La impunidad y el “Monstruo de Ecatepec”

juan n
Secuestros, violaciones sexuales, torturas, asesinatos, desmembramiento de cuerpos y hasta canibalismo, son algunas las atrocidades que cometió la pareja de asesinos.Internet

No hay duda de que la historia de Juan Carlos “N”, hoy conocido como el “Monstruo de Ecatepec”, es abominable. Y es que todo el horror imaginable se concentra en un feminicida serial y su pareja, Patricia “N”, la cual, por cierto, sirvió como enganchadora de jóvenes mujeres.

Secuestros, violaciones sexuales, torturas, asesinatos, desmembramiento de cuerpos y hasta canibalismo, son algunas las atrocidades que cometió la pareja de asesinos.

De acuerdo a especialistas en psiquiatría y criminalística, detectar a un asesino serial no es tarea fácil debido a que, en su mayoría, son personas con coeficientes intelectuales altos, y es por ello que planifican con detenimiento sus homicidios para no ser identificados con rapidez por las autoridades. Lo anterior puede sonar lógico si nos remontamos a personajes como “El asesino del Zodiaco”, “El hijo de Sam”, Charles Manson o en el caso de México, a “Goyo” Cárdenas, solo por mencionar algunos. Sin embargo, en el tema del “Monstruo de Ecatepec”, va quedando al descubierto que era un tipo descuidado en su proceder homicida, por lo cual, las aberraciones que cometió sin ser detenido antes, podrían entenderse más por una falla en las instituciones encargadas de velar por nuestra seguridad, que por la propia inteligencia del asesino.

Hoy sabemos que la mayoría de las victimas del sádico Juan Carlos “N” eran vecinas o conocidas de la pareja, que los familiares denunciaron la desaparición de las jóvenes mujeres y que el Monstruo” tiraba los restos de los cuerpos en lotes baldíos cercanos a su domicilio. Es decir, con tal cantidad de errores cometidos por el feminicida, y si en su momento los encargados de la investigación hubieran hecho su trabajo, se podría haber detenido al asesino evitando la muerte de muchas chicas. Sin embargo, como es costumbre, una gran mayoría de ministerios públicos, fiscales, procuradores y policías, son inmunes a la empatía con las víctimas y tienen como ocupación primordial burocratizar cualquier trámite de denuncia.

A lo anterior hay que sumar el hecho de que, de acuerdo a cifras hechas públicas por el INEGI, Ecatepec es el municipio en el que sus pobladores perciben el mayor porcentaje de inseguridad en todo el país. Y no es para menos, pues en esa zona del Estado de México, los delitos como la extorsión, el secuestro, narcomenudeo y los feminicidios son el pan de cada día.

Entonces, si el modus operandi de Juan Carlos “N” era hasta cierto punto torpe, si las familias de las víctimas denunciaron ante el gobierno municipal y estatal la desaparición de sus hijas, y si es evidente que el municipio en cuestión es una verdadera miscelánea delictiva; entonces es inevitable pensar que, más allá de lo complicado que es descubrir a un asesino serial, en este caso como en cientos más, ha quedado expuesta la impunidad, esa maldita impunidad que tiene en su haber muchos más muertos que el “Monstruo de Ecatepec”.

 

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