Michoacán. La represión reciente

Alguna vez pensé que las redes sociales se transformaban en espacios públicos, en espacios en que ciudadanos se constituirían en públicos de lo social para opinar y debatir sobre los diferentes problemas.  

Así parece ocurrir, pero a veces el nivel de los debates es casi tan bajo como el debate de los políticos que juegan a ser candidatos a representarnos.  

Hace unos días, policías estatales y federales irrumpieron en dos casas de estudiantes para golpearlos y apresarlos en una aparente acción de justicia y respeto a la ley.

"Aparentemente", porque podríamos decir que los hechos saltan a la vista: automóviles oficiales incendiados.  No quito el aparentemente. Pienso en los jóvenes estudiantes; no me sorprenden. Ellos pueden llegar a esos niveles o más porque es parte de su condición de jóvenes, porque actúan en grupo (y los valores se transforman), porque creen tener la razón. No me sorprenden; tampoco puedo justificarlos.  

Lo que sí me sorprende, y tampoco puedo justificar, es la acción del gobierno. Insisto, los hechos están ahí, pero le tocaba al gobierno evitarlos, le tocaba actuar antes de que se llegara a los extremos, le tocaba ponerles un alto... Y no lo hizo.   Su actitud fue como si esperara a que se llegara al extremo para poder usar la violencia legítimamente, con el respaldo de grupos sociales... Y hasta cierto punto le funcionó gracias a la ayuda prestada, voluntaria o involuntariamente, de muchos compañeros reporteros.   Si esa fue la estrategia de Fausto Vallejo fue errada de todas a todas, porque esa apariencia (adjetivo que uso desde el inicio) se derrumba ante otras evidencias:  

1. Salta a la vista que no actuó a tiempo, cuando pudo detener el problema sin necesidad de violencia física (mediante la negociación forzada, por ejemplo).  

2. No detuvo a los implicados durante los hechos, espero a que estuvieran en sus casas.  

3. Irrumpió en las casas del estudiante en la madrugada, actuando por sorpresa.  

La estrategia misma no tuvo razón de ser; no requería de un acto contundente para garantizar la gobernabilidad; Vallejo Figueroa llegó a la gubernatura sin cuestionamientos.   Pudo se un intento para inhibir, por el temor, la movilización de los grupos sociales, principalmente de los sindicatos.  

En dado caso el fallo fue mayor; los grupos sociales han cerrado filas y, muy seguramente, los veremos radicalizar sus posiciones. Se trata, pues, del primer gran error del gobernador. Ahora la pregunta es, ¿se trata de un hecho aislado o la tónica de su gobierno? Si es un hecho aislado, esperemos que pueda enmendar. De ser la tónica, veremos en breve un Michoacán dividido y en conflicto permanente.

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