Anoche, millones de personas en el mundo vimos el tremendo derechazo con el que Juan Manuel Márquez derrotó a Manny “Pacman” Pacquiao poniendo fin así a una historia llena de adversidades para el mexicano; luego de 42 rounds, un empate y dos derrotas dudosas llegó la tan ansiada victoria.
Pero el mexicano al concluir la pelea dedicó su triunfo al que hoy ostenta la presidencia en México, un mexiquense y priista. Un símbolo de impunidad y corrupción. Un estrella más del canal de las Estrellas.
El campeón mexicano está en todo su derecho de dedicarle el triunfo al Papa si quería (como alguna vez lo hiciera “El Verguillas”), probablemente habría sido menos criticado y sobre todo hubiera dejado todavía un buen sabor de boca y no habría dividido los sentimientos de millones de televidentes en este país.
¿Estaba en su derecho?
Creo que todos coincidimos en que sí, de eso nadie tiene duda. Las ideologías políticas son responsabilidad de cada individuo. Es sólo que ahora el campéon tendrá que soportar las ideologías y los dichos, que con responsabilidad y mucho encono, han sido, están y serán, emitidos por millones de mexicanos que recuerdan a Salinas y a Julio César Chávez. Al PRI parecen gustarle los ídolos del pueblo, los boxeadores.
En la apología de Sócrates, de Platón, está la constante en el periplo del filósofo de las personas talentosas y de éstas su exención en los asuntos públicos de su nación. Entiendo que el texto no aborda, ni se lo plantea, el compromiso social de los individuos pero sí deja claro que el talento está exentó de la consciencia político-social del individuo.
A Juan Manuel Márquez, mis estimados lectores, no hay que pedirle nada más allá que triunfos y un buen show, lo que nos puede dar con base en su decisión de vida, que hoy por hoy es la de ser un boxeador; y uno de nuestros mejores e innolvidables campeones, que como en su momento Julio César Chávez, durante decenas de peleas y a costa de su salud, sacrificó su integridad física y su vida a cambio de millones de dólares y la gloria efímera del deporte.
Millones de mexicanos, contrario a lo que otros millones piensan, no han olvidado al PRI, no han olvidado las represiones estudiantiles del 68 y la Matanza de Tlatelolco, el Jueves de Corpus en 1971, no han olvidado el Fobaproa ni las devaluaciones. Simplemente no olvidan. Además hoy esos millones de mexicanos se han convertido en camarógrafos y en articulistas gracias a Internet. Hoy las voces de millones de mexicanos se escuchan, y están ofendidos y agraviados del cinismo y la violencia con la que, sí señores, ha vuelto el PRI.
Pero a diferencia de su última oportunidad, hoy millones tienen voz y la alzan.
Que Juan Manuel Márquez felicite a Peña Nieto, que lo haga, mientras la banda en redes sociales hace pública la pregunta:
“¿Del 0 al Márquez, qué tan lambiscón eres?”