Libros de ayer y hoy. Una escalera grande y otra chiquita

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El símil de las escaleras grande y chiquita que nos alegraba en el viejo son de La bamba, es ahora la metáfora de la iniquidad. La vara diferente con la que son medidos los desamparados y los poderosos y la impunidad de que gozan los acaudalados, ante la ineficacia y la complicidad de quien ejerce el poder.

Los capitalinos siempre volvemos a las constructoras, esas empresas que un  día cayeron como maldición en la gran ciudad, para destruirla y provocar los agravios cotidianos que nadie, ninguna autoridad ha hecho por sancionar. Estamos copados. Somos millones, muchos de los cuales se movilizan en  sus colonias, protestan, denuncian, gritan y nada.

Lo que pudo ser un  desarrollo armónico,  ordenado, bello, entre lo histórico y lo moderno, se ha convertido en una pesadilla, una presencia nefasta que nos envuelve en su poderío socavando calles, contaminando el ambiente, destruyendo edificios, poniendo en peligro a miles y miles, sin ninguna esperanza.

La construcción  es básica en la vida de una ciudad, genera recursos y da empleos. Hay más de 8 mil constructoras en el país 85 por ciento de las cuales son micro y pequeñas - datos de INEGI- y dan trabajo a un porcentaje, según  el tamaño de la empresa, de 90 por ciento de hombres y 10 por ciento de mujeres. Manejan 10 ramas, 24 subramas y 45 clases de actividades. Su presencia ha subido tanto de importancia, que la banca ha elevado a 20.5 por ciento los créditos a su favor.

De esas miles de empresas hay cinco, sin embargo, que acaparan el gran capital de inversión pública y privada, las mencionaremos por siglas, ICA, la que se considera más importante, CICSA, OHL México  empresa  controvertida,  llena de denuncias que las ha tenido aquí y en este momento las tiene en España y está salpicando al gobierno de México, INFRA e IDEAL, la mayoría contratadas para la tajada del león, carreteras, vías diversas, aeropuerto, etcétera y algunas con  trabajos en la CDMX. Los organismos, cámaras, asociaciones,  que  rigen a las constructoras, no han dicho esta boca es mía en los problemas que hay en este momento en la ciudad de México.

Solo aparecen para hablar maravillas de la construcción y el ascenso que ha tenido por  temporadas en estos gobiernos tolerantes. Entre las medianas, menciono a EYMSA S.A. de C.V. empresa que ha construido varios monstruos. Uno de ellos al lado del condominio donde vivo junto con otras 49 familias. Ni el infierno tan temido como diría San Juan de la Cruz, es tan terrible como una constructora sin controles -o negociados-, irrespetuosa de la vida comunitaria y con trabajos diarios -sin respetar días festivos- y hasta altas horas de la madrugada. En estos más de dos años hemos aguantado zarandeos por meses que aflojaron nuestro condominio y lastimaron varios departamentos, golpes, ruidos que rebasan decibeles normales, polvo a granel.

Hemos estado enfermos, sin dormir, agobiados  ¿con  que pagaría una empresa constructora todo lo que hemos pasado los de Holbein 10, multiplicado por miles en toda la ciudad? Se han dado obstrucciones de todo tipo al grado de que han llegado a cerrar -en complicidad con Conagua-, partes enteras del edificio  que da a la calle, cancelando por días las banquetas.

La parte de banqueta que da a la avenida Revolución lleva semanas cerrada y hay que caminar peligrosamente por la calle, muy transitada, para tener acceso a ese eje. En este momento tienen controlado carril y medio por Revolución, enfrente del edificio de más de media cuadra, que están terminando de construir. Hay obstáculos por doquier para transitar y no ha habido una tragedia de puro milagro. Los trabajos de Conagua en todo un carril por Holbein, se han trasladado al extremo de la calle, donde la obstrucción es igual. Todo para favorecer la entrega de agua suficiente a los edificios que se acaban de  construir en la zona, en total más de 15 en tres o cuatro cuadras. Con todas las violaciones que han  cometido, nunca hemos sabido que se les haya aplicado una multa, como lo hicieron con un  pobre albañil que puso su escalera por un rato en una calle de la delegación Cuauhtémoc, para pintar una fachada.

Fue una sanción  de uno de esos juzgados de paz que deberían de ser investigados porque despachan los llamados jueces de paz que,  como algunos que tiene la delegación Benito Juárez, amenazan de entrada a los acusados con enviarlos a las mazmorras si no firman una conciliación. En el caso del albañil, cuya escalera se ha convertido en un emblema de lo inicuo del derecho que se aplica en la CDMX, el propio director ejecutivo de Justicia Cívica de la Consejería Jurídica y de Servicios Legales del gobierno capitalino- muy largo el nombre y pocos sus efectos-, Juan Manuel Hernández Martínez aprobó esa barbaridad. Esos son los juzgadores que tenemos. La escalera de caracol (Organización Editorial Novaro, varias editoras) fue escrita por la inglesa Ethel Lina White en 1933 y de inmediato fue vista como un tema de suspenso para el cine. Alfred Hitckock tomó otra de sus obras  y dirigió un clásico, La dama desaparece. La escalera de caracol o de espiral como también se llama, se filmó dos veces, en 1945 y en 1975 y se llevó a la televisión en el 2000. La escritora, que murió en 1944, llegó a tener contactos con las escritoras de la época que pertenecían al Club de los martes, Dorothy L. Sayers y Agatha Christie. De las tres solo Christie continuó su camino. La obra es larga y muy descriptiva, sobre todo del actuar de los personajes.

Una joven, Helen, llega a una propiedad solariega en el campo a servir de acompañante de una lady, la señora Warren, quien vive acompañada de dos hijastros y otros familiares. Pronto se produce el asesinato de una de las sirvientas y en una noche de tormenta que es en la que se concentra el argumento, la escritora va subiendo de tono el miedo y el terror de los personajes. Helen descubre entonces, que ya han muerto varias muchachas y es al final de la trama, cuando  en manos del asesino, se entera  del secreto terrible de aquella familia. La escalera es el punto crucial donde se desarrolla la trama y en los filmes repunta como un sitio siniestro donde la vida – o la justicia como en el caso del albañil sancionado -, no valen nada.

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