy Hoffa colocó en el asiento trasero de un auto, y todo el transcurso del viaje que realiza el “Irlandés” con Russell Bufalino, rumbo a la boda de la hija de Bill Bufalino (Ray Romano). Es allí donde compartimos la lucha interna del protagonista.

 

Guillermo del Toro

Tampoco estoy de acuerdo con nuestro compatriota ganador del Oscar, acerca de que “son las tres horas más rápidas en un cine”. Mínimo le sobra media hora. Después de la muerte de Hoffa, hay mucho metraje de dónde cortar.

 

Hoffa, Kenedy, Nixon. La Mafia en el poder

La estructura de la Mafia es piramidal. Hasta arriba está el Don de una familia, hasta abajo los soldados. Las familias se organizan mediante una federación, que garantiza el respeto a sus respectivos territorios (salvo cuando surge una guerra interna).

En cada territorio, el Don protege y ayuda a quienes le piden un favor, y quien lo pide, está obligado a devolver el favor. Ese es el principio fundamental.

No todos los negocios donde está inmiscuida la Mafia son ilegales, pero lo mayoría lo son, porque muchos de los favores tienen que ver con dinero, poder, sexo y drogas, y para abrir puertas, los mafiosos utilizan contactos con autoridades (policíacas, políticas, jurídicas, eclesiásticas, sindicales, criminales), y/o mediante métodos violentos.

Para que me entiendan: Emilio Lozoya, Juan Collado, Norberto Rivera, Ricardo Alemán, Mario Marín, Rosario Robles, Carlos Ahumada, Claudio X, Romero Deschamps, el “Chapo”, los LeBarón, golpeadores infiltrados y otros seres conocidos, de la misma calaña, son socios en lo oscurito, tienen los mismos intereses, y un enemigo común.

 

Cuba

La Ley Seca de los años 20’s, fue la época dorada de la Mafia en los Estados Unidos; desde entonces, algunas mentes empresariales sabían que eso no duraría y buscaron nuevos horizontes dónde invertir. Algunos le apostaron al narcotráfico (el problema del “Turco” con Vito Corleone, en “El Padrino”, no fue que el Don chapado a la antigua, no quisiera asociarse en el tráfico de drogas, sino que un negativa le cerraba las puertas a sus poderosos contactos), otros, a los casinos.

Dos mafiosos judíos ayudaron a la pandilla neoyorkina a incursionar en las casas de juego: Benjamin “Bugsy” Sieguel (creador de una ciudad dedicada a las apuestas, en medio del desierto de Nevada, llamada Las Vegas, del que Warren Beaty hizo una pésima película: “Bugsy”, 1991), y Meyer Lansky, promotor de los casinos norteamericanos en la isla de Cuba (hay una buena película sobre él: “Lansky”, John McNaughton, 1999, con guion de David Mamet, el mismo guionista de “The Untouchables”, “Los Intocables”, Brian de Palma, 1987).

Con el triunfo de la revolución socialista, Fidel Castro los sacó de Cuba y, con el rabo entre las patas, regresaron a Las Vegas.

Las discrepancias entre Hoffa y la Mafia, comenzaron con los contradictorios apoyos a John F. Kennedy, frente a su política exterior (con Cuba) en contraste con su política interior (las investigaciones al sindicato de transportistas).

 

“El otro Tony”

En la película, Jimmy Hoffa se burla de que todos los gangsters se llamen Tony. ¿Por qué tantos mafiosos se llaman así? Porque su verdadero nombre (latino) es Antonio. También abundan los Frank, porque su verdadero nombre (antes de agringarse), es Francesco.

 

La Omertá

Para los mafiosos, la Mafia no existe. Si un comité los interroga en un juicio, deben decir: “Apegado a la quinta enmienda, su señoría, respetuosamente me niego a contestar”.

Un hombre de honor jamás revela nombres, ni siquiera cuando ya murieron todos los implicados.

La puerta abierta

Al final, si un villano cae, todos sus cómplices caen; eslabones de una misma cadena. Si uno sobrevive, le queda el infierno, acosado por la culpa; pero mientras haya vida, hay salvación. Basta con hacer lo correcto.

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