La muerte del “pésame”

Moño negro
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Tampoco soy partidario de que hagan de mi funeral una chacota

He notado que en la actualidad, cuando fallece el ser querido de una persona, en las redes sociales ya nadie le expresa al doliente: “mi más sentido pésame”, ni “te mando mis condolencias”, sino que una gran mayoría, dice: “Te mando un abrazo” (o el lugar común todavía más detestable: “Abrazo grande”).

Entiendo que ninguna palabra puede consolar a quien tuvo una irreparable pérdida, ni expresar cabalmente lo que uno siente. De hecho, en los funerales, yo nunca digo nada, porque todo lo salga de mi boca sonará falso, pero “mi más sentido pésame” me parecía una palabra bastante aceptable y cortés (como cuando alguien le dice a quien está comiendo: “provechito”).

“Te mando un abrazo” me parece tan impersonal, y quien lo expresa se cree tan “cool”, por no usar una expresión anticuada, sino una más moderna, pintando su raya con la generación de los que expresábamos nuestro “más sentido pésame”, considerando que el “te mando un abrazo” es más moderno y original (cuando en realidad es el sello de un montón de borregos que siguen una moda y no tienen nada de originales).

Cuando se le muere una persona a alguien, y comienzo a leer en las redes sociales: “te mando un abrazo”, “te mando un abrazo”, “te mando un abrazo”, “te mando un abrazo”, “te mando un abrazo”, “te mando un abrazo”, “te mando un abrazo”, “te mando un abrazo”, etc., nomás estoy esperando mi turno para expresar, con todas sus letras: “Mi más sentido pésame” (y a veces hasta me dan ganas de ponerlo con mayúsculas, para dejar en claro que yo no soy cool, sino que de verdad me duele la pérdida).

Cuando yo me vaya a ver crecer los rábanos desde abajo, y alguien le diga a mis dolientes: “Te mando un abrazo”, voy a regresar el Día de los Muertos para darle una bofetada, por no tomar con la debida seriedad mi fallecimiento, pues el “te mando un abrazo” me parece un sinónimo de “me vale madres que te hayas muerto, lo que importa es que yo soy bien cool para expresar mis condolencias”.

Tampoco soy partidario de que hagan de mi funeral una chacota, como algunas personas que dicen: “Cuando yo me muera no quiero que nadie esté triste, sino que se emborrachen y bailen cumbias”. ¿Qué les pasa, pendejos? ¡El que está en el cajón soy yo, Rafael Tonatiuh! ¡Un ídolo de la juventud! ¡Lo menos que pueden hacer es estar chillando toda la semana, si no es que toda la vida!

¡Mándenle un abrazo a su abuela! A mis dolientes, díganles el tradicional “mi más sentido pésame”, o los saco de la herencia. Pos estos.

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