Columnas

II Informe: crisis económica y cambio del modelo de acumulación en la 4ª. república

Libre mercado.Omar Martínez /Cuartoscuro

Un punto álgido que merecerá la atención y explicación del presidente será el estado de la economía

El martes 1º de septiembre, el presidente de la República, Lic. Andrés Manuel López Obrador, emitirá por mandato constitucional su II Informe de Gobierno sobre “el estado que gurda la administración pública federal”. Lo hará a la nación, a los otros dos poderes de la República y, en forma un poco más lejana, al entorno internacional, que está pendiente de lo que está sucediendo en México, de la marcha de la 4ª república o 4ª transformación como le dicen otros.

Un punto álgido que merecerá la atención y explicaciones del presidente AMLO será el estado de la economía. No es posible evaluar la situación de ella sin hacer alusión a la corrupción sistémica, estructural, y a los distintos episodios de captura del Estado que han tenido a las finanzas públicas como su centro de afectación fundamental. Hablar de la economía mexicana sin tomar en cuenta la depredación que han sufrido las finanzas públicas es “hacerle a la avestruz”, sesgar el análisis y no resulta serio ni útil. Ello involucra de manera directa a los ex presidentes de este siglo, a los partidos políticos que les apoyaron antes, durante y después de sus mandatos y el resultado de sus administraciones, así como a los intelectuales orgánicos que los soportan con sus opiniones, ensayos, entrevistas, programas en televisión, libros y otros medios.

Para un análisis útil es indispensable tomar en cuenta cuatro cuestiones: el entorno global-regional; el inmenso daño económico causado por la pandemia; la depredación brutal de las finanzas públicas en los últimos tres sexenios y el proceso de cambio en el modelo de acumulación de capital para México. Dentro de las limitaciones de espacio que impone al análisis un artículo periodístico. Ofrecer datos sueltos, inconexos y sin contextos como se está haciendo, no abona al debate.

Hay tres factores que afectaron severamente la economía mundial en 2019: las disputas comerciales (sobre todo China-EU), inestabilidad financiera y tensiones geopolíticas, resultando en una caída de 2.3% del PIB mundial (ONU). Asia Oriental sigue siendo la región más dinámica, y China creció al 6.1 % anual ese año. La economía estadounidense, el mayor motor externo de la economía mexicana, creció 2.2% mismo año. América Latina y el Caribe tuvieron una contracción económica de -0.8% en 2019, y en México se contrajo la economía en 0.4% en su PIB (INEGI), dicho año. En suma, la economía nacional quedó inmersa en una triple tendencia contractiva, una desaceleración y una debilidad: de la economía mundial, de la economía subregional y la propia, más la desaceleración de su principal motor externo (EU, creció 2.8% en 2018). Sus lazos con Asia Oriental y China en particular, aunque han crecido, no son tan importantes como se desearía.

El entorno global-regional es determinante toda vez que la economía mexicana es una de las más abiertas del mundo a los flujos externos debido al modelo económico implantado de apertura, libre mercado e inserción mundial en la globalización.

En tales condiciones tendenciales, habría sido un milagro o una hazaña contender exitosamente con cuatro factores del entorno global-regional a la vez en un año, aunque cada uno pega diferenciadamente. Los más graves son tres: la desaceleración estadounidense, la contracción económica nacional y la debilidad comparativa de los lazos con Asia Oriental. Si esta última fuera mucho más robusta actuaría como contra tendencia por el gran dinamismo asiático-oriental.

En 2020 nuestro poderoso motor externo tuvo una caída económica interanual en el periodo abril-junio de 32.9% (entre el segundo trimestre 2020 respecto al segundo trimestre 2019), solamente en el segundo trimestre de 2020 la economía de EU cayó 3.9% (ahora comparada con el primer trimestre del mismo 2020). Esto significó para México la pérdida de un apoyo fundamental. La perspectiva es que en el tercer trimestre (julio-septiembre) se recupere 17% respecto a la caída del segundo trimestre (Infobae-Bloomberg). Buenas noticias para México.

Nuestra economía cayó al término del segundo semestre (enero-junio) 18.9% respecto al mismo periodo de 2019. En el primer trimestre (enero-marzo) la contracción económico fue de solo 2.2% (respecto al mismo periodo del año anterior). Fueron las actividades industriales y de servicios las más afectadas al caer en 26% ese periodo (INEGI).La economía tocó fondo en este segundo trimestre, es claro. Viene la recuperación estimada en un 7.6% del PIB respecto del último trimestre (el de mayor caída) con la reapertura gradual de las actividades económicas y la reactivación social (Banxico), el cual sería el primer trimestre con desempeño positivo luego de cinco consecutivos de contracción.

Los retos de México con Asia son muy grandes, pero el nombre del juego es doble: integración y competitividad. Asia-Pacífico, y especialmente Asia-Oriental constituyen para México una opción de una tercera regionalización de su economía (primera América del Norte, segunda UE). Se ha dicho que el siglo XXI es el siglo de las potencias asiáticas emergentes convertidas en poderes de dimensión global. El caso de China lo constata. El siglo XXI es el siglo del Pacífico, como lo fue el siglo XX del Atlántico.

México está obligado a dar un paso estratégico mediante un Plan-Programa estratégico: la integración de su economía a la región del Pacífico, que correspondería a una diversificación geoeconómica y geoestratégica de gran alcance, sin renegar de nuestros compromisos actuales. No es fácil, ya vimos la reacción de EU ante la visita y los acuerdos anunciados con el canciller de la Federación de Rusia hace pocos meses, así como “la cláusula antichina” en el T-MEC. No obstante, el arte y la ciencia de la política es la capacidad para sortear obstáculos de todo tipo ante la contraposición de intereses en juego. Decía hace unos años Pro México: “México está muy norteado y muy desorientado”. Correcto.

La 4T en la economía pretende implantar un nuevo modelo de acumulación de capital para el crecimiento, sobre 6 pivotes: i) coligar el motor de expansión hacia los mercados externos (por eso la defensa y promoción del T-MEC) con el motor de crecimiento hacia el mercado interno (los programas sociales, los mega proyectos, la agricultura soberana en alimentos, la autosuficiencia energética, las pensiones, el salario mínimo, y tantos más) para generar poder adquisitivo, demanda solvente y dinamismo interno mediante el consumo y la inversión pública); ii) la redistribución del ingreso nacional (solo puede hacerse por dos vías, el mercado o la economía pública) mediante el presupuesto público y los programas prioritarios: en 2020 se destinaron 450,000 millones de pesos a ellos que potencian el consumo privado; iii) una recuperación del rol inversionista del Estado, no solo en infraestructura, sino en actividades directamente productivas (energía, agricultura ecológica, agro negocios, turismo, inversiones mixtas con el gran capital privado y de este con el capital extranjero, como vimos en la Casa Blanca); iv) mediante el reforzamiento fiscal de la economía pública: el SAT informó que en los primeros 6 meses del año 2020 logró una recaudación histórica de ingresos tributarios de “Grandes Contribuyentes” concentrados en 516 empresas (industria y servicios) por 64,242 millones de pesos (enero-junio), tres veces más de lo recaudado en 2019 y cinco veces más que en 2018; v) la lucha contra la corrupción para el saneamiento de las finanzas públicas: según el FMI México puede recaudar bloqueando la corrupción hasta 3% del PIB, porque este flagelo impacta muy negativamente toda la actividad económica. Por ejemplo: el índice de Soborno en México cayó entre 2017-19 del 51% al 34%. Una cifra aproximada que dio el presidente AMLO entre ahorros y recuperaciones por corrupción se han obtenido: 230,000 millones de pesos. Y puede haber mucho más; y finalmente vi), los aspectos anteriores tratados están en la ruta de reconstruir las finanzas públicas empezando por los ingresos de CFE y Pemex que llegaron a ser de 100,000 millones de USD, para partir de ella y crear un nuevo dinamismo económico para el crecimiento.

Por lo tanto, hablar de economía, de crisis económica sin contextualizar nada, es un tiempo mal empleado, debemos entender que además de los factores mencionados que gravitan sobre la economía nacional, hay un proceso de cambio de modelo económico que hace más complejo todo lo relativo a la inversión desde la empresa privada, dado que restringen la inversión porque No es el modelo que crearon para ellos. Otra vez la simplonería dice que se “ataca a la empresa privada”. Bueno, hay quienes ya no tienen remedio.