El priismo como enfermedad mental

“Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo - dijo el Sombrerero -, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!”. En la obra maestra de Lewis Carrol, aparece un diálogo entre Alicia y el Sombrerero sobre el tiempo. Un tema fascinante para pensarse, sobre todo cuando un enfermo mental discurre sobre aquello que es incomprensible incluso para los que sufren (o sufrimos) de normalidad. El tiempo funciona a capricho, según explica el lunático, dependiendo de lo bien que te lleves con él. ¿Será que funciona de la misma forma para los seguidores del PRI? Vamos, no solamente niegan la historia inmediata, en todo caso, hacen caso omiso del tiempo, de las reglas, de la ley.

Primero nos hicieron olvidar su trayectoria caudillista, de pelear en la Revolución (traición tras traición), se limpiaron las botas, portaron traje y avanzaron de la silla del caballo al escritorio: ufanamente le llaman la Revolución Institucional. La burocracia (cáncer de nuestra clase política) devoró cualquier rastro de espíritu rebelde. Era cuestión de imagen, mejor pensar en un hombre “decente” con traje y bellos discursos que en un salvaje bigotón y cochino.

Después vino la usurpación de los tecnócratas con sus palabras complicadas, términos como “bienestar social”, “desarrollo económico”, “estabilidad popular” se convirtieron en la retórica añeja de un sistema que, con un rostro libre de parecer ignorante, asume que ante cada frase pronunciada por el Presidente, habrá una respuesta de aplausos. A esos “Chicago boys” se les olvido que esos sistemas no aplican para nosotros, los “tenochcan boys”. De crisis en crisis convirtieron nuestra moneda en materia elástica y, obligados a forjarnos un pasado que jamás existió, ensalzaban figuras desconocidas.

No cabe duda, el tiempo es todo un personaje para el PRI. Después de protagonizar represiones y transformaciones tristes volvieron con su carta fuerte: un rostro lleno de juventud y (ponga aquí el adjetivo menos ofensivo para un inculto como Enrique Peña Nieto). Antes de tiempo, anunciaron su triunfo olvidando todos los procedimientos. Antes de tiempo se empiezan a adueñar (a base de terror, como solamente ellos saben hacerlo), los espacios públicos para defender su corrupta causa. La “amnesia selectiva” ejercida por sus integrantes me hace pensar en las reuniones de los priistas como en la mesa del Sombrerero a la hora de tomar el té. Lo curioso es que no beben ninguna infusión; se toman el futuro del País y las (pocas) libertades que nos quedan. Ojalá el tiempo sea aliado de nosotros y no lo secuestren antes que les sea incómodo.

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