Secuestrados por sus padres

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En esa frustrante y desgastante lucha por volver a convivir con los hijosInternet

El secuestro parental para nada es una nueva modalidad de “romper” por completo con la expareja, sin embargo, al borde del tortuguismo y la presunta corrupción en el sistema de impartición de justicia en México, se fortalece esta cultura de instrumentación con la finalidad de darle donde más le duele al ex, la ausencia de los hijos sin importar la violación a los derechos del menor.

El secuestro parental definitivamente destruye la infancia, separa por completo las familias, pero además, tiene su hermanito menor; la alineación parental, otra forma de violentar a los hijos a base de supuesto amor y protección, trastornan su vida siendo utilizados a conveniencia del adulto.

En esa frustrante y desgastante lucha por volver a convivir con los hijos, los padres o madres víctimas del abusivo progenitor dominante, la expareja sufre injustificadamente al no ver a sus hijos porque simplemente así lo desea sea cual sea el integrante de la pareja que sostiene una convivencia diaria con el menor, convivió mayormente registrado a la fuerza, que incluso los hace llevarse lejos de sus ascendientes a los niños, cambian regularmente de residencia, y en el peor de los casos se trasladan a otros países sin importar que le están destruyendo la vida al vástago.

Se considera al divorcio como el detonante del secuestro parental, ocasionalmente iniciado después de acudir padres e hijos a un punto de encuentro familiar, y entonces ya sustraídos o retenidos a la fuerza, aplican el síndrome de la Alienación Parental, que es lo mismo a maltrato y castración de la vida del menor.

En la mayoría de los casos, la víctima (padre o madre), que sufre lo que en el Código Civil en Tamaulipas se conoce como Sustracción y retención de menores, la padece el que tiene menos relaciones sociales, el de menos dinero, aquel que está lejos de generar un tráfico de influencias para corromper a la autoridad competente, porque es en las Procuradurías de Justicia locales, donde diariamente un bombazo de dinero o relaciones interfieren o detienen por completo juicios en contra de los imputados en el secuestro parental.

Tal es el caso de la señora Mariadela Sierra, una residente de la ciudad de Tampico, ella lleva al menos dos años queriendo ver a sus hijas Fátima y María José. Las cuatitas, según la demanda 137/2018 en la que acusa a su exesposo Héctor Gómez y Gómez, señala que se encontraban conviviendo en el centro comercial “Tres Arcos”, de esa ciudad costera del noreste de México, cuando su examor se apartó de ella y repentinamente desapareció hasta que unos días después logró contactarlo vía telefónica; en un principio sospechó que todo era un enojo de su exesposo porque en el divorcio le dieron a la señora Mariadela, la patria potestad de las niñas, desafortunadamente su ex, ya se las había llevado hasta Atizapán de Zaragoza, en el Estado de México, no pudo hacer nada, pues a pesar de que interpuso la denuncia, la señora teme no poder ver nunca más a sus hijas por las relaciones que tiene sobre todo el que se presume es el abogado de su contraparte, Armando Gómez, tío del exesposo, además apoderado legal y asesor jurídico de una de las empresas de valores más importante de México, sino es que la más grande del país. Tan grande, bien estructurada, elegante y recta como las patas de una Garza.

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