5 de diciembre de 2021 | 19:33
Opinión de Alberto Rodríguez

    Hay que ser harto clasista para burlarse de alguien que dice 'votastes'

    Personajes como Javier Lozano o Jorge Triana son muy buenos para el diccionario, pero muy malos para entender los fenómenos de la lengua.
    La lengua va mucho más allá del dedillo
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    Si alguien pregunta a personajes como Guillermo Sheridan, Ángel Verdugo, Jorge Triana, Julio Patán o Javier Lozano el nombre de ese género teatral y musical de origen hispano, similar a la opereta francesa, tengan por seguro que de sus bocas saldrá algo mucho más cercano a ‘sarsuela’ que ‘zarzuela’.

    ¿Acaso han respondido mal? No, por supuesto que no. El español mexicano tiene como característica el seseo y nadie pronuncia la zeta como nuestros amigos peninsulares, a saber, inventores de este guateque que hablamos 550 millones de personas.

    Bueno, pues estos mismos ilustres y soberanos pronunciadores han tenido la puntada de burlarse del presidente López Obrador por la manera en que pronuncia ‘votaste’.

    Hay una diferencia bien reconocible entre el seseo y agregar una ese a la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple: el segundo fenómeno es propio de zonas del país exotizadas y, por lo tanto, vistas como inferiores.

    Siempre he admirado el tesón y orgullo de los rioplatenses, quienes defienden su dialecto al punto de lograr que sus fenómenos lingüísticos sean no solo respetados, sino hasta aceptados e incluidos en el Diccionario de la lengua española de la RAE.

    Aquí somos muy diferentes. Muy clasistas, pues. Harto clasistas. Guillermo Sheridan, Ángel Verdugo, Jorge Triana, Julio Patán, Javier Lozano y todos los que se burlan del presidente por cómo habla son unos clasistas.

    Haiga sido como haiga sido, en su cabecita no cabe la diversidad e imaginan pertenecer a la élite normadora que el resto de la sociedad debe imitar y seguir (pero nunca alcanzar). Claro está, ignoran que la vanguardia siempre viene de la periferia y en realidad pertenecen a un centro inerte, rebasado. Ignoran, además, que la diversidad nos enriquece.

    Y ya, eso es todo. Siempre hay que señalar el clasismo de los clasistas.