La política en tacones. Según el color

Gerardo Fernández Noroña, Evo Morales, Mario Delgado y Dolores Padierna
Gerardo Fernández Noroña, Evo Morales, Mario Delgado y Dolores Padierna@fernandeznorona

En este momento Evo les resultó más redituable que la acusación de fraude en la elección de la titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, sobre todo porque Morena decidió reponer el proceso de votación

La clase política mexicana tiene miradas muy distintas sobre el caso de Bolivia y el asilo político que le ha concedido el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El asilo, dice la derecha, no es más que la corroboración del apoyo a gobiernos de izquierda y totalitarios. Le reprochan a Andrés Manuel no hacer honor a su propuesta de no intervenir en política exterior para mantener el equilibrio de la paz interior.

No pronunciarse es imposible, en el escenario mundial, como en los pecados, se hace política también por omisión. En este mundo globalizado ya no es posible quedarse al margen. México, hasta antes de la alternancia, si bien con ciertos altibajos, había tenido un comportamiento inclinado hacia el latinoamericanismo, hoy que ha decidido no renunciar a esa tradición el conservadurismo se lo reprocha acremente.

¿Que Evo Morales cometió fraude para permanecer en el poder? Eso no lo sabemos de cierto, pero concedamos que así haya sido y que las protestas en su país estuvieran fundadas; eso no lo convierte en un dictador. Si los periodos anteriores mantuvo el cargo con legitimidad puede ser sólo una demostración de que el pueblo boliviano iba viendo los resultados del gobierno. Se puede considerar que para dirigir un país con cierto rumbo no es necesario eternizarse en el puesto, es posible, pero también la historia antigua y reciente no hace más que constatarnos que el estilo personal de gobernar, Cosío Villegas dixit, se mantiene vigente y de ello puede depender el éxito o el fracaso. Los resultados afortunados están allí y no los niegan ni sus oponentes. El problema de que un presidente haya querido permanecer en el poder y eso le acarree el adjetivo de dictador no sólo tiene beneficios para los golpistas bolivianos, los tiene también para la oposición mexicana que ahora tienen un nuevo argumento contra AMLO: ser amigo de un dictador. Los sofismas y las mentiras a todo lo que dan con tal de enlodar a un gobierno que no les gusta.

¿Dónde estaban los que ahora festejan haber echado el comunismo de Bolivia durante los 16 años que gobernó Augusto Pinochet en Chile con un gobierno dictatorial de facto y no electo? ¿Qué dijeron de las múltiples y graves violaciones que se cometieron durante su dictadura? Nada. Fue detenido en Londres por la orden en su contra que dictó el juez español Baltazar Garzón.

La cara visible del movimiento golpista es Luis Fernando Camacho, el empresario que ni siquiera participó en el proceso electoral, pero nadie duda que hay otras fuerzas que lo respaldan. Se presentó al Palacio Quemado con una Biblia. Ya se nos olvidó que Vicente Fox utilizó un estandarte de la Virgen de Guadalupe en un país al que le costó mucha sangre la defensa del laicismo.

Más allá de la opinión que se tenga sobre el proceso boliviano es importante no perder de vista el uso que se le está dando para que algunos grupos de poder en México lleven agua a su molino por el asilo mexicano que se le brindó a Evo Morales.

En este momento Evo les resultó más redituable que la acusación de fraude en la elección de la titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, sobre todo porque Morena decidió reponer el proceso de votación.

La oposición tiene derecho a ser oposición, lo que no se vale es intentar paralizar a un país y tratar de ganar terreno a costa del equilibrio y la paz de toda una nación.

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