Columnas

Tenemos candidatos inodoros… incoloros e insípidos, por culpa de los árbitros electorales.

“El hombre no ha sabido organizar un mundo para sí
mismo y es un extraño en el mundo que él mismo ha creado”
Alexis Carrel.

Percepciones

En buena medida la culpa del desinterés, apatía y abulia que la ciudadanía siente por la política, los candidatos y los comicios, es culpa del desmedido afán de las autoridades electorales que buscan controlarlo todo y terminan provocando más problemas de los que intentan resolver.

Intentando impedir las campañas anticipadas fijaron un periodo de precampañas a los aspirantes de los partidos para que después, en base al método que los institutos políticos determinaran, se eligieran los candidatos; el problema es que los tiempos elegidos fueron con demasiada antelación y lo peor es que hay partidos que aún no definen a su representante a la gubernatura, por mencionar uno de los cargos en disputa.

El asunto se complica cuando le sumas que tienen además las alcaldías, las diputaciones locales y las federales, de manera que todo es un despiporre, perfectamente organizado, pero un despiporre.

El punto es que gracias a estos tiempos definidos por los árbitros electorales en este momento se supone estamos en un periodo de “intercampaña” en el que los candidatos son, pero no son; pueden dar entrevistas y sostener reuniones, pero sin solicitar el voto ni hablar de planes, proyectos, programas y mucho menos adelantar o prometer obras.

El absurdo periodo torna a políticos y partidos en inodoros (sin olor, no lo vaya usted a interpretar mal, porque en el otro sentido de la acepción hay muchos que lo son de siempre), incoloros e insípidos mucho antes de que siquiera inicien las campañas.

El prolongado periodo entre las precampañas y la elección provoca una sobre exposición que termina aburriendo a la concurrencia que termina por no verlos ni escucharlos, dejándose llevar por la imagen, la percepción o la simpleza al momento de emitir el sufragio, en lugar de ponderar las ideas, programas y promesas de los aspirantes.

Bien harían nuestras autoridades electorales en recortar los tiempos de campaña, pero también en cerrar la brecha y compactarlo todo de suerte que no se pierda tanto tiempo, recursos y esfuerzos, permitiendo a la población centrarse en el tema y votar de una manera mucho más inteligente y en conciencia.

Así es, tenemos candidatos inodoros… incoloros e insípidos, por culpa de los árbitros electorales.

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