La pobreza y el efecto sobre el cerebro de los niños

Pobreza en México
 La estructura cerebral de un futuro adulto pende de su carga genéticaNotimex

La pobreza representa, entre otras cosas, un estado con alta carga de estrés constante.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), la población en estado de pobreza en México corresponde del 50 al 60 por ciento. De esta población, el 53.8 por ciento pertenece a niños de los 0 a los 17 años. En este sentido, las consecuencias que se derivan de esta problemática son de gran importancia para todos. La pobreza representa un estado de limitación social y económica, que afecta múltiples áreas del desarrollo humano y no permite satisfacer las necesidades de quien la padece. Sin embargo, uno de sus mayores perjuicios radica en el impacto que tiene en el desarrollo biológico y psicoemocional de los niños nacidos bajo este estado de marginación.

La infancia y la adolescencia corresponden a periodos complejos, donde el desarrollo cerebral se encuentra en una etapa crítica. Es en esta época cuando las neuronas incrementan sus conexiones, favoreciendo el aprendizaje, el desarrollo de habilidades y darán lugar a lo que será un cerebro adulto. Qué tan favorecido o no se puede desarrollar el cerebro de un niño, depende de múltiples factores como la genética que se heredó de los padres, la nutrición y el ambiente psicoemocional en donde se desarrolla.

La pobreza representa, entre otras cosas, un estado con alta carga de estrés constante. El estrés provoca la liberación de dos hormonas principales: el cortisol y la norepinefrina, estas hormonas incitan distintos efectos en las neuronas, como la disminución de la comunicación entre ellas y una limitación del desarrollo de algunas regiones cerebrales de gran importancia. Investigaciones científicas que estudiaron la relación de la pobreza infantil con los cambios en estructuras cerebrales y su función, encontraron que la condición de pobreza puede impactar el cerebro afectando su desarrollo o función. Tres regiones parecen ser las de mayor vulnerabilidad: las que participan en la memoria y las emociones (amígdala e hipocampo), las que determinan nuestro pensamiento y entendimiento del mundo que nos rodea (corteza prefrontal) y las zonas involucradas en el lenguaje y la lectura (corteza cerebral del hemisferio izquierdo).

Es de destacar, que otros estudios han demostrado que a pesar de que un niño se encuentre en condiciones de pobreza, si cuenta con padres que le brinden cariño, protección y estimulación a través de una interacción social profusa, el impacto que podría generar la pobreza es mucho menor que en los niños que carecen de afecto y cuidados.

Los ambientes sociales y familiares enriquecidos, donde en la crianza hay una participación amorosa y de cuidado de los adultos, con juegos que involucran a diferentes miembros de la familia y donde hay novedades constantes, provocan cambios cerebrales y funcionales que favorecen el desarrollo de los niños, preparándolos para una vida adulta más competente. Estos niños han mostrado mejores procesos de aprendizaje y memoria, así como también una mejor adaptación a las circunstancias del medio en el que se desenvuelven.

La estructura cerebral de un futuro adulto pende de su carga genética, del ambiente psicoemocional y de su nutrición, por lo que atender de manera prioritaria y urgente a los niños que se encuentran en pobreza y que los coloca en alta vulnerabilidad, es extremadamente urgente. En mucho, tenemos en nuestras manos favorecer o limitar el óptimo desarrollo biológico y psicoemocional de nuestros niños, y es una responsabilidad compartida que todos debemos atender. Los niños representan el futuro de nuestra sociedad y brindarles los mejores elementos para su desarrollo es prioritario. Todos podemos empezar en lo individual, dando amor, cuidados y atención, que es la principal defensa contra la pobreza.

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