Columnas

Policías del país en manos del hampa

Policías de la CDMX.Andrea Murcia / Cuartoscuro

La depuración de los cuerpos policiacos es un tema urgente,

“Jalisco estuvo a punto de vivir un Ayotzinapa”, declaró en una entrevista el domingo el gobernador Enrique Alfaro Ramírez, quien además, ha reconocido la infiltración del crimen organizado en las corporaciones policiacas de la entidad. Pero nadie debe llamarse a sorprendido ante esta revelación del mandatario, si acaso lo que debe llamar la atención es la honestidad con la que lo expresa, principalmente cuando no se estila que un mandatario reconozca este flagelo que priva en muchas corporaciones policiacas del país.

Tal como se ha aceptado de manera contundente, existe la infiltración del crimen organizado en las fuerzas policiales de Jalisco. Además de ello, queda claro y quizá más grave aún ha penetrado la estructura de la Fiscalía del Estado en cuanto a la presencia de delincuentes; funcionarios y agentes ministeriales ligados al hampa.

Lo anterior, según el Ejecutivo estatal quedó de manifiesto la tarde del pasado viernes, luego de que tras entregar órdenes precisas al Fiscal del Estado, Gerardo Octavio Solís Gómez, en el sentido de realizar los protocolos apegados a los derechos humanos ante la manifestación que llegaría a la sede a su cargo, las instrucciones fueron desatendidas por un grupo de agentes investigadores que salieron de la institución para ubicarse en calles aledañas a golpear y “levantar” jóvenes cuando todavía ni siquiera se incorporaban a la manifestación.

Afortunadamente, todos pudieron ser localizados con vida; el gobernador encabezó el operativo para la revisión, localización y posible búsqueda de los manifestantes que según los señalamientos en medios de comunicación y a través de las diversas redes digitales de intercomunicación comunitaria, fueron levantados a manera de desaparición forzada por elementos de la policía investigadora.

“A la luz de los acontecimientos yo sigo convencido de que probablemente había la intención incluso de acabar con sus vidas, de desaparecerlos, porque cómo explicas lo otro. La pregunta de fondo es, ¿quién les dio la instrucción a esos policías? ¿Quién les dio la orden?”, dijo el Gobernador.

Ahora bien, la policía investigadora no es un cuerpo de seguridad, de prevención, ni de reacción a ataques, ni de cobertura o cuidado de edificios públicos o privados, es una policía científica con labores de indagatoria.

Es muy grave que exista control de delincuentes pero contumaz en áreas delicadísimas como es la función que debe cumplir según las leyes vigentes la policía investigadora, ya que es la que dependiendo de agentes del ministerio público del fuero común debe encargarse de llevar a cabo las labores de investigación a efecto de la adecuada integración de las carpetas de investigación. De la labor de estos elementos depende el éxito o el fracaso en la correcta integración de los expedientes para que al ser consignados tengan sustento y puedan ser motivo de un debido proceso y al final llegar a la sanción conforme a la ley en contra de quien o quienes sean responsables de las acciones delictivas, es decir, es un elemento de importancia sin equa non, que el representante legal de la sociedad, responsable de encauzar la acción penal tenga una policía investigadora totalmente confiable no únicamente en cuanto a su capacidad, su formación, su calidad sino respecto a lo más importante la solvencia moral, la honorabilidad, la honestidad.

Como ya mencionaba, la infiltración del hampa en las corporaciones policiacas no es un asunto exclusivo de Jalisco. La única diferencia es que Alfaro lo ha reconocido. Solo eso.

Pero es propicio que las autoridades de todos el país volteen hacia adentro para revisar el tema. Desde hace mucho tiempo he venido insistiendo en la necesidad de que se practiquen de manera sistemática exámenes de control de confianza, son fundamentales para los sistemas de seguridad porque de ahí depende el éxito de los objetivos que se establecen al interior de las corporaciones.

Un mal elemento puede contaminar toda una organización y puede hacer fracasar operativos estratégicos. Las pruebas de control de confianza no son un castigo para quienes son sometidos a ellas, se trata de un mecanismo para identificar habilidades y destrezas, pero también situaciones que pueden ser de vital importancia a fin de reconocer a aquellos elementos que incumplen con los requisitos indispensables que deben cubrir quienes se desempeñan en la función policial. Si se tolera la presencia del hampa dentro de las fuerzas del orden entonces se toleran las complicidades y la corrupción.

De nada sirve crear nuevas instituciones de seguridad y/o corporaciones policiacas, contratar nuevos elementos, e incrementar salario a policías, si no se lleva a cabo una depuración a fondo a través de los sistemas de control de confianza ya mencionados, de honor y justicia, si no se cuenta con el servicio policial de carrera, si no se castiga la impunidad, y si no se tipifican nuevos delitos para sancionar de manera ejemplar innovadoras conductas delictivas.

La depuración de los cuerpos policiacos es un tema urgente, como urgente es pacificar e intervenir áreas conflictivas que las autoridades de los diferentes niveles tienen con seguridad ya detectadas como focos de infección criminal.

Lo procedente es ir por ellos para evitar que sigan contaminando al interior de las instituciones y atentando contra la sociedad que es a la que debieran proteger. Esos malos elementos que están entorpeciendo, enturbiando y ponen en riesgo los operativos al estar coludidos para frustrar el éxito de los mismos deben salir inmediatamente de las dependencias.

Otro tema importante es poner en marcha lo antes posible el servicio policial de carrera.

Los Gobiernos no pueden intentar salir al paso de un problema tan grave como es la inseguridad queriendo solucionar un cáncer con aspirinas; es ofensivo que para un tema fundamental del que ya se ha hablado bastante como es la infiltración de uniformados que le trabajan al crimen organizado se pretenda resolver solo incrementándoles el sueldo cada que se le ocurre a la autoridad ya sea por quedar bien con ese gremio o por decir que se está haciendo algo.

Se les debe apoyar realmente con un sistema no solamente de carrera policial sino que debe haber un esquema real, eficaz de honor y justicia; honor es darle respaldo, apoyo, equipamiento, herramientas, capacitación, actualización, fortaleza y encomiar la labor de los buenos policías pero también se tiene que ser más severos en las sanciones a los malos elementos.

Es pues menester en el caso del tema que nos atañe, seguir adelante y hasta sus últimas consecuencias contra los agentes municipales que privaron de la vida a Giovanni López, como que se libere al municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos del azote por estar en manos de criminales con uniforme de policía.

Además, se debe llevar una investigación tan exhaustiva como impecable en relación a los hechos que produjeron los delitos ya citados en contra de al menos una veintena de ciudadanos que sufrieron a manos de agentes criminales. Que se castigue al comandante que dio la orden y aquellos que, presuntamente obedeciendo órdenes del hampa, agredieron y realizaron detenciones forzadas, sin que deban pagar justos por pecadores.

“En Jalisco y en México tenemos un problema enorme de infiltración en nuestras policías y quien no lo quiera aceptar me parece que quiere tapar el Sol con un dedo”, así lo dijo Enrique Alfaro. Y no podemos más que estar de acuerdo con eso, pues el primer paso para encontrar el remedio a una enfermedad es aceptar que existe. Ante ello habrá que exigir la más amplia y expedita depuración de los cuerpos policiacos y que dicha acción sea a fondo no solo cosmética. Al mismo tiempo, exigir al gobierno federal haga lo propio; requerimos de una policía confiable, no de una policía temible.