El gran reportero de la clase política mexicana, Francisco Garfias, cayó en las trampas del poder: difundir rumores sobre la salud de Andrés Manuel López Obrador. En Santa Cruzada, aceptó la orquestación –junto a Fernanda Familiar, Raymundo Riva Palacio, Pablo Hiriart y Marco Levario– de introducir el tema para que el asunto sea tema de debate en el debate de mañana.Pancho Garfias exagera en su justificación de hoy en Excélsior. Victimizarse como columnista en un país donde los reporteros son cazados y asesinados, no sólo es superfluo, es también un insulto para sus compañeros de profesión caídos.¿Qué escribe Pancho?1. “Son inquietantes las acusaciones cargadas de hiel y de intolerancia en contra de los que hemos hablado de la salud de Andrés Manuel López Obrador.”2. “Arrobados y calificados como ‘periodistas miserables’ –ese es el suavecito– estamos Raymundo Riva Palacio, Pablo Hiriart, Marco Levario, este reportero y otros más que se atrevieron a abordar el tema…. Para ellos somos ‘periodistas sicarios’.”
3. “El propio Andrés Manuel nos anatemizó al etiquetarnos como ‘voceros de la mafia en el poder’ por haber soltado, dice él, rumores de que está enfermo.”
4. “No fue mi caso. El que quiera verificarlo lea la columna Arsenal, publicada en Excélsior el 15 de mayo. En ese texto hice una pregunta pertinente: ¿Y la salud de AMLO?”5. “La cosa va más allá de la salud de Andrés. ¿Qué va a pasar si AMLO llega a la Presidencia? ¿Van a estigmatizar al que lo critique? ¿Dejará que lo cuestionen sin descalificar automáticamente? ¿Modificará el Artículo Sexto de la Constitución?”6. “Lo que se asoma no tranquiliza. Más bien, preocupa. Perfila complicaciones para la libertad de expresión que, valga el lugar común, no es una concesión, sino un derecho con los límites que marca la Constitución.”
Pues bien, Pancho trata de justificar lo injustificable, pasó del periodismo confidencial y hasta confesional a propagar el rumor y el rumor, cualquiera lo sabe, no es periodismo. En una armada orquestación, Pancho lanzó el primer misil de gran cobertura para que lo siguieran Riva Palacio, Hiriart y Familiar. Pancho se queja de hiel e intolerancia, pero nunca aborda la autocrítica.
Desde el rincón de los lamentos asegura: “No fue mi caso”. Miente. Sí fue su caso, quiso hacer del rumor, periodismo, y no lo logró. Recordemos lo que publicó sobre la salud de Andrés Manuel:
“Hay, también, rumores que ‘hace un mes’ estuvo hospitalizado; que consume antisicóticos, que no sigue las indicaciones de los médicos que vigilan su corazón, que vive en el estrés, que no lleva la dieta adecuada, que no descansa, que tiene 65 años, pero se ve más viejo.”
¿Y esto no es inquietante de quien se dice profesional del periodismo? ¿De quien se dice reportero? ¿Dónde está la veracidad de lo escrito? ¿Dónde la investigación? ¿Dónde el contraste? ¿Dónde la entrevista con los médicos de AMLO? ¿Dónde el periodismo? Para parodiarlo: son inquietantes los rumores que Pancho propaga; rumores cargados de hiel.
Autovictimizado, Garfias pasa a la propaganda del miedo: “Lo que se asoma no tranquiliza. Más bien, preocupa”. A Pancho le preocupa la libertad de expresión, pero nada dice del libertinaje de propagar rumores sin someterse a una concepción “estructurada y organizada de la libertad, una concepción que reconoce ciertos límites que definen lo que debe ser incluido y lo que debe ser excluido” (La ironía de la libertad de expresión. Owen M. Fiss. Gedisa Editorial, p. 32).
Lo escribe Sergio Levinsky en El deporte de informar: “La gran deformación de los opinators hace que se suela confundir la investigación con el crédito que se concede a una fuente informativa más o menos privilegiada, o al propio periodista encargado de ella” (Paidós, p. 16). Lo que sí es inquietante, Pancho, es que propagues rumores sin verificar que sean veraces. Tu carrera profesional no lo merece.
