Crónicas de familia: Trump, el único contrapeso de López Obrador

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Donald Trump Manuel Balce Ceneta / AP

Juro que entre los gritos, escuché un “guácala” y dos o tres “fuchi, caca”.

La oposición en México se encuentra tan desdibujada y sin brújula a vista de todo el mundo, que mi sobrino Richard Gabriel, hijo de una prima que emigró a Houston a finales de los años ochentas y que es un flamante abogado por la Universidad de Texas, llegó a la conclusión, y así lo dijo en una reunión familiar el pasado fin de semana, que estamos tan mal en materia de democracia, que el único contrapeso real que tiene el gobierno de Andrés Manuel López Obrador es Donald Trump.

La frase me parecía bastante acertada incluso antes de escuchar la explicación, con argumentos sólidos, de alguien que está viendo desde fuera lo que ocurre en el país, pero la verdad es que desató un griterío que amenazó momentáneamente con echar a perder el festejo por los 101 años de la tía abuela Bernabé. Por el lado de los Martínez, con raíces familiares en Tepetitán, la tierra del presidente, la frase generó disgusto de ese que hemos visto reiteradamente en las “mañaneras”, por la comprensible razón que la gente del trópico no sabe disimular.

El carácter de los tabasqueños se forja en un ambiente donde “los ríos se desbordan, el cielo es proclive a la tempestad, los verdes se amotinan y el calor de la primavera o la ardiente canícula encienden las pasiones y brota con facilidad la ruda franqueza”, ha dicho López Obrador a modo de justificar cuando su boca hace una mueca o lanza esa sonrisa burlona que ya le conoce el país, a modo de inconformidad por algo o de reprobación a alguien.

Juro que entre los gritos, escuché un “guácala” y dos o tres “fuchi, caca”. Pero por suerte, los Pérez, originarios del puerto de Veracruz, apelaron a la cordura, impusieron su mayoría y volvió la tranquilidad al restaurant del hotel Casareyna, de la hermosa ciudad de Puebla, donde ocurrió el festejo. Los meseros, que estaban visiblemente sorprendidos, carraspearon, como señal de que la fiesta tenía que continuar, y enseguida sirvieron el mole. Se hizo un pesado silencio, que duró hasta que Richard Gabriel volvió a las andadas.

“Pues puede no gustarles, familia, pero el problema más grave de México es que prácticamente no hay oposición; el gobierno controla a los otros dos poderes y a organismos autónomos como la CNDH; la sola voluntad presidencial es capaz de cancelar proyectos de infraestructura planeados durante varios sexenios, como el Aeropuerto de Texcoco, y construir un aeropuerto que no tiene el aval de autoridades aeronáuticas internacionales”.

“Pero lo peor es que la agenda del debate público no incluye temas fundamentales que deberían preocupar a los mexicanos, como el nulo crecimiento económico, la intención del gobierno de imponer incondicionales a organizar las elecciones, el uso del presupuesto para mantener clientelas políticas o la falta de medicamentos en hospitales públicos, sino los asuntos que se plantean en las conferencias mañaneras, como la rifa del avión presidencial”.

“Ni el PAN, ni el PRI son contrapesos. El único contrapeso real que tiene este presidente que concentra tanto poder, el único que le ha impuesto políticas y que le ha frenado en algunas de sus pretensiones, es Donald Trump: lo obligó a acatar políticas favorables a Estados Unidos en materia migratoria; lo acota en el asunto del financiamiento del gobierno o de bancos chinos a los proyectos estelares del gobierno, como el Tren Maya o la Refinería de Tabasco, y lo obliga también a deslindarse de Evo Morales sacándolo del país, como en el futuro, pedirá que se deslinde respecto de Nicolás Maduro”.

“Trump ha hecho lo que no ha podido la oposición”. Volvió la gritería. Mi Gordo aplaudió de pie y yo le eché una mirada asesina para que se sentara. Sólo entonces habló la abuela:

–El problema que yo veo es que hasta en las familias están divididas las opiniones, dijo echando una mirada a la parentela, como paneo de película de Almodóvar, con un vozarrón que sorprendió a todos.

Yo pensé para mis adentros que la abuela, como Richard Gabriel, tiene razón. Que el principal problema es que no dimensionamos que el gobierno no sólo tiene control sobre el Congreso, sobre la Suprema Corte de Justicia de la Nación y sobre la CNDH, sino que además cuenta con una bien estructurada plataforma de manipulación y propaganda, las mañaneras, que resultan una verdadera “fábrica de percepciones” que envidiaría el mismo Hugo Chávez.

También creo que aún cuando el presidente mantiene un apoyo popular impresionante, éste deriva no de resultados, porque la economía no ha crecido, porque el precio de las gasolinas no ha bajado como prometieron, porque las reservas internacionales siguen cayendo, porque no existe un clima de confianza para las inversiones privadas y sobre todo, porque estamos peor que antes en materia de inseguridad y violencia, sino porque el presidente sigue en campaña, alentando la esperanza, hablándole al auditorio como si la presidencia fuera un futuro que hay que arrebatarle a los neoliberales, que se niegan a dejar el poder, y no su presente.

Cuando niña, la abuela Bernabé me leía cuentos de vampiros. Con ella aprendí que hay varias formas de acabar con estos enigmáticos personajes, terriblemente maquiavélicos y seductores. Una bala de plata, es buena opción, mucho mejor que clavarle una estaca en el pecho, lo que supone una lucha cuerpo a cuerpo en la que podemos perder. Pero sin duda la mejor forma de todas es sacarlo de su zona de confort, de la oscuridad, y llevarlo a la luz. Eso hay que empezar a hacer con este gobierno que quiere todo el poder: exhibir aquí y en el extranjero, sus pretensiones y el riesgo autoritario que representa. Obligarlo a aceptar y a respetar las instituciones democráticas que hicieron posible su triunfo; eso no lo va a hacer Trump, que tiene sus propios intereses. Tenemos que hacerlo nosotros.

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