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Joe Biden, presidente de Estados Unidos, rindió un primer informe de labores con motivo del cumplimiento de los primeros cien días de su gobierno.

Los primeros 100 dias

Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, rindió un primer informe de labores con motivo del cumplimiento de los primeros cien días de su gobierno. El lector recordará aquellos penosos sucesos acaecidos en Capitol Hill en el marco de la confirmación, por parte del Senado, de la victoria electoral del cuadragésimo sexto líder -aún- de la llamada libertad occidental.

Biden, el presidente más viejo en la historia del país, se presentó ante un Congreso semi vacío, y ante los ciudadanos estadounidenses como un jefe de Estado con una clara visión de Estado, y presentó el abanico de iniciativas que serán implementadas a lo largo de los próximos cuatro años, así como aquellas en curso.

El discurso inició con una oportuna referencia a que él -Biden- ha sido el primer presidente en llamar a una mujer vicepresidenta, y a la vez, contar con una Vocera de la Cámara de Representantes (Speaker of the House) como presidentas del Senado y de la Cámara Baja, respectivamente. El acto sí que tuvo emotividad y provocó reacciones positivas tanto en legisladores demócratas como republicanos.

Los estadounidenses deben celebrar la exitosa campaña de vacunación que ha tenido lugar en todo el país, aquello derivado no únicamente de los esfuerzos del gobierno federal y de sus agencias, sino gracias a la colaboración de los gobernadores y alcaldes a lo largo del extenso territorio. En este contexto, el presidente Biden expresó que el 70% de los adultos mayores han sido vacunados con una segunda dosis, y a que ahora todos los adultos son elegibles para recibir una primera inyección. Aun más destacable -así lo señaló el presidente- es que más de 90% de los ciudadanos estadounidenses contarán eventualmente con un centro de vacunación a alrededor de 5 millas ( 8 kilométros) de su domicilio.

En otras palabras, la campaña de vacunación en Estados Unidos ha sorprendido a todos, y ha puesto nuevamente el ejemplo de cómo una adecuada articulación de esfuerzos transversales conducen invariablemente hacia buenos resultados. Según se prevé, este país alcanzará, al tiempo que lo hacen otros como Reino Unido e Israel, la inmunidad colectiva dentro de los próximos meses.

Enseguida, el presidente Biden puso el acento en el programa de apoyos más ambicioso desde el New Deal de Roosevelt, y de cómo el gobierno planea la eliminación de la pobreza infantil en un 50% ¡50%! Sin duda, proyecciones envidiables para países que sufren diariamente del azote de la escasez alimentaria.

La agenda de Joe Biden sí que podría parecer sobremanera ambiciosa, y si se quiere, irrealizable, pues recordemos que los estadounidenses suelen arrebatar al partido gobernante la mayoría en alguna de las Cámaras en las elecciones intermedias. Por tanto, si el Partido Republicano recupera mayorías en el Legislativo, la agenda progresista de Biden podría verse truncada, así como lo fue la de Obama tras la derrota en 2010

Sin embargo, y aquí sí que vale enfatizar, Biden envío un mensaje optimista por el cual aseveró que el Estado está de vuelta, y que combatirá la desigualdad educativa y sanitaria mediante políticas pertinentes que hagan posible el mejoramiento del nivel de la mayoría de los ciudadanos estadounidenses. El presidente demócrata -sea por convicciones propias o por exigencias políticas al interior de su partido- se ha mostrado al mundo como un jefe de Estado que cree en la ciencia, en la evidencia empírica, y que hará de su gobierno un actor que intervenga activamente en la vida económica de su país.

Mientras ello ocurría en Washington, el presidente López Obrador reiteraba su voluntad de hacer retroceder la democracia, violaba la letra constitucional con su intervención voluntaria en las decisiones del INE en relación con las candidaturas de Morena, y desplegada sus habituales mensajes populistas que, desafortunadamente, nada abonan al bienestar de la nación. Mientras unos avanzan, otros retroceden. Nuestras diferencias con el vecino del norte no se ciñen a capacidades económicas, sino que se extienden a otras latitudes.