En su discurso de derrota, la candidata demócrata Hillary Clinton dijo que no fue posible romper el más alto y duro techo de cristal al que nos enfrentamos las mujeres. Y agregó: “pero lo haremos, y espero que antes de lo que podemos pensar ahora mismo”.

El techo de cristal es el límite invisible de ascenso laboral que desafiamos las mujeres a nivel mundial, aún después de todos los avances que se han logrado en materia de equidad de género. Es una barrera que pocas mujeres han logrado traspasar.

En México, esta barrera no es tan invisible, en ocasiones es impenetrable y contrario a lo que se pensaría, en los últimos meses se fortalece. Hoy en día la mujer puede acceder a la educación y preparación profesional para tratar de competir en igualdad de circunstancias para obtener un cargo en los altos mandos de cualquier ámbito, ya sea público o privado.

Pero los números no mienten, las mujeres ocupan solo 17% de altos cargos públicos en nuestro país, y en la iniciativa privada el porcentaje se reduce, pues sólo el 10% de los altos mandos son ocupados por mujeres, a pesar de que el 40% de la población económicamente activa son personas del género femenino.

En el caso de la elección de gobernantes, uno de los constantes cuestionamientos entre el electorado cuando se trata de elegir entre los candidatos a una mujer, es si está es capaz de gobernar, si cuenta con las capacidades físicas e intelectuales para hacerse cargo de la administración de un municipio, estado o país, entre otras.

En pleno siglo XXI estas continúan siendo las preguntas al momento de elegir a una mujer. Peor aún en la iniciativa privada,  donde las mujeres se enfrentan a mayores retos o “barreras” para ser consideradas a un mando superior, uno de las cuales tiene que ver con su condición de madre, ya que en ocasiones se les descalifica por esta razón, como si ello las incapacitará para cumplir con mayores responsabilidades o la toma de decisiones.

Es por ello que un mayor número de mujeres profesionistas deciden postergar la maternidad. A mí ya me sucedió, por ser madre, en alguna ocasión, un exjefe ni siquiera se me cuestionó la posibilidad de aceptar un puesto con mayores responsabilidades. Y como a mí, a millones de mujeres a nivel mundial.

Como bien advierte Hillary Clinton el techo de cristal es duro y en ocasiones muy alto, pero a pesar de todo, hoy estamos más que nunca, cerca de quebrarlo, romperlos a pedazos. En este punto, quisiera hablar de  las mujeres, quizás haría falta mayor sororidad, es decir una alianza más poderosa.