August 15, 2019 03:27

99 años de condena por robar unos relojes

preso
“Para volverse loco”, dirán muchos. Pero no, porque hace unos días que conocí a Fredy, lo primero que percibí al verlo fue una sensación de paz que hace mucho no sentía.Plácido Garza

San Antonio, Tx. “Parece guión de película”, me dijo Eugenia cuando le conté la historia de Alfredo Martínez, ciudadano norteamericano de origen mexicano, quien por robar unos relojes en Abilene, Texas, fue condenado a 99 años de prisión en 1992 y hace menos de una semana recobró su libertad bajo palabra por buena conducta, después de purgar 27 años de esa pena.

Durante todo ese tiempo, ni una sola vez, ni una, recibió la visita de familiares, amigos conocidos o alguna organización de esas que presumen estar muy pendientes de los derechos humanos. 

Tiene tres hermanos, su papá murió en el 2012 y su mamá hace un mes, mientras él seguía en prisión.

Solo recibió tres cartas de sus papás y ni siquiera en navidades, las cuales pasó solitario en su celda durante 27 veces, lo mismo que sus cumpleaños.

“Para volverse loco”, dirán muchos. Pero no, porque hace unos días que conocí a Fredy, lo primero que percibí al verlo fue una sensación de paz que hace mucho no sentía.

Les platico: El 16 de septiembre de 1992, al jurado de la Corte de Abilene, Texas -integrado por cinco mujeres y siete hombres, todos de raza blanca- le tomó solo media hora declarar culpable a Alfredo por el delito de asalto agravado a mano armada.

El factor que inclinó la balanza en contra del acusado fue haber dicho ante la policía, sin la presencia de su abogado defensor, que había utilizado un arma letal en el asalto a la joyería Lacy and Co. del River Oaks Shopping Center de Abilene.

99 años de condena por robar unos relojes

Alfredo me comentó que los policías que lo detuvieron -de raza blanca, también- le preguntaron si había utilizado un arma letal y él les respondió que sí. Dijo que lo hizo confundido por el miedo que sintió cuando lo detuvieron.

Sin embargo, el perito en armas de fuego que presentó el primer asistente del fiscal de distrito Kent Sutton, mostró en el segundo y último día del juicio, un arma parecida a la que utilizó Alfredo en el asalto y textualmente declaró, según los registros de esa fecha en la Corte de Abilene: “Un arma letal como ésta fue la utilizada por el acusado para cometer el asalto”. El arma real nunca fue presentada en el juicio.

El abogado defensor, David Adkins, presentó una moción en contra de dicha “prueba” al manifestar que no había ninguna evidencia que demostrara que Alfredo haya utilizado un arma letal en el asalto y se apoyó en la declaración de uno de los empleados de la joyería, Michael Thompson, donde afirmaba que inicialmente él creyó que el acusado utilizó un arma de juguete pero que no quiso arriesgarse y no lo enfrentó para evitar el robo.

Ese solo elemento de duda de un testigo afectado hubiera bastado para que el jurado y el juez no calificaran el delito como agravado, aunque el mismo acusado admitiera ante los policías que lo detuvieron, que sí había utilizado un arma de verdad y además, letal.

El mismo día que se pronunció la sentencia, el Condado de Taylor -al que corresponde Abilene- emitió un comunicado oficial donde decía que de esa manera se le estaba enviando un mensaje a todo aquél que pretendiera delinquir en ese poblado. Así, le fue dictada la pena máxima de 99 años en prisión y el pago de una multa por $10,000 dólares por el delito de robo agravado.

Alfredo inició el pago de su condena a los 24 años y estuvo recluido en las prisiones de Coffield Unit Tennessee Colony, Stiles Unit Beaumont, All Red Unit Wichita Falls, Estelle, y finalmente en la Wynne Unit de Huntsville, en Texas.

RACISMO EN ESTADOS UNIDOS

En todas ellas se dio cuenta de que casi el 70% de los prisioneros son de ascendencia latina, el 20% de raza negra y solo el 10% son “güeros”, como él llama a los blancos, quienes en general reciben un mejor trato que el resto.

(Para confirmar lo dicho por Fredy les platico que en un mes que tengo de estar viniendo al Hospital Metodista de San Antonio me ha tocado ver a 5 pacientes “güeros” con esposas y escoltados por guardias. Ninguno de raza negra ni de apariencia latina; entonces o éstos últimos son muy sanos o si se enferman se los llevan al equivalente del IMSS en Estados Unidos).

Le pregunté si hay racismo en todo esto que le ha tocado vivir y respondió con un categórico “sí”.

Basta echarle un vistazo a los nombres que aparecen en esta historia  para darnos cuenta de ello.

Para sobrevivir en las prisiones tuvo que aprender a pelear, porque aunque su naturaleza es pacífica, “si no aprendía a defenderme, me mataban”.

En una ocasión le pusieron en frente a un individuo de raza negra que medía como 2 metros de altura -Alfredo mide a lo mucho 1.60- y como no quiso pelear, los diez del coro que lo azuzaron comenzaron a golpearlo y sucedió que su “adversario” se metió a defenderlo y ambos terminaron con una madriza de padre y señor nuestro.Durante la plática me mostró sus brazos y me dijo: “Mira, no tengo ni un solo tatuaje”. Es que en las prisiones es muy común que los internos terminen tapizados de dibujos en manos, piernas, brazos y otras partes del cuerpo.

Le concedieron libertad bajo palabra por su buena conducta y porque cursó todos los cursos y diplomados que le pusieron en frente dentro de las prisiones donde estuvo.

Con orgullo me mostró sus diplomas de “Mecánico en Diésel”, “Introducción a la Operación de PC”, “Curso Avanzado de Programación”, “Introducción a la Elaboración y Manejo de Bases de Datos”, “Algebra intermedia”, “Algebra y Matemáticas Avanzadas”, “Historia de Texas”, “Legislación en Texas y en Estados Unidos” y un montón de acreditaciones más.

Gracias a eso y a la calidad humana que Alfredo muestra desde el primer momento, a los dos días de haber salido de prisión, un empresario de San Antonio, Bernardo Marcos Matar, le ofreció trabajo en su negocio, que se llama -paradójicamente- “Los Güeros”, pero no los de las prisiones a las que se refirió Alfredo, conste.

En la plática con él no encontré ni un solo viso de resabio, coraje, queja, rabia o deseos de venganza por lo que le hicieron. 

“El pasado mío quedó atrás y ahora solo veo para adelante, y mira, aunque salí de prisión sin un centavo, estos pantalones que traigo, mi camisa y los zapatos, los compré ayer con la ayuda de mi primo Phillip y el miércoles de la próxima semana (mañana día 24) comienzo a trabajar con don Bernardo”.

CAJÓN DE SASTRE

Alfredo cumple 51 años el 6 de agosto y a esa edad está listo para comenzar una vida nueva. Como regalo anticipado recibió su primer celular. Phillip me dijo que en menos de dos horas ya lo había programado de tal forma que le estaba sacando más provecho que muchas personas juntas a los suyos. 

“Esa es su lección para todos: en medio de tantas vicisitudes, le va a sacar un gran provecho a su vida, él está seguro de eso… y yo también”, dice mi Gaby… y yo también.

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PLÁCIDO GARZA. Nominado a los Premios 2019 “Maria Moors Cabot” de la Universidad de Columbia de NY; “Sociedad Interamericana de Prensa” y “Nacional de Periodismo”. Forma parte de los Consejos de Administración de varias corporaciones. Exporta información a empresas y gobiernos de varios países. Escribe para prensa y TV. Maestro de distinguidos comunicadores en el ITESM, la U-ERRE y universidades extranjeras. Como montañista ha conquistado las cumbres más altas de América.

 

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