Columnas

La cabina del automóvil —o de camionetas como las que usa López Obrador— representa un riesgo elevado de transmisión del coronavirus.

Tiene que ver con el secreto para viajar en coche sin contagiarse de covid-19.

¿Cuál es ese secreto? Simplemente, mantener abiertas las ventanas en cualquier trayecto. Es lo más sensato que puede hacerse al margen de la temperatura exterior, fría o calurosa.

El New York Times ha presentado evidencia científica al respecto. Y es que, hay que aceptarlo, “los coches tienen sus propios riesgos; son espacios pequeños y herméticamente cerrados que imposibilitan el distanciamiento social y atrapan las diminutas partículas aerotransportadas o aerosoles que pueden transmitir el coronavirus”.

Varghese Mathai, físico de la Universidad de Massachusetts Amherst, y tres colegas suyos de la Universidad de Brown (Asimanshu Das, Jeffrey Bailey y Kenneth Breuer) con simulaciones por computadora determinaron cómo fluyen en el interior de un automóvil las partículas cargadas de virus.

Publicaron su estudio en Science Advances (“Flujos de aire dentro de los vehículos de pasajeros e implicaciones para la transmisión de enfermedades transmitidas por el aire”) y confirman lo que ya nos decía el sentido común: la cabina de un automóvil representa un riesgo elevado de transmisión del coronavirus.

¿Cómo minimizar el riesgo? Abriendo las ventanas para “crear corrientes de aire que podrían ayudar a mantener a los pasajeros y conductores a salvo de enfermedades infecciosas como covid-19”.

Los detalles del experimento, realizado en un Toyota Prius con dos ocupantes y a 80 kilómetros por hora, pueden ser consultados tanto en el New York Times como en Science Advances.

Aquí lo relevante es decir que en el coche, tanto si es propio como si se trata de un taxi, lo inteligente es mantener lo más abiertas que se pueda las ventanas.

Es molesto hacerlo por varias razones: (i) puede entrar al automóvil el frío en algunos días en los que aprieta el invierno, (ii) puede entrar el calor al vehículo en cualquier temporada en un país más bien abrasador como el nuestro y (iii) los pasajeros terminarán invariablemente despeinados.

Pero el frío, el calor y el pelo alborotado son costos menores a pagar con tal de evitar los contagios.

El líder de México, Andrés Manuel López Obrador, viaja bastante en camioneta los fines de semana durante sus giras. Siempre va acompañado por un chofer y, si tiene mucho cuidado, por otra persona, normalmente el gobernador de la entidad que visita.

Por lo que he visto en videos y fotografías, Andrés Manuel no suele abrir las ventanas de las camionetas en las que se transporta. Es un error. Con la nueva y más contagiosa cepa del coronavirus atacando en todas partes, el presidente mexicano debe reforzar las precauciones.

AMLO tiene la ventaja de que, al fin tabasqueño, nació en el calor extremo, y ha probado en tantos recorridos por la nación que se ha entrenado para soportar el frío. Además, como se ha visto en no pocas fotografías, siempre trae consigo un peine para más o menos arreglarse la cabellera antes de cada evento.

Así que no hay excusa: a abrir las ventanas, Andrés Manuel. Todo un pueblo lo exige por la salud de su dirigente.