El Broncodron, otro fracaso

Jaime Rodríguez Calderón.
Jaime Rodríguez Calderón, 'El Bronco'.Cuartoscuro.

Jaime Rodríguez Calderón es un fracaso.

Simbólicamente, el dron adquirido por el gobierno de Jaime Rodríguez Calderón dibuja de cuerpo entero el fracaso de esta administración que apenas, muy apenas, levantó un vuelo accidentado y, cuando quiso aterrizar, chocó. El “avión no tripulado” pretendió ser un adquisición de lujo para combatir la inseguridad en Nuevo León. Sus resultados fueron mediocres, como mediocres son los resultados del Bronco.

Ante la pompa de la presentación del dron el 19 de marzo en la Explanada de los Héroes de la Gran Plaza, se impuso la circunstancia: el dron nunca sirvió y, para mantener la secrecía, es mejor devolverlo. Antes de que se convirtiera en un desgaste como el cobijagate (una compra millonaria de cobertores fantasmas, vendidos por una empresa fantasma, pero pagados con dinero contante y sonante), el Bronco prefirió este aterrizaje forzoso, no rendir cuentas y mantener en la opacidad el gasto inútil, millonario, del dron. El avión no tripulado se devuelve, ¿se devolverá el dinero no invertido, gastado, a las arcas de la tesorería estatal?

Jaime Rodríguez Calderón es un fracaso. En Nuevo León no existe obra pública; Monterrey es la ciudad más contaminada de América latina; la inseguridad de nuevo se enseñorea en los municipios; la economía no va; las inversiones son provocadas por la iniciativa privada, no por el gobierno; no existe inversión social; al gobernador se le puede destituir por su campaña presidencial, por las llamadas broncofirmas; la suegra del gobernador, a quien le aumentaron el sueldo para que tuviera una jugosa pensión, representa la corrupción familiar, la propiedad privada de las funciones públicas; el galopante enriquecimiento del Bronco no se justifica…

Opaco, sin rendir cuentas, el gobierno del Bronco nunca pudo volar, se quiso presidenciable y terminó arrastrando el apellido. Simbólicamente, el fracaso del dron es el fracaso de Jaime Rodríguez Calderón. El Bronco pretende un perdón, un olvido. Sólo sucederá si los diputados locales, alineados-maiceados, lo permiten. Sólo sucederá si el fiscal Anticorrupción, Javier Garza y Garza, se hace de la vista gorda con sus indagatorias.

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