Los fragmentos de la izquierda electoral

La clase política ha venido utilizando últimamente las redes sociales como instrumento de difusión masiva, los tres partidos que encabezan la contienda electoral cuentan con especialistas comandando casas de concentración, con un número importante de usuarios en Twitter y Facebook, contraponiendo o impulsando, desmintiendo o acertando los residuos de campaña, las notas malas y buenas que los presidenciables obtienen todos los días.

Hay un centro muy activo, el PRI. A la derecha, la ultraderecha panista y, sin emancipación, a la izquierda, desde luego, una izquierda fragmentada.

En textos anteriores he expuesto una tesis sobre el desarrollo de la izquierda mexicana que no encuentra su filiación, que ha sido sesgada, y utilitaria, en oposición y resistencia a la derecha. La respuesta de la izquierda institucional, la partidista pues, a los grandes hechos sociales causados por el centro o la derecha política, no ha terminado de concentrar sus propias causas en sí misma y, más bien, ha venido ensayando en los últimos años, modelos  de cohesión y sentidos de pertenencia a su propia estructura.

Me son incomprensibles los hábitos y la balística diestra, me es inefable y complejo pasar el bocado del conservadurismo, la abstinencia a los procesos de movilidad social, el inamovible, impenetrable y ambiguo muro político de la derecha, y su infinita grieta perfectamente ocupada por el centro político, ese, el de las viejas instituciones y el paternalismo puro y recesivo, el de la estructuralización, formalización y desfragmentación de los residuos de la gran conmoción histórica. El centro es la antítesis misma de los conceptos de adecuación, ambientación y sustentabilidad del cauce político y lo son, del mismo modo, demagógicos, burdos y rígidos, sus principios fundamentales, y sus medios y formas de ejecución política, que el de los diestros.

La derecha y el centro se han enriquecido de los recursos políticos, periodísticos, económicos y electorales, derrochados por la izquierda y la disociación de sus movimientos y organizaciones. La izquierda tiene que encontrar su causa como clase, su orfandad no sólo puede costarle los comicios de Julio, pues sería vulgar definirse como clase política de oposición para un día electoral. Si la izquierda gana, sabrá alguien cuál de todas, y no logra la emancipación de sus principios en un sólo movimiento, se ira cayendo y desmenuzando a pedazos, poco a poco, mientras trata de comprender los por qué. Si no gana, al estrenarse la mañana del 2 de Julio, no habrá un discurso que pueda unirla.

Veo tres corrientes de izquierda en las redes sociales:

Los medio diestros y afiliados que comprenden que un recurso sucio para evitar que el PRI gane, es el utilitarismo y la renuncia de sus principios en pos de una coalición irreversible, incoherente y frágil con la ultraderecha panista.

Los necios fanáticos de AMLO, esos, a los que no les importa que, por ejemplo, Bartlett y otros como “los chuchos”, antes enemigos del tabasqueño y de la misma lógica de izquierda, ahora se cuelguen de su candidatura. La izquierda partidista, pues.

Los de izquierda por principios, los que no militan, ni son fanáticos ni afiliados.

Si esas izquierdas, y las otras que anden por ahí, no alinean su discurso, después será demasiado tarde para lamentaciones diurnas.

 

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