La creación y puesta en funcionamiento de la Guardia Nacional es uno de los grandes proyectos del presidente López Obrador. En medio de la polémica en torno a sus funciones, conviene recordar algunos elementos que la componen. Hace algunos días el gobierno federal dio a conocer el nuevo logo del cuerpo. En él, Cuauhtémoc, último emperador azteca, es correctamente representado como un valiente guerrero que defendió heroicamente Tenochtitlán contra la invasión española. La utilización de cierta gama de colores hizo recordar a las redes sociales la marca de una conocida cerveza mexicana.
El episodio sería anecdótico si no fuese parte de una estrategia histórico-medíatica dirigida a hacer penetrar un mensaje divisorio en torno a la identidad mexicana. Se trata de un patrón recurrente del presidente y del partido gobernante. ¡Sí señor presidente! Benito Juárez, indio zapoteco, fue el gran presidente liberal quien combatió al imperio de Maximiliano, pero también Sor Juana Inés de la Cruz -criolla- es un símbolo de nuestra nación.
El desdén hacia la herencia española es una traición a la historia de México. Héroes de la independencia nacional como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende y Agustín de Iturbide, entre otros, pertenecieron a la élite criolla -descendientes de españoles peninsulares- aquella que gozó de ingentes privilegios en la Nueva España y que buscó patrióticamente reivindicar sus derechos políticos en una sociedad novohispana gobernada por peninsulares.
Recordemos igualmente que el presidente López Obrador, hace algunas semanas, exigió disculpas el rey de España por las “atrocidades” cometidas por los españoles durante la Conquista, en un intento de hacernos recordar que España es una nación extranjera cuyos objetivos imperialistas provocaron ominosamente la caída del imperio azteca. El hecho provocó una cadena de reacciones, tanto en México como en España, en torno al intento del presidente de revivir la leyenda negra española con fines politicos. Quizá el jefe del Estado no tendría presente que fue la corona de Castilla -no el Estado español moderno- quien realizó la empresa de la conquista de América. Debemos igualmente recordar las leyes protectoras y paternalistas del Imperio español en relación con los pueblos conquistados, en claro contraste con lo que ocurría contemporáneamente en otras regiones de Norteamérica entre los colonizadores ingleses y los pueblos amerindios.
El lema de la Guardia Nacional reza “Cuauhtémoc, héroe de los mexicanos, simboliza la defensa de la patria y la protección del pueblo, convicciones de la Guardia Nacional”. Mensaje lleno de simbolismo y de transgresión histórica. El llamar México -en sentido moderno- a la Tenochtitlán del gran Cuauhtémoc es incorrecto a todas luces, al igual que lo sería Teotihuacán, Uxmal, Chichen Itzá, Tulum o Palanque. Por otro lado, la patria no es la gran Tenochtitlán, sino el resultado de trescientos años de mestizaje que condujo a una nación independiente en 1821: nación católica, heredera de la Constitución de Cádiz de 1812, de lengua española, y originariamente, amante de la tradición monárquica de los Borbones españoles.
El mensaje divisorio del presidente no enriquece la vida nacional, sino que la empobrece y la lacera. Como mexicanos, debemos reivindicar las invaluables aportaciones de las culturas prehispánicas a la historia de México; pero debemos reconocer igualmente la rica herencia española representada en nuestra lengua, religión, arquitectura y tradiciones, así como los lazos que unen a México con España. La historia de México no debe dividir ni ser utilizada con fines políticos, sino que debe estar siempre al servicio de la unidad nacional.
