Columnas

Hora de pescar a un pez gordo

Enrique Peña Nieto y Tania Ruiztaniaruize

Con el INE a favor de la derecha, el “Peje” quizás no tenga la mayoría en Congreso. Para triunfar, llegó la hora de apañar a uno de los peces grandes.

La derecha celebra cancelación de candidaturas

Toda la cargada derechosa (bots y “chayoteros” incluidos) celebran la cancelación de las candidaturas de Guerrero y Michoacán, cacareando que Morena debe respetar la ley, tratando al único partido de izquierda como si fuera un trasgresor, como antaño lo fuera el “subcomediante” Marcos. Por cierto, el discurso de “Haremos respetar la Ley”, en vez de “Haremos respetar la voluntad popular”, me suena ligeramente fascista.

La decisión del INE tampoco es muy “respetuosa de la Ley” que digamos, ya que pasó por alto la revisión de sanción que recomendó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; además, su resolución fue de seis consejeros contra cinco, algo que no muestra a Morena como una caterva de forajidos (pues fueron muchos consejeros los que consideraron el retiro de dichas candidaturas como una “tarjeta roja”, que en realidad ameritaba una “tarjeta amarilla”, como las candorosas multas al PRI por faltas mil veces más graves: desviar recursos millonarios y recurrir a las tarjetas Monex).

Por un voto

Por otro lado, este tipo de votaciones divididas, nos recuerdan los fraudes electorales donde la derecha le ganara a López Obrador por un margen muy cerrado (no se sorprendan si Margarita Zavala, o el candidato de preferencia de la derecha, gana las próximas elecciones presidenciales por un voto).

Las súbitas reglas para acotar plurinominales a Morena, tiene toda la intención de meter legisladores que frenen las propuestas del presidente. ¿Cómo cuáles? La propia derecha lo ha dicho: impedir programas sociales que beneficien a las clases sociales más desprotegidas, por considerarlas “populistas e insultantes” (se escucha la voz de una persona pobre desde el fondo: “¡Que los populistas me insulten más, por favor!”).

Ante la alarmante situación, el presidente debería romper su palabra de no buscar venganza, deteniendo a los odiados expresidentes, o a un despreciable maladrín de la misma categoría y peso, como los que se pavonean por el país en sus lujosos carros (¡un saludo a mi líder Carlos Romero Deschamps!)

Hemos atestiguado la excelente labor de Santiago Nieto, como aguerrido sheriff que aporta investigaciones y pruebas para que la Procuraduría meta al tambo a delincuentes de cuello blanco, que tuvieron o tienen cargos de elección popular, y uno que otro abyecto cómplice (¡Yadhira Carrillo, dígale al señor Collado que le mando un abrazo!). Sin embargo (y tomando en cuenta los últimos sucesos), llegó la hora de dejar en paz (por un momento) a los charales, para empezar a cazar ballenas.

Recordemos el ejemplo del PRI, cuando Peña Nieto apañó al repudiado ex gobernador de Veracruz Javier Duarte, justo durante las elecciones del Estado de México, y así justificar el triunfo de Alfredo del Mazo y Maza que amasa fortunas. La idea era soltarlo por estas fechas, pues lo lógico era que el presidente actual fuera del PRI o del PAN; jamás soñaron que el INE no podría justificar un fraude electoral más, ante la evidente mayoría de AMLO (con todo, lo encerraron con la sentencia mínima, como los 15 días mínimos de cuarentena que la banda reventada cumple con dificultad, para salir al desmadre al primer minuto del día 16).

¿Meter al bote al cachorro de Atlacomulco?

Apañar a Peña Nieto no tiene tanta gracia, pues por muy corrupto y ladrón que sea, su proverbial pendejismo lo hace ligeramente adorable (¿a quién no se le frunció el corazón, cuando lo descubrieron disfrazado con gorra y peluca, en compañía de su novia Tania Ruiz, en un restaurante de Nueva York?). Meter al bote al cachorro de Atlacomulco es como meter a un perrito a la perrera. En el fondo, ni sabe ni supo que hizo, a él lo contrató gente grande para firmar papeles.

Los verdaderamente odiados son Calderón y Salinas; el primero por rata, narco y hocicón, el segundo por rata, asesino y legarnos un montón de monstruos: El “jefe” Diego, el sub, Aguilar Camín, etc.

Al “Borolas” le puede fingir un anexo en un Alcohólicos Anónimos 24 Horas, y de ahí llevarlo al Reclusorio Oriente; al “Chupacabras” le puede sembrar la osamenta de la desaparecida Adela Noriega, en la finca “el encanto” (y hasta podría contratar a “la Paca”, quien ahorita le hace falta chamba).

Que el “Peje” no se espere hasta las elecciones grandes para dar un golpe espectacular. Está haciendo falta ahorita para no perder la mayoría en el Congreso.