Libros de ayer y hoy. Malos tiempos para los trabajadores

Día del trabajo
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En aparente broma, con tristeza, se suele decir que los aniversarios de los  próceres, de  las grandes gestas o de las conmemoraciones como el Día del Trabajo, solo sirven en la actualidad para fijar un puente.

Quizá sea lo único que alegre a los trabajadores mal pagados, con precarias garantías sociales, que viven en el país uno de los peores momentos. Peor están los que no tienen trabajo, si recordamos aquella parte del poema de La vida es sueño de Calderón de la Barca, en la que un sabio que solo se alimentaba de la yerbas que cogía, halló su sorpresa viendo, “que otro sabio iba cogiendo las hojas que él arrojó”.

El gobierno, sus instituciones, la STPS, INEGI y el IMSS, suelen presumir que el empleo ha aumentado. Empleos precarios dicen los especialistas, mientras aumentan los ejércitos de reserva y se acepta la triste realidad de que los que más saben y más han estudiado, son los que menos empleos tienen.

Lo actualizó recientemente el rector  de la UNAM Enrique Graue, pero en datos publicados a partir de encuestas oficiales, se asienta que dos de cada tres profesionistas no tienen empleos, que hay más de 3 millones de titulados que carecen de trabajo y que la población afectada se eleva a 60 por ciento de los egresados.

Aún suele manejarse la cifra de 2 millones y medio de desempleados, absurda si se parte de casi 120 millones de  habitantes más del 45 por ciento en edad de producir.  Organismos y especialistas sostienen que las cifras no son reales y que cuando se fijan, se toman en cuenta trabajadores que tienen un empleo precario de horas a la semana o al mes, para elevar la cifra de ocupación. En el maremágnum de esos despropósitos, si se consideran dos sectores que tienen empleo, como los obreros agrícolas - ejemplo los de San Quintín y otros valles verduleros-, y los trabajadores de la construcción -uncidos a ricas constructoras que pagan una miseria-, el empleo que se contabiliza oficialmente como un baluarte, es en la realidad una agresión laboral. Aunque estén sindicalizados no se les reconoce su estatus, carecen de seguridad social, laboran mínimo 12 horas diarias y reciben entre 100 y 180 pesos diarios.

Datos de INEGI señalan que  el 57.4 de los trabajadores laboran en la economía informal y la cifra se eleva en las edades entre 15 y 24 años, para llegar al 68.2 por ciento. Está por otro lado la iniquidad de la situación laboral de las mujeres, con salarios devaluados en relación  al hombre y tratamientos siempre ínfimos aunque el rendimiento sea igual.  En lo referente a seguridad, el IMSS informa de aumento de contrataciones, pero paradójicamente disminuye plazas, sobre todo de médicos, se embarca en los medicamentos genéricos no siempre los más adecuados, pretende aumentar la consulta a personas que no cubren cuota para paliar el fracaso en salud que exhibe el gobierno -rémora como el seguro popular-, privatiza ciertos sectores de atención, raciona citas en especialidades y clasifica a los adultos mayores en atención familiar con cuatro veces al año, con disminución en los tiempos de citas. Quienes resultan  afectados con estos cambios planteados por el operante Mike Arriola, son los trabajadores con empleo. Las cifras altisonantes que quizá se darán desde el gobierno este Primero de Mayo y la verdad que vive el trabajador mexicano, pueden ser totalmente diferentes. Lo han querido borrar del mapa, más en tiempos de fascismo como los que vivimos, pero Carlos Marx siempre está presente.

La globalización lacerante, las migraciones  desbocadas en el mundo, las guerras para apoderase de la riqueza ajena, la destrucción del planeta, entre muchos fenómenos,  tienen como fondo la deshumanización que afecta a los más débiles. A los explotados. La explotación del hombre  por el hombre en una lucha de clases que ahí está, no necesita comprobarse. No hablaremos de las grandes obras de Marx, como su trabajo cumbre El Capital, sino de un breve Esbozo biográfico (Editorial Anteo, Buenos Aires, 1981), de E. Stepánova. Es un librito de 85 páginas, importante para delinear la gigantesca figura de este alemán nacido en Tréveris , la Prusia renana en 1818, y que en este cinco de mayo se cumplirían 199 años de su nacimiento, a un año de su bicentenario. La autora va marcando los pasos agigantados que llevaron a Marx a doctorarse en filosofía a los 23 años con una  tesis en la que  rescata el materialismo de Epicuro: sus prolegómenos del materialismo histórico y el socialismo científico desde los 24 años y su gran amistad creadora con Federico Engels. Surgen en este librito sus discordancias con los socialistas utópicos Proudhon, Bakunin y otros; sus diferencias con los idealismos de Hegel del que sin embargo recató la dialéctica; la persecución de que fue objeto de parte de algunos gobiernos como el prusiano y la negativa de publicar sus documentos  muchos de los cuales fueron dados a conocer medio siglo o casi un siglo después; documentos clásicos que fue configurando con Engels, hasta llegar a El Capital.

Fue en febrero de 1848 cuando se dio a conocer en Londres el Manifiesto del  Partido Comunista (muchas ediciones en centenares de editoriales), “Obra inmortal de Carlos Marx y Federico Engels -dice la autora- (que) está penetrado de una noble inspiración creadora, de una arrolladora pasión revolucionaria. No solo es la síntesis de toda la fecunda  obra anterior de los fundadores del marxismo, sino también un gigantesco paso adelante en el desarrollo de la teoría revolucionaria del proletariado”. Y que concluye: “¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!”

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