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Percepciones. “Piporro”

Eulalio González Ramírez, PiporroEspecial

La falta de una placa digna en la Macroplaza es un problema más profundo: la venta de metales robados

“¿Quihubo raza?” Lalo González, “Piporro”

Al cumplirse 17 años de su partida y a punto de llegar a un siglo de su nacimiento, ayer se alzaron muchas voces exigiendo el lugar que evidentemente merece la enorme figura de don Eulalio González Ramírez, Piporro.

Y es que la que debería ser una placa que le recuerde en la Gran Plaza de Monterrey está ocupada por un letrero mal pintado a mano por una persona que evidentemente no puede llamarse rotulista.

Un reportaje en la televisión y el fuerte reclamo en redes sociales dieron pie a que miles de regiomontanos se inconformaran con nuestras autoridades por este injusto olvido a quien le dio brillo, lustre y renombre a todo el noreste de México.

Y sí, yo también me sumé a las críticas en el Facebook y me molestó en demasía cuando vi el reportaje en la TV; sin embargo, después me puse a pensar.

La falta de una placa digna en el área destinada a reconocer al enorme artista dentro de la Macroplaza es un problema mucho más profundo: la comercialización de metales robados en el área metropolitana.

Hace años eran los vándalos los que causaban daños a los monumentos y robaban letras de las placas, pero después la compra-venta de metales de todo tipo se ha convertido en un jugoso negocio en donde muchísimas cosas terminan siendo malbaratadas (y muy mal pagadas en proporción con lo que de verdad valen en el mercado), a ciencia y paciencia de nuestras autoridades.

Los ladrones roban cable de casas vacías y escuelas, pero desde hace años se han encargado de no dejar monumento con placa en toda el área metropolitana y esas piezas, sin importar su valor histórico, terminan en el traspatio de cualquier tejaban dedicado a esos menesteres, fundido para volver a venderse a un precio mayor.

Son de esos pequeños detalles que no nos detenemos a observar, pero si ponemos atención nos daremos cuenta de que la mayoría de nuestras estatuas, sin importar a quién estén dedicadas, carecen de este importante elemento que les da identidad y rememoran la fecha en que esas piezas fueron instaladas.

¿Por qué nuestras autoridades no resuelven de golpe este mercado negro e impiden la comercialización de estos sitios estableciendo mecanismos de control que inhiban la compra-venta de estas placas? No lo sé.

Pero Piporro es más que una placa o una estatua, es un recuerdo, un hombre que trasciende el tiempo y las fronteras, que dejó un inmenso legado que no se borra ni desaparece.

Algo habrá qué hacer para instalar un homenaje digno y acorde a su inmensa estatura y que, también, sea un nuevo formato que no se les antoje a los rateros ni a los compradores de fierro robado.

Maestro Lalo, se le sigue extrañando

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