Columnas

El contagio del presidente ha generado un gran apoyo nacional e internacional, pero también el odio casi irracional.

Al fin sucedió lo que muchos temían y otros deseaban. Que el presidente López Obrador enfermara de Covid-19. Él mismo lo anunció en domingo 24 de enero. De hecho, tardó mucho en contagiarse. De ahí que sus odiadores, los acosadores, los fascistas especularan que ya se había inyectado “en lo oscurito”; sí, la oscuridad que ellos acostumbran. 

Y se demostró lo contrario. Porque de haberlo hecho el 23-24 de diciembre pasado –como pudo hacerlo por cuestiones de seguridad, por ser el presidente-, cuando inició el proceso de vacunación en México, se lo “habrían acabado” las críticas y reclamos; mas ha actuado democráticamente. 

Pero al enfermarse, los que lo habrían hostigado por vacunarse por anticipado de acuerdo a los criterios establecidos, ahora desean su pronta sustitución y aun su muerte.

En este punto, el presidente también tiene que aceptar parte de la responsabilidad, pues ha negado obstinadamente el uso del cubrebocas (al salir de la crisis tendrá que cambiar radicalmente) y, en el caso particular del contagio, desde el miércoles 20 de diciembre observé un relajamiento de los protocolos entre su equipo cercano. 

Se vio lo que no había sucedido y que está estrictamente prohibido en estos momentos, el saludo de hombros, codos y puños, tal cual estimuló entre sus colegas, el presidente y los gobernadores desde ese día y en la gira por Nuevo León y San Luis Potosí, la nueva secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez; se puede constatar en los videos de esos días.

El contagio del presidente ha generado un gran apoyo nacional e internacional, pero también el odio casi irracional (cuando no ignorante) de quienes han perdido privilegios, los que desesperan por volver al tiempo de la corrupción prianista, los clasistas, los censores, los acosadores y fascistas. 

Afortunadamente, aunque violentos e iracundos, manipuladores, farsantes y especuladores, son minoría. El espumarajo de odio no ha permitido a ese porcentaje, que probablemente no llega al 20%, organizarse de manera eficiente. ¡Pero cómo, si representan la escoria del país, sean ciudadanos o pseudo comunicadores! Su propuesta tiene que ser necesariamente hipócrita, mentirosa, manipuladora para aliarse a los de su calaña y engañar bobos.

Estamos en un momento difícil. Y quienes de manera consciente hemos impulsado el cambio histórico por lustros y decenios, tenemos que manifestar y accionar nuestro apoyo. Frente a esos odiadores fascistas y frente a los supuestos analistas “objetivos” (cosa que no existe) que son poco propositivos, en mi caso, he construido una línea clara ya establecida en varias ocasiones: Apoyo crítico y crítico apoyo.

En medio de la orgía de corrupción mexicana prianista preexistente, el apoyo crítico se otorga a un gobernante y un gobierno con ese programa de cambio por el cual se ha luchado desde siempre. Y se apoya el programa social, educativo, económico, estructural, de salud, pero sin dejar de lado la crítica a los errores y las fallas en el desarrollo del programa; la crítica tiene que ser puntual para propiciar las correcciones y mejoras.

El crítico apoyo se da en los momentos de crisis. Cuando ese proyecto de gobierno y país que se procura está acechado por imponderables de la realidad o la mentira, y el odio de los fascistas. Como cuando AMLO tuvo desencuentros con Trump, cuando hizo frente a las crisis migratorias, ante catástrofes naturales o la pandemia. Ahora, ante su crisis personal, la enfermedad del virus letal. Este es un momento en que se hace crítico el apoyo.

Y es que más allá de la pérdida de privilegio, el deseo del retorno de la corrupción, la mentira, la especulación, la censura, resulta complejo entender y explicar el odio exacerbado, ese que se destila, que escurre literalmente de los hocicos de los odiadores y que se manifiesta en las redes sociales y en los medios tradicionales. Incluso entre profesionales médicos que han deseado la muerte del López Obrador.

Y ante ello, ¿cómo se explica que Twitter, por ejemplo, no cancele en definitiva cuentas de odiadores, acosadores, mentirosos, criminales y fascistas y bloquee o cancele para siempre la de ciudadanos que simpatizan con López Obrador y su proyecto? ¿Tiene que encontrarse la explicación en la identidad de la empresa versión México con el panismo? Mi caso como ejemplo. Mantienen bloqueada mi cuenta desde diciembre 30 por la acción fascista de un pseudo periodista y sus acosadores que distorsionaron un tuit del 13 de febrero de 2013 para acusarme de promover el odio cuando quienes lo destilan desde su biología corrupta son ellos. Puedo afirmarlo: hasta ahora, soy víctima de esos facinerosos y del twitter.

La mayoría de los mexicanos (70-80 %) desea el pronto restablecimiento de la salud del presidente. Lo cierto es que, pese a la enfermedad, no deja de trabajar para el país, mantiene el monitoreo de los eventos y procura el bien para los mexicanos. 

Por ello, ha acordado con el presidente de la federación rusa, Vladimir Putin, 24 millones de vacunas; los miserables tratan de socavar incluso este acuerdo, pero el ánimo y el programa continúan adelante.

Aquí va mi videocolumna sobre el tema del presidente, su enfermedad y las reacciones: