Percepciones. Inversión Social

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Desde que nací y muchos años después, Monterrey tuvo uno de los complejos deportivos más extensos del mundo: el lecho del Río Santa Catarina.

En su amplio cauce, con la canalización de las aguas a un costado, existieron infinidad de canchas de futbol, softbol y beisbol, que fueron utilizadas por ligas populares para realizar torneos durante todo el año. Muchas de ellas, sobre todo a la altura de la CNOP, tenían iluminación artificial porque muchos eran los que jugaban por las noches.

Dos porterías y cancha de tierra, rayado de cal y todo listo. Los softboleros llegaban con sus bases, delimitaban el campo y a jugar.

Tuvo una cancha con pasto natural y pista de atletismo a la altura de la Plaza Zaragoza. Ahí al mediodía veías con férrea disciplina a don Lalito, el de la “Casa Nueva”, entrenar todos los días.

Cuando Raúl Ramírez y la fiebre del tenis en México, fue la casa de la primera escuela popular del deporte blanco dirigida por el entrañable Omero González. Tenía una estupenda alberca olímpica en Cuauhtémoc que era utilizada por miles de regiomontanos.

Tuvo tres helipuertos, fue hogar de un mercado ambulante y antes de un sitio de juegos infantiles. Por años utilicé su larga ciclopista que iba de Guadalupe hasta San Pedro en sus límites con Santa Catarina.

Luego del Huracán Gilberto las cosas cambiaron y varios espacios fueron concesionados a la iniciativa privada y en ella construyeron y colocaron estructuras; después el Huracán “Alex” se encargó de llevárselo todo y después de eso no se permitió el utilizar su lecho.

Hace unos días grupos ciudadanos se dieron a la tarea de ir a limpiar de basura una partecita, mientras el Gobierno del Estado ha retomado un proyecto para retirar maleza, basura y elementos que puedan incrementar el peligro en caso de una crecida.

Sin embargo cuando estaban las canchas no había tanta basura y lo que los catastrofistas predicen al hablar de factores externos no sucedía, porque los elementos ajenos eran mínimos.

Como inversión social, el beneficio aportado por esas canchas y esas ligas amateurs fue de enormes resultados para nuestra sociedad.

Voy de acuerdo con la visión de los ecologistas de que se debe dedicar un espacio a la conservación de árboles ahí, pero, ¿no será posible hacer que convivan en armonía diversos proyectos? ¿Por qué sólo naturaleza en un espacio que, lo vemos todos los días, sirve para llenarse de basura y desperdicios?

Ya he hablado antes de aprovechar el lecho para implementar un BRT (Bus Rapid Transit) desde Santa Catarina hasta Guadalupe y que después podría crecer hasta Juárez y Cadereyta y también las canchas y los árboles y el río.

Total, si crece, lo volvemos a construir.

 

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