La legalidad nunca fue el camino

Lo que me parece más ridículo, es la postura del YoSoy132: tanto si sea de su dirección central como de sus diversos brazos inconexos (y a veces no reconocidos por ellos mismos). Defienden la constitucionalidad y la democracia,

Considero que la resolución del Tribunal Electoral fue correcta en términos legales.

Después de varias aburridas horas de escuchar a los magistrados, uno por uno, espetar sus motivos para desestimar todos y cada uno de los argumentos legales que el Movimiento Progresista presentó para invalidar la elección presidencial, no me queda duda que están en lo correcto. Los detalles técnicos explicados por los magistrados fueron abrumadores para corroborar esto.

Eso no anula el problema: la legalidad misma.

Era ingenuo, muchos coincidimos, creer que esto podía suceder de otra manera: la izquierda se puso una soga al cuello en el momento en que optó por impugnar la elección. Esto es porque sencillamente lo que se conoce como “compra de votos”, forma parte de la dinámica  de hacer política; todos y cada uno de los partidos lo hicieron en menor o mayor medida. Lo anterior, queda claro, se lo debemos a años y años de cultura política priísta que finalmente se legalizó, legitimó y hasta institucionalizó.

En el momento en que los actores políticos opositores a Peña Nieto y el PRI (como el mismo Movimiento Progresista o el 132) adujeron que el problema no era la legalidad, sino la forma de aplicación de esta legalidad, entraron en un juego que nunca podrían ganar. Los hechos así lo demostraron instancia tras instancia: desde el día de la elección presidencial hasta la resolución de hoy.

AMLO y su grupo cercano tenían todo calculado, apostaron a dar la lucha legal hasta donde se pudiera y con ello lograr una que otra reforma a la ley electoral: dar dividendos políticos a la izquierda (cosa que no me parece tan positiva en manos del nefasto PRD) y seguir en su lento proceso de transformación política de base, en donde MORENA juega un papel importante.

Lo que me parece más ridículo, es la postura del YoSoy132: tanto si sea de su dirección central como de sus diversos brazos inconexos (y a veces no reconocidos por ellos mismos). Defienden la constitucionalidad y la democracia, pero no advierten que las reglas de ésta, al menos en México, incluyen (lamento decírselos) la “compra del voto” y la colusión de grupos de poder (ya sea de manera corporativista, caciquil o charril) con el poder. Dicho de otra forma: así funciona esta democracia y mientras no se denuncie la base de su constitución y operación resultará necia y estéril cualquier otra crítica interna.

Como el mismo Enrique Dussel, quien tanto los ha defendido, señaló hace poco: “o se organizan o desaparecen”. 

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