5 lecciones de la Magna Carta

Hace ocho siglos, los campos de Runnymede, a unos kilómetros de Londres, quedaron inscritos para siempre en la historia, junto con la carta de derechos que los barones obligaron a firmar al infame ?Juan sin tierra.? La Carta Magna, sellada en 1215 y ratificada definitivamente en 1297 constituye uno de los documentos fundacionales de las democracias modernas. Su trascendencia es visible en la 2Bill of Rights? inglesa; en la Declaración de Independencia y la constitución norteamericana y, a través de ella, en el mundo entero, como ejemplo de que incluso los reyes deben someter su voluntad a una ley que trasciende los caprichos de la burocracia. Algo que buena falta nos hace recordar.

Aprovechando este aniversario, les comparto las 5 grandes enseñanzas de este acontecimiento, que presenté hace unos días en el panel ?Magna Carta, plataforma de libertad?:

Las ideas trascienden el papel. Cuando encuentran eco en la conciencia de las personas y relevancia en las circunstancias en que éstas viven, para bien o para mal, transforman el modo en que entendemos el mundo y sus efectos permanecen muchos después de que los huesos de quienes las impulsaron se hayan convertido en polvo.

La Magna Carta no fue un hecho aislado, unos años antes se llevaron a cabo Las Cortes de León, consideradas el nacimiento del parlamentarismo europeo, pero su relevancia en la historia de dicho reino es mucho menor que la de la carta inglesa. Unos meses después de Runnymede, cuando el rey Juan quería dar marcha atrás en las concesiones, parecía que la Magna Carta estaba muerta, pero sobrevivió y su resistencia hizo posibles a las repúblicas modernas, al inspirar a los padres fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica y brindar el soporte histórico del parlamento británico.

La Magna Carta no fue una victoria automática. Por el contrario, prácticamente desde el momento en que secó la tinta, los barones tuvieron que luchar para que el rey hiciera válidas las provisiones acordadas. El documento se modificó en 1216, 1217 y 1225, para alcanzar su forma definitiva apenas en 1297, ya en el reinado de Eduardo I.

Por otra parte, aun reconociendo su extraordinaria importancia como punto de apoyo y referencia en la construcción de las libertades políticas dentro de las instituciones occidentales, la Magna Carta dista mucho de ser instrumento perfecto. Fue resultado de una negociación para atender problemas particulares e incluso entonces no le dio gusto a todos.

Del mismo modo, las luchas políticas de la actualidad, al menos aquellas que valen la pena, requieren el compromiso con una vocación de vida. No se resolverán en una legislatura y esa obsesión de los políticos por resolver los problemas con base en los ciclos electorales es la causa de muchas de las crisis sistémicas de nuestra democracia.

A eso se refería Don Manuel Gómez Morín cuando hablaba de la brega de eternidad, lástima que los panistas actuales cambiaron la brega de eternidad por la refriega de las circunstancias.

Lo mismo en la edad media que en la edad de la multimedia, existe un conflicto entre una concepción política que pone a las personas como fin y como centro de su acción y otra que las convierte en simples herramientas inertes para construir los caprichos del gobernante.

En esa época, los monarcas luchaban por ampliar su dominio, basándose en el ?recién? descubierto Digesto de Justiniano, mientras que del otro lado del ring la nobleza e incluso las personas de a pie consiguieron triunfos como la propia Magna Carta y su participación en las Cortes de León, convocadas por Alfonso IX en 1188.

Siglos después, Maquiavelo divorció la política de la ética, abriendo las puertas a la tiranía legitimada y Thomas Hobbes, sacraliza al estado, clamando que Nada existe sobre la tierra, que pueda compararse con él. Las consecuencias de esta sumisión de la justicia a los pies del gobernante se cuentan en más de 170 millones de personas asesinadas por sus propios gobiernos, tan solo durante el siglo pasado. Así que esta lucha es, literalmente, de vida o muerte.

Al leer a Sir Walter Scott en su ?Ivanhoe? y revisar la literatura ambientada en esa época, es muy tentador clasificar al rey Juan como el villano irredimible, a su hermano Ricardo ?Corazón de León? como el héroe trágico y a los barones como caballeros del bien, enfundados en brillante armadura. No es cierto.

La realidad es mucho más compleja, cada protagonista luchaba por sus propios intereses. El ?Corazón de León? fue un gobernante inepto (con un gran departamento de publicidad), que sumió a Inglaterra en un mar de impuestos para pagar sus delirios militares. Su hermano Juan era un patán en toda regla, incluso más inepto Ricardo. La comparación no era entre bueno y malo, sino entre malo y peor.

Los barones tampoco eran una sucursal de las Hermanas de la Caridad, pero, de la lucha entre estas facciones surgió un documento que rescataba las libertades tradicionales, para integrarlas en el sistema jurídico y garantizar su protección y este simple hecho fue un avance extraordinario.

Con esta convicción, Castillo Peraza decía que la política no es una lucha de ángeles contra demonios, sino que debe partir de la certeza de que el rival es un ser humano. Cuando olvidamos esta realidad y convertimos a los grillos en redentores, abrimos la puerta de la tiranía.

Al contrario, son inherentes a la dignidad de la persona humana y preceden al estado mismo. De ahí que los burócratas no tengan derecho a disponer involuntariamente de la vida, libertad o propiedad de los seres humanos. Cuando un gobierno aplasta estos derechos pierde por ese mismo acto cualquier pretensión de legitimidad, por más que intente cubrir sus faltas con propaganda. Así mismo, cuando las mayorías se dan la atribución de decidir por las minorías en estos aspectos fundamentales, la democracia se vuelve tan autoritaria como cualquier dictadura.

Por eso, citando a la declaración de independencia estadounidense estas verdades son evidentes, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su creador con ciertos derechos inalienables, que entre ellos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.?

Por cierto?

La OMS anunció que la carne procesada es cancerígena y la colocó al nivel del tabaco o los asbestos. Ahora, los burócratas sumisamente adoptarán sus ?recomendaciones,? destruyendo millones de empleos y anulando aún más la libertad humana para construir su macabra utopía. Amigo lector: Hoy cómase unos tacos, mañana podría ser demasiado tarde.

Personas libres y mercados libres

garibaycamarena.com

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