Hizo @JoseAMeadeK lo más raro en un funcionario público

Meade
La escasa austeridad que siempre es notaInternet

“Turista. El lunes por la noche viajó a Nueva York José Antonio Meade, acompañado del director de Pemex, José Antonio González. El nuevo secretario de Hacienda se sentó en la sección de turista de un vuelo comercial”.

Eso comentó, hoy miércoles, Joaquín López-Dóriga en su columna de Milenio, el diario propiedad de Francisco González dirigido por Carlos Marín.

El secretario de Hacienda y el director de Pemex –supongo que este último también viajó en clase turista– visitaron Nueva York para acompañar al presidente Enrique Peña Nieto en el último día de sus actividades en esa ciudad estadounidense.

Sigue siendo nota, por desgracia, que los integrantes del gabinete presidencial se trasladen a sus reuniones de trabajo en aviones comerciales.

La austeridad de los políticos no ha dejado de ser una rareza en nuestro país, en el que ha sido un exceso terrible, que ha contribuido enormemente al mal humor social, que funcionarios públicos de todos los niveles –inclusive alcaldes menores– usen con absoluta irresponsabilidad aviones y helicópteros del gobierno o de contratistas que se los prestan a cambio de favores.

El argumento principal de los funcionarios que defienden la utilización de aeronaves privadas es el de que su tiempo es tan valioso –lo dicen en serio, los muy cínicos– que no pueden “perderlo” haciendo filas en los aeropuertos.

Es un argumento falso. Sobran en las empresas personas muy trabajadoras y eficientes que cumplen con compromisos de trabajo en todo México y aun en todo el mundo usando de forma ordenada el servicio que prestan las aerolíneas comerciales.

En el caso de José Antonio Meade, que además de funcionario de las áreas técnicas del gabinete es un político con aspiraciones electorales presidenciales, pudo llegar a tiempo a Nueva York volando en aerolínea comercial.

Y, conste, no se lastimó la espalda ni las rodillas por estar sentado más de cuatro horas en asientos incómodos.

Por lo demás, las horas que “perdió” en los retrasos del aeropuerto capitalino y en la llegada a la terminal aérea estadounidense fueron las más productivas de su vida.

Meade consiguió algo más importante que ser “eficiente” en la utilización de su tiempo laboral: verse como un mexicano común y corriente capaz de rechazar, por elemental moral pública, los insultantes privilegios del poder.

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