Solicitan al PRI acepte una exploración profunda de terceros

Se sabe en México de la ambición de fuertes sectores del gobierno ligados con “empresarios” por “abrir” Pemex a la inversión privada. Este ha sido un añejo interés que ha buscado revertir

Se sabe en México de la ambición de fuertes sectores del gobierno ligados con “empresarios” por “abrir” Pemex a la inversión privada. Este ha sido un añejo interés que ha buscado revertir la gloriosa y patriótica nacionalización petrolera ejecutada por Lázaro Cárdenas con el respaldo abrumador de la sociedad en 1938.

Cierto es que ha habido modalidades de inversión privada, contratos de exploración y prestación de servicios sobre todo. Pero esto no ha sido suficiente para satisfacer la voracidad permanente de los insaciables que ahora actúan aliados con altos funcionarios públicos, incluyendo al ejecutivo, para convertir esa “apertura” en un propósito fundamental de su ambición disfrazada de “reforma estructural”. Y con el posible regreso del PRI el tema se recrudece, se fortalece hacia la consumación del despojo del principal activo económico del país (lo sigue siendo con todo y la vergonzosa corrupción administrativa y sindical), pues Peña Nieto ha hablado todo el tiempo de la “necesidad” de dicha “reforma”.

En este contexto y durante la plenaria de los senadores priistas que integrarán la LXII Legislatura realizada en Chihuahua, el comisionado presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, Juan Calos Zepeda Molina, ha pedido a los electos del PRI aceptar e impulsar “la exploración profunda a través de terceros” para supuestamente fortalecer Petróleos Mexicanos (nota del periódico Reforma, 22 de agosto).

Para justificar semejante exploración, el comisionado ha establecido la argucia de que siendo Pemex “la mejor empresa en el desarrollo de exploración somera”, no puede exigírsele “que haga todo, que sea experto y que además lo haga muy bien, no podemos pedir al mismo tiempo que desarrolle en aguas profundas, como en cuencas como en campos maduros”.

Este ha sido y será el argumento para convencer a los congresistas de aprobar la ambicionada “reforma estructural” de Pemex. Si la consecuencia de no haber construido las refinerías que se necesitan (con otra argucia, la del costo-beneficio desfavorable) es la afirmación de López Obrador, “se venden naranjas para después comprar jugo de naranja”, de llegar a aprobarse la participación privada nacional e internacional en la modalidad del reparto de los bienes, se tratará ya, desde un principio, de la entrega misma de las naranjas a quien más tarde también nos venderá el jugo de naranja. Se estará otorgando prácticamente el árbol de naranjas.

Así que estará en los legisladores de todos los partidos y de la sociedad misma (que en 2008 y encabezada por López Obrador se opusiera al devastador proceso privatizador), el aceptar o no esa exploración profunda de terceros. 

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