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“¡Vete a la Tapo!”

AMLO aguantó los gritos; Nahle se vio clasista

Tarjeta amarilla para la secretaria de Energía, es lo que merece; una más y deberá ser expulsada

Vete a la porra.

√ Vete al carajo.

√ Vete a la mierda.

√ Vete a la chingada.

√ Vete a la verga.

Vete a la Tapo.

Todas las anteriores expresiones significan lo mismo: “fuera de mi vista, no te quiero ver”. Son frases de enojo, hirientes, peyorativas, pronunciadas con ganas de ofender a alguien.

La más insultante de todas es la de “vete a la Tapo” por su contenido clasista, particularmente si se le dice al usuario de un aeropuerto. Veamos por qué.

¿Qué significa Tapo? Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente.

En los países avanzados, sobre todo en los de Europa, no es un asunto de clases sociales acudir al aeropuerto, a la terminal de autobuses o a la estación de trenes.

En México trenes no hay, no de pasajeros que valgan la pena. Y en camiones o autobuses solo se transportan aquellas personas que no tienen dinero para comprar un coche capaz de rodar sin problemas en largas jornadas de carretera, o bien los mexicanos a quienes no les alcanza para al avión.

La secretaria de Energía, Rocío Nahle, mandó a la Tapo a un tipo —bastante necio, lo que sea de cada quien— que gritaba vivas al cancelado aeropuerto de Texcoco frente al presidente López Obrador.

Ocurrió en el aeropuerto capitalino. Andrés Manuel regresaba a de una gira acompañado de su esposa Beatriz Gutiérrez Müller, de la secretaria Nahle y de otros funcionarios.

El gritón anónimo piensa que se debió haber continuado con las obras del nuevo aeropuerto de Texcoco. Y así lo manifestó en cuanto vio al presidente de México. Era su derecho y lo ejerció.

Andrés Manuel aguantó el reproche. Beatriz, inteligente, se sumó a las vivas que el individuo gritaba, pero las editó con humor: “Viva el municipio de Texcoco”.

La secretaria de Energía fue la que enseñó el cobre. Enojada quiso mandar al señor que gritaba a la porra, al carajo, al carajo, a la mierda, a la chingada o a la verga.

Si Rocío Nahle hubiera le hubiera dicho al alborotador un sonoro “¡vete a la verga!”, la secretaria no se habría visto tan mal.

El derecho al desahogo es sagrado y ella seguramente se desesperó.

Habría sido un escándalo lo de “¡vete a la verga!”, pero no tan lamentable como el “¡vete a la Tapo!” que prefirió usar doña Rocío.

El tono clasista del “¡vete a la Tapo!” va más allá del acto de desahogarse.

El presidente de México tendrá que sacar la tarjeta amarilla a la señora Nahle. Así no se debe expresar alguien del gabinete de un gobierno que tiene como principal misión servir all pueblo.

Una más y Nahle deberá ser expulsada.