¿Usted sería de los primeros en vacunarse contra el Covid-19? ¡Yo tampoco!

china promete compartir vacuna contra el covid-19
Xi Jinping, promete compartir su vacuna, pero ¿es segura?AFP

Las vacunas que se desarrollen deben analizarse con mucho cuidado porque a veces los anticuerpos pueden empeorar las cosas.

Kirk: Scotty, I need warp speed in three minutes or we’re all dead!
Star Trek

No dudo que Donald Trump cumpla su promesa y que la Operación Warp Speed resulte exitosa. Es decir, no descarto que en unos meses, máximo en un año, tengamos en el mercado vacunas disponibles para coronavirus.

En la carrera por la vacuna, China compite con Estados Unidos. Una empresa del país asiático,  CanSino Biologics of China, ha presumido avances casi definitivos. 

Los estadounidenses no se dejan. Ya el laboratorio biotecnológico Moderna anunció  su vacuna experimental contra el covid-19 había logrado buenos resultados tras los primeros ensayos clínicos en fase 1. De inmediato las acciones de esta compañía se dispararon.

Edward Jenne, inventor de los vacunas —término que viene de vaca—, se movió todavía más rápido que los chinos y los estadounidenses y en el siglo XVIII inyectó a un niño de 8 años de edad la viruela bovina para ver si lo dejaba inmune a la viruela humana. Funcionó el experimento.

Publicó un informe que tituló An enquiry into the causes and effects of Variolae Vaccinae, known by the name of cow pox (Una investigación sobre las causas y efectos de Variolae Vaccinae, conocida por el nombre de la viruela de la vaca)

Si ese niño del experimento de Edward Jenne hubiese sido mi hijo o mi nieto, no lo habría prestado para que un médico creativo y seguramente genial, pero sin duda chiflado, lo usara como conejillo de indias.

¿Permitiría, si se me pidiera autorización, que mi hijo, mi hija y mis nietos estuviesen entre los primeros en recibir la vacuna china o la de Estados Unidos? Creo que no.

Nadie en su sano juicio se formaría adelante en la fila.

En un artículo del Financial Times, redactado por Hannah Kuchler, periodista experta en temas farmacéuticos y de biotecnología, queda claro que la batalla de los científicos y las científicas contra quienes mandan en la política la van a ganar estos últimos, ya que se mueven a la velocidad de la luz, mientras los primeros, caminan lentamente si son serios y no buscan impresionar al mundo, como los de CanSino Biologics of China, ni aumentar artificialmente el valor de sus acciones en la bolsa de valores, como los de Moderna Inc.

Los científicos, las científicas que cita Hannah Kuchler no son tan optimistas:

√ Una vacuna podría tomar mucho más tiempo porque se sabe poco sobre la enfermedad y no se conoce nada acerca de cómo reaccionara el organismo humano ante los intentos de inmunización.

√ Algunos especialistas piensan que quizá nunca se llegue a desarrollar una vacuna para Covid-19.

√ Soumya Swaminathan, de la Organización Mundial de la Salud, es de la opinión que un escenario optimista para el próximo año es una vacuna que se distribuiría sobre todo a los trabajadores de la salud; ella cree que “la derrota de Covid-19 podría tomar de cuatro a cinco años”.

√ Lo cierto es que las vacunas se desarrollan durante años e inclusive décadas.

√ Quizá esta vez el proceso sea más rápido: ayuda “el trabajo preliminar realizado para los coronavirus Sars y Mers”, que las nuevas tecnologías alimentan cierta esperanza y, también, que en todo el mundo tanto empresas farmacéuticas como gobiernos estén invirtiendo para encontrar la vacuna.

√ El problema es que “probar que una vacuna es segura y efectiva lleva tiempo”, y además, “los participantes deben exponerse al virus para probar que una vacuna funciona”.

√ Las experiencias que se tienen de presidentes de Estados Unidos presionando para lograr vacunas rápidas han sido desastrosas, al menos la de Gerald Ford, quien en 1976 “apresuró una vacuna por lo que temía que fuera un brote masivo de gripe porcina, y le tomaron una foto en la Casa Blanca”. Esta vacuna tuvo un efecto secundario grave: cientos de personas desarrollaron el síndrome de Guillain-Barré, que paraliza al cuerpo.

√ Bien dice la colaboradora del Financial Times, por presiones políticas “reducir los requisitos de aprobación podría poner las vacunas en el mercado antes de que descubramos todos los efectos secundarios”.

√ Por lo demás, los científicos, las científicas “aún no han descartado la sombría posibilidad de que una vacuna pueda empeorar la enfermedad”.

√ La doctora Swaminathan ha advertido que las vacunas que se desarrollen deben analizarse con mucho cuidado porque “a veces los anticuerpos pueden empeorar las cosas”.

√ Lo razonable, por el momento, es confiar en los médicos, las médicas que luchan a diario contra la enfermedad en los hospitales y que han visto avances en los tratamientos antivirales, antiinflamatorios o de anticuerpos que ayudan inclusive a los pacientes más graves.

√ Además de lo anterior, que corresponde realizar a los especialistas en los centros de salud, lo que el resto de la gente debe hacer —en lo que todos debemos estar comprometidos— es en cuidarnos, lavarnos las manos, respetar las reglas, es decir, usar cubrebocas en los supermercados y otros establecimientos si la gerencia lo exige y no dar el mal ejemplo, esto es, no actuar como la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, quien no se puso el cubrebocas en un Superama, según reportó el sitio EmeEquis

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