La muerte accidental de Héctor Ortega

Héctor Ortega
Héctor Ortega@andactores / Twitter

Nunca traté a Héctor Ortega, más allá de gozar su trabajo

Con unas horas de diferencia, dos grandes Héctores actores abandonaron este plano material para reunirse con su tocayo Héctor Lechuga. Primero se nos adelantó Héctor Suárez; después, con un poco de retraso, se fue al más allá de los allás, Héctor Ortega.

Pertenecientes a una generación sesentera, ambos Héctores coincidieron en los mismos espacios dramáticos de búsqueda y crítica social. Trabajaron juntos en la película “Las fuerzas vivas” (Luis Alcoriza, 1975, con guión de Luis Alcoriza y Juan de la Cabada), ambicioso proyecto sobre la revolución mexicana, donde aparece una pléyade humorística que incluye a Carmen Salinas, Héctor Lechuga, Chucho Salinas, Sergio Ramos “el Comanche”, Amparito Arozamena, Gastón Melo, Yuyú Varela y Manuel Medel, entre otras luminarias; y “Silencio: Locos trabajando”, coescrita con Alejandro Jodorowsky, donde dirigió a Héctor Suárez, Susana Alexander, Fernando Luján, Martha Navarro y Alfonso Arau, que ganara el Primer Premio del Festival de Verano del Instituto Nacional de Bellas Artes, en 1966.

Héctor Ortega, lo mismo se hizo célebre como el carismático reo trastornado por el síndrome de histriomanía, en la farsa del Premio Nobel, Darío Fo: “La muerte accidental de un Anarquista”, que como el pícaro Don Darvello Granados Linares, de la serie infantil “Alegrijes y Rebujos”, pero sobre todo, se le recuerda por tomarse muy en serio el humor, no solo en la práctica, sino también analizándolo, estudiándolo, perfeccionándolo. Interesado en mejorar la estructura del sketch, formó un grupo de estudios con María Luisa Alcalá, Armando Vega-Gil y Joaquín Garrido.

A principios de los años setenta, se reunió seis meses con Alfonso Arau para investigar el humor mexicano, y una de sus actividades consistió en visitar pulquerías, para recopilar y analizar albures; en una de esas excursiones descubrieron un dibujo en el baño, de un águila con pies humanos, y la leyenda: “cagar de aguilita”. Bajo los influjos de “la baba de oso”, llegaron a la conclusión de que era Quetzalcóatl, y de ese modo construyeron al “Águila descalza”, que primero fue un comic, y posteriormente el guion de la primer película de Alfonso Arau, en 1971 (que coescribieron con Pancho Córdova y Emilio Carballido) sobre un superhéroe mexicano inspirado en Arau: superhéroe descalzo, con una playera del Necaxa, una cachucha volteada como máscara y una capa de torero como capa.

En 1974, Héctor Ortega, junto con Juan de la Cabada y Rius, escribieron el guion de la segunda película de Alfonso Arau: “Calzonzin Inspector”, una adaptación de “El Inspector” de Nicolas Gogol, con los personajes del comic “Los Supermachos”. Rius se quejó del resultado, aunque no tuvo tanta participación en el guion, pues según me dijo el propio Arau, “casi todos los chistes los inventó Héctor Ortega”.

Alfonso Arau confiaba plenamente en el ingenio de Héctor Ortega. Cuando escribimos juntos un guion de comedia hace tres años (junto con la guionista Silvia Colín), aseguró: “Cuando terminemos el guion, se lo enseñamos a Héctor Ortega y que le meta chistes”. No fue necesario, pues el texto quedó bastante hilarante.

Pepe Buil (otro amigo con el que estoy trabajando un guion), escribió y dirigió “La leyenda de una máscara” en 1991, donde Héctor Bonilla protagoniza al “Ángel Enmascarado”, basado en “Santo, el enmascarado de plata” (cuyo verdadero nombre no pudo usar por derechos de autor). Allí, Héctor Ortega interpreta a Juan J. Luna, que en realidad es José G. Cruz, el hombre que llevara al “Enmascarado de plata” a la fama internacional, sacándolo del ring de la lucha libre para llevarlo a una mezcla de historieta con fotonovela, y después a la pantalla grande, antes de que el propio Santo se diera cuenta de su potencial comercial y se independizara de su descubridor. Héctor Ortega se consagró así con otro importante papel cinematográfico.

Nunca traté a Héctor Ortega, más allá de gozar su trabajo, sin embargo, coincidimos dos veces. La primera, en la revista “La Garrapata, tercera época”, que en 1979 dirigían Helioflores, Sergio Arau, Antonio Caram, Rius y Efrén; allí debuté a los quince años de edad, como caricaturista y escritor humorístico, y donde colaboraba Héctor Ortega, cuyos textos me hacían reír muchísimo.

La segunda, en “De par en par”, un programa cómico para Multivisión, actuado, producido y dirigido por Sergio Bustamante, en 1986, donde también actuaban Margarita Isabel y Héctor Ortega, allí escribí sketches (el que más recuerdo, es donde Héctor Ortega es un hombre lobo que se mete a una casa para comerse a sus habitantes, y es golpeado salvajemente por una señora, que cree que se trata de su marido, llegando borracho de una fiesta de disfraces).

Las luces de una marquesina que brilló poderosamente en los años sesenta, se están apagando, de la que quedan encendidos algunos focos: Héctor Bonilla, Alejandro Jodorowsky, Susana Alexander, Alfonso Arau y el músico Nacho Mendez. Todos ellos coincidieron en las tablas del teatro, en el set de cine, en el foro de televisión, tanto en obras de gran intensidad dramática, como en la comicidad más desternillante.

Descanse en paz Héctor Bernardo Ortega Gómez; humorista, actor, autor, escritor, director de cine, teatro y televisión.

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