Unas veces como parte del “golpe blando” en curso contra el Gobierno de la 4T, otras como opiniones sinceras de analistas y comentócratas de toda laya, el caso es que muchos opinan que el gobierno de AMLO carece de un plan económico realista y viable. Peor aún, otros opinólogos llegan a afirmar que carece de todo plan. Esto es totalmente falso. El gobierno de López Obrador tiene un plan económico claro, explícito, contundente y representa además un distanciamiento inequívoco respecto a los gobiernos anteriores del periodo neoliberal.

Recordemos en primera instancia lo que AMLO proponía en campaña: su modelo demandaba libre competencia y beneficios para todos. Colocaba al gobierno como una máquina que impulsara el desarrollo económico, reactivando la economía a nivel macroeconómico y de ahí fortalecer la microeconomía de hogares y empresas. Podemos sintetizar su programa económico de campaña (conocido en campaña a través de un documento conocido como “Pejenomics”) en estos puntos principales:

1.- Diversificar actores en el sector bancario y financiero para ampliar así la competencia en el sector.

2.- Crear un fondo para inversiones públicas y privadas.

3.- Incrementar y diversificar las importaciones.

4.- Aplicar una política de cero endeudamiento y baja inflación.

5.- Fomentar el desarrollo del sector turístico.

6.- Fomentar programas universales que detonen el consumo y las economías regionales.

7.- Apoyo a emprendedores, sobre todo proyectos de base tecnológica, tecnologías de punta y laboratorios de investigación.

8.- Invertir en los jóvenes, hacer una realidad su derecho al estudio y al trabajo.

9.- Crear consorcios de pequeñas y medianas empresas a través del asociacionismo para promover economías de escala.

10.- Alcanzar la soberanía alimentaria apoyando de forma decidida al campo, mediante la oferta de una canasta integral de servicios y bienes públicos que promuevan la organización de los campesinos, su financiamiento y la infraestructura agroindustrial.

11.- Incrementar la producción de contenido nacional en sectores estratégicos.

Estas propuestas se vincularon con las grandes estrategias del Nuevo Proyecto de Nación (antecesor del Plan Nacional de Desarrollo), que de forma transversal atraviesan todas las acciones de política económica, tales como la reforma energética, la reforma laboral, la reforma educativa y la política de desarrollo social.

De todas estas propuestas de campaña, hay algunas que ni siquiera se han empezado a instrumentar. No puede hacerse todo al mismo tiempo, además que enterarse de la realidad del país al tomar posesión de sus cargos, cayó como un balde de agua fría en la cabeza de todos los integrantes del gabinete. No se tenía idea de lo mal que estaban en realidad las cosas. En muchas áreas, se tuvo que empezar de cero. No olvidemos que el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para 2019, fue elaborado por el anterior gobierno, con una participación muy limitada de los integrantes del entonces futuro gabinete económico de AMLO. Por ello es que en estos nueve meses, no ha dejado de haber ajustes en diferentes áreas. Los recortes en casi todo el gobierno han sido a veces muy drásticos (“sí se nos ha pasado la mano”, reconoció en algún momento Alfonso Romo) y en otras, los recortes presupuestales han ocasionado parálisis operativa. Y de ahí a volver a hacer ajustes. No ha sido nada fácil este tema en estos diez meses del nuevo gobierno.

El proyecto económico del gobierno de la 4T se encuentra en varios textos y documentos. Entre ellos, estos son los más relevantes:

  • El libro “Nuevo Proyecto de Nación” (Grijalbo, 2011), capítulo 5, “Crear una nueva economía”, pp. 151-190. Varios autores.

  • Programa de Lucha de MORENA (Documentos Básicos. https://morena.si/wp-content/uploads/2014/12/Programa-Morena.pdf), capítulo 7: “Por un nuevo modelo económico”.

  • El libro de AMLO “2018-La Salida” (Planeta, 2017), capítulo “Decisiones básicas para el renacimiento económico y social de México”, pp.177-270.

  • 50 Lineamientos para la Transformación de México. Palabras de AMLO, durante el II Congreso Nacional Extraordinario de MORENA, 20 de noviembre de 2016.

  • Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024.

En estos diez meses de su Gobierno, el Presidente AMLO ha cumplido, por ejemplo, 33 de sus 50 lineamientos propuestos en 2016. Sin embargo, la tarea de instrumentar el nuevo plan económico ha representado más obstáculos que resultados concretos. Hay dos objetivos fundamentales del nuevo plan: recuperar la fortaleza del Estado como rector de la economía y separar el poder político del poder económico. En el primer caso, se han fortalecido progresivamente a las empresas PEMEX y CFE, y se han establecido tres proyectos emblemáticos de la 4T que, de realizarse de acuerdo a lo previsto, efectivamente traerán desarrollo económico regional con resultados altamente benéficos: el Tren Maya, el Corredor Transístmico y la nueva refinería de Dos Bocas. En el segundo caso, si bien el Presidente llegó al poder sin ataduras a intereses empresariales de ningún tipo, una vez al frente del Poder Ejecutivo ha tenido que contemporizar con destacados integrantes de la llamada alguna vez “mafia del poder”, o “minoría rapaz”. Y se ha visto obligado así por las circunstancias, puesto que requiere de la colaboración de los empresarios más grandes del país para el logro de los objetivos económicos, lo cual no lograría si se confrontara con ellos. Es una diferencia abismal con los presidentes anteriores, que se sometían a la voluntad de esta “minoría rapaz” sin mayor trámite. El Presidente AMLO negocia con ellos y los hará partícipes en los grandes proyectos de infraestructura que se avecinan.

Es innegable que el gobierno de la 4T heredó una economía sin crecimiento, con una alta tasa de desempleo y con una fragilidad tremenda a las fluctuaciones provenientes de los mercados financieros o de una guerra de aranceles, como la que amenazó el Presidente Trump si México no restringía la llegada de migrantes a su frontera. La realidad geopolítica que implica la vecindad con el país más poderoso del mundo también ha impactado en la voluntad transformadora de la 4T.

Analistas de derecha, identificados con el pensamiento neoliberal, han atacado desde siempre a AMLO tachándolo de “populista”. Y ahora con más razón, puesto que el Presidente AMLO ha dicho, explícitamente, que tiene una gran añoranza por la forma de vida que tenía México en los años del llamado Desarrollo Estabilizador. Tal expresión del Presidente ha motivado múltiples críticas porque eso es tratar de regresar “a los años setenta”, al “echeverrismo”, al decir de estos críticos. El Desarrollo Estabilizador (1950-1975), se caracterizaba por una baja inflación, altas tasas de crecimiento económico anuales, un tipo de cambio peso/dólar fijo, alta tasa de empleo, y un bienestar general. La industria nacional disfrutaba de un alto índice de protección arancelaria y se fomentaba desde el Estado la sustitución de importaciones.

La pretensión del Presidente AMLO de reintroducir un “Desarrollo Estabilizador Siglo XXI” ha reactivado el epíteto de “populista”, que si bien en la campaña era frecuente escucharlo de sus adversarios, había sido relegado al principio del sexenio. Dos economistas mexicanos muy prestigiados, Carlos Bazsdrech y Santiago Levy, escribieron un artículo intitulado “El populismo y la política económica de México, 1970-1982”, en donde hacen una feroz crítica del sexenio echeverrista y caracterizan al populismo económico de la siguiente manera: “ (…) por el uso dispendioso de los gastos públicos, el uso intensivo de los controles de precios, la sobrevaluación sistemática del tipo de cambio y las señales inciertas de la política económica, que tienen efectos deprimentes en la inversión privada (…)”.

Ninguna de estas características está presente hoy en día en el gobierno de la 4T, por más que los economistas y analistas neoliberales insistan en ello. La situación del país es hoy muy diferente a la que existía en los años 70 del siglo pasado. En lugar de ello, hoy tenemos un gobierno que mantiene una austeridad republicana, no existe el control de precios, hay un tipo de cambio flexible y se han estado dando señales positivas a los mercados. La apreciación constante del peso mexicano ha sido constante; más aun, el peso mexicano es la segunda moneda de los países de economías emergentes que más se opera en el mundo, solamente por debajo del renminbi chino y la Bolsa Mexicana de Valores ha tenido ganancias históricas.

Aunque el gobierno de la 4T quisiera implantar en el país un “Desarrollo Estabilizador Siglo XXI”, esto ya no es posible: México es ahora una economía abierta, con una casi nula protección arancelaria a la industria nacional, con 12 tratados de libre comercio (incluyendo el T-MEC, pendiente de aprobación legislativa en EEUU), y estamos ahora muy integrados a la economía estadunidense, como resultado de las políticas económicas neoliberales aplicadas a rajatabla en el país desde 1982.

De tal suerte que hay que eliminar como hipótesis de trabajo que la 4T implique en algo la reintroducción de la política económica del Desarrollo Estabilizador. Tal cosa es imposible. Lo que busca en realidad el gobierno de la 4T es establecer, más bien, un Estado de Bienestar (Welfare State) en su acepción clásica, que señala, como un concepto general, que le corresponde al Estado asumir la responsabilidad de conseguir y mantener el bienestar social y económico de los ciudadanos. Esta ruptura del modelo económico neoliberal ya se ha iniciado: el gobierno adoptó una política social con transferencias directas de recursos a los beneficiados, sin intermediarios, financiadas con uno de los recortes al gasto público más agresivos de la historia de México, medidas intervencionistas del Estado en algunos mercados y el programa de infraestructura en el sureste del país ya mencionadas.

Están en proceso de instrumentación, de igual manera, medidas contracíclicas de corte neokeynesiano. Los apoyos a jóvenes para integrarse al mercado laboral o para obtener becas y proseguir sus estudios (Programa Jóvenes Construyendo el Futuro), la siembra de un millón de árboles frutales en el sureste (Programa Sembrando Vida), los apoyos a MYPIMES mediante créditos a la palabra y “tandas”, así la universalización de programas de apoyo como el de adultos mayores, discapacitados, madres solteras, etc., van en esa dirección. Tales apoyos, al ser universales, no pueden ser “clientelares”, como afirman de forma absurda los críticos de la 4T. En el corto plazo, la sinergia en la economía del país que estas políticas conseguirán, sin duda, es la reactivación del mercado interno, ya que la inyección de mayor liquidez en la microeconomía de las familias y las empresas, impulsará el consumo y por consiguiente las ventas.

En resumen, la política económica del gobierno de la 4T representa por un lado la ruptura con el modelo neoliberal, y al mismo tiempo el inicio de una transformación económica inédita en el país. No es ni un retorno al “Desarrollo Estabilizador” ni una estatización de las actividades económicas. Tampoco está planteado en parte alguna de los textos y documentos de AMLO, de MORENA o del Plan Nacional de Desarrollo, ya mencionados, la estatización o expropiación de empresas del sector privado. En cambio, sí se plantean objetivos estratégicos como lograr la autosuficiencia alimentaria o la soberanía energética. Pero se cuentan con los elementos para lograrlo, no es necesario por el momento acudir a cambios en la Constitución.

La confianza del sector privado, reticente al principio del sexenio, se ha ido fortaleciendo gradualmente. El consumo privado está repuntando. El mercado interno está dando signos de vida, después de décadas de estar moribundo. Hay deficiencias técnicas –indudablemente- en la instrumentación de la nueva política económica, y existe mucha resistencia al cambio en áreas completas de la burocracia federal –que son inevitables-. Pero, la enorme legitimidad del Presidente de la República, su gran autoridad moral y política, así como su manejo a nivel experto de la comunicación social con el pueblo –las mañaneras son un ejemplo- le confieren una fuerza sin precedente para cualquier Presidente de la República, de este siglo o del anterior. Sobre todo, su voluntad política a toda prueba, sigue presente. Hay sin embargo asignaturas pendientes de gran importancia, como por ejemplo una Reforma Fiscal, progresiva y general (sin la cual los gastos e inversiones crecientes del gobierno de la 4T no podrán realizarse) que tarde o temprano deberán de implementarse. Una cosa sí es segura, a pesar de los deseos en contra de los neoliberales y analistas de la derecha: la Cuarta Transformación de México llegó para quedarse.