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Las mañaneras presidenciales son, a todas luces, espacios de propaganda gubernamental, y en ocasiones, de lecciones de historia y catecismo.

El consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, informó ayer acerca de la prohibición de que sean transmitidas las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador, desde el 4 de abril hasta el 6 de junio de 2021, en el contexto de las elecciones más extensas en la historia del país.

López Obrador, por su parte, criticó inmediatamente la declaración de Córdova; lo que se sumó a sus polémicas expresiones en torno a la censura implementada por redes sociales como Twitter y Facebook contra Donald Trump tras los sucesos del Capitolio. Adicionalmente, la polémica con Córdova se inscribe en el contexto de los embates del presidente contra los organismos constitucionales autónomos; luego de su pretendida iniciativa contra el IFT, y aun más recientemente, contra el IFAI.

Las declaraciones de Córdova en relación con las mañaneras responden a la autoridad inequívoca del INE – y respaldadas por el Tribunal Electoral de la Federación- de coordinar los comicios y de regular el actuar de los funcionarios públicos durante la duración de las campañas electorales. En este sentido, las mañaneras presidenciales son, a todas luces, espacios de propaganda gubernamental, y en ocasiones, de lecciones de historia y catecismo. Por ello, la interpretación que hace el INE del artículo 134 constitucional es pertinente y acertada, pues el instituto es el organismo responsable de garantizar la equidad de las elecciones.

Sin embargo, López Obrador conoce sobremanera la fuerza de su discurso, y que su alta popularidad y aceptación general descansa sobre esos espacios diarios matutinos. En otras palabras, las mañaneras son su espacio discursivo natural que le han permitido sortear los grandes errores y omisiones de su gobierno. Por lo anterior, no está de acuerdo en que dejen de ser transmitidas por tres largos meses.

Por primera vez veremos la actuación del presidente López Obrador como jefe de Estado en el marco de unos comicios electorales. Si bien su desdén por la ley ha sido manifiesto en aquellas materias que contravienen los objetivos de su autoproclamada cuarta transformación, siempre bajo el argumento de la justicia de acuerdo a una interpretación hecha por él mismo, los mexicanos debemos esperar que se abstenga de involucrarse directamente en la regulación de los comicios, pues NO le corresponde de acuerdo a nuestro Derecho vigente. De lo contrario, estaría cometiendo los mismos pecados que durante sus años en la oposición criticó del PRI y del PAN.