El Dr. Paul Joseph Goebbels fue el responsable de la propaganda nazi durante el régimen de Hitler, para difundir el mensaje de “salvación” a los alemanes controló los medios de comunicación. Desde el radio hasta los periódicos pasando por el cine y los libros. Debido a que existían adversarios a tal dominación, el mismo Dr. Goebbels se encargó de organizar un evento simbólico y confirmante de la brutalidad dictatorial: el 10 de mayo de 1933 quemaron públicamente más de 25.000 libros. El mensaje fue sumamente claro en cuanto al poder del Estado para convertir en cenizas el pensamiento que no estuviera en sintonía con el gobierno. Lo mismo ha pasado con Televisa y la supuesta relación con el PRI, aunque se desmientan los documentos presentados por The Guardian, la sospecha de un affaire sigue en el aire y la insistencia de los mismos “periodistas” en salvaguardar a su candidato alertan sobre una realidad escandalosa: Los medios de comunicación ha privilegiado la relación con la antigua dictadura, tienen miedo de perder todos los privilegios forjados durante décadas. Peor aún, el candidato fascista tiene ya la elección comprada a partir de los mass media.

La libertad de expresión se antoja perecedera ante un posible gobierno intolerante e ignorante. La quema de libros no resulta tan extraña o imposible, solamente hay que recordar el fracaso de Enrique Peña en la FIL de Guadalajara y su encuentro con estudiantes de la Ibero: en ambos foros fracasó debido a su ignorancia y nada más peligroso que un ignorante en el cargo de mayor relevancia nacional. Esperemos que no pase como en la novela del recién fallecido Ray Bradbury, Fahrenheit 451, donde la posesión de libros está prohibida y la lectura se considera “un nefasto vicio”. De cualquier forma los primeros perseguidos por los priistas serán (o seremos) los intelectuales. Gracias al tiempo que salvó a Monsiváis de esta terrible cacería, lástima que nos dejó solos con el tirano inculto.

Querido lector, si todavía sigue pensando que el título de esta columna “El PRI y el fascismo” es exagerado, suspenda de inmediato la lectura. A continuación otros motivos para preocuparnos por los fanáticos peñistas:

Viernes 8 de junio. Se había anunciado una manifestación pacífica contra el candidato priista, los integrantes del movimiento Yosoy132 llevaron una playera gigante y gritaban consignas. Las fuerzas del tricolor (del partido político, no de la selección) acarrearon personal, un grupo de choque, para contrarrestar los insultos contra su benemérito e insigne candidato. En eso no me opongo, en nuestra naturaleza mexicana se encuentra el elaborar versos urbanos sumamente ocurrentes para denostar al otro…el problema fueron los golpes con que partidarios de Peña Nieto atacaron a los simpatizantes del movimiento estudiantil. Su respuesta fue violenta, no quieren dialogar, quieren callar a quien piensa diferente. Para los seguidores de Peña Nieto la disidencia es una enfermedad que se encuentra en la sangre, piensan (si a eso se le llama pensar) que a golpes se quita lo críticos. Son alérgicos a los librepensadores.

Domingo 10 de junio. A las 11 de la noche un grupo de simpatizantes de López Obrador se encontraban en la estación del Metro Revolución. Paradójico el nombre porque las violentas huestes del PRI, presentes en esa estación, olvidaron toda su tradición revolucionaria, la de vencer la opresión, para increpar a simpatizantes amlistas. El video tomado por una persona del otro lado de las vías resulta indignante. Entre gritos de “asesino” los pies vuelan contra estómagos, contra las costillas. Son jóvenes que no tienen miedo y eso irrita a los aficionados priistas, siguen lastimándolos hasta que se cansan y se van. Se escabullen mientras la policía, atónita, contempla el escenario donde los seguidores de AMLO se revisan las heridas y reclaman a la “autoridad” su pasividad.

Lunes 11 de junio. En Villaflores, Chiapas, unos panistas destruían propaganda electoral del candidato priista a la presidencia municipal. Al enterarse del hecho, el candidato del PRI, Ulises Alberto Grajales, considera que se ha dañado tanto a la Patria con ese acto delictivo que los responsables merecen una ejecución. Emprende una persecución, dispara contra los panistas y asesina a uno de ellos. La impunidad sigue presente porque no hay una alerta sobre el asunto, se limitan a su función burocrática de “retirarlo de la candidatura y darlo de baja como miembro del Partido”. Aquí va un poco de sarcasmo: Con tremendas sanciones uno piensa que es recompensa el asesinar para proteger la sagrada y excesiva propaganda electoral (que contamina tanto el medio ambiente como al medio intelectual).

Asesinados, golpizas, persecuciones, insultos, medios de comunicación controlados. Todo como parte de la estrategia mediática de Peña Nieto para intimidar y ganar por medio del miedo a quienes no puede conquistar con su sonrisa de telenovela. Lo bueno es que doce años de gobiernos panistas y setenta y cinco de gobiernos priistas nos han forjado como una generación sin miedo. La muerte es cosa de todos los días gracias a una fallida guerra contra el narcotráfico, ya no tememos morir.  Los estudiantes se han levantado y con ellos todo el pueblo mexicano, tampoco le tenemos miedo al silencio. Por tanto, hay elementos para vencer el fascismo priista y a sus hordas de agitadores. Solamente espero que en esta contienda electoral no se pierdan más vidas y más sangre a raíz de la intolerancia partidista.