Un gran empresario; lo que viene después de que gane EPN en el Tribunal Electoral

¿Qué puede anticiparse que viene después de leer el interesante artículo de Bartra? Que si en 2008 cientos y aun miles de mujeres, las llamadas adelitas, se movilizaron para impedir una reforma a Pemex, a partir de que el

Sobre Roberto González Barrera, empresario nuevoleonés (aunque la Real Academia Española diga lo contrario, en Nuevo León sabemos que es erróneo el término “neoleonés”, y si no es erróneo, pues no nos gusta), sobre ese destacadísimo hombre de negocios el diario La Jornada dijo este domingo, en Rayuela, uno de sus espacios editoriales institucionales, por así llamarlo, lo siguiente: “Empresario de primera. Generoso y respetuoso con este periódico y su línea editorial. Descanse en paz”.

Es maravilloso que los editores de un diario de izquierda se expresan con tanto cariño y respeto de un hombre de derecha, partidario de las satanizadas, por todos los izquierdistas que conozco, reformas estructurales, de un multimillonario aliado durante décadas (y hasta socio) de la familia del ogro mayor del neoliberalismo, Carlos Salinas de Gortari.

Pocos empresarios más destacados en México, más innovadores, más brillantes que Roberto González, pero también pocos como él para beneficiarse de arreglos con el poder político, al que financió (tanto en su versión priista como en la panista) en cada campaña electoral presidencial.

Por sus arreglos con el poder (gracias a Salinas se hizo de Banorte), don Roberto, alias “El Maseco” (fundó la empresa Maseca) era un empresario como cualquier otro. Pero era un empresario excepcional por haber desarrollado, desde cero, toda una tecnología, la de la tortilla (ningún otro mexicano ha hecho tanto por la innovación), por la forma en que abrió mercados para sus productos en todo el mundo y por haber empezado su carrera desde muy abajo en un municipio pequeño de Nuevo León, Cerralvo, un poblado al que amó sinceramente y del que nunca se alejó (en forma admirable, con el corazón pero también con recursos, siempre estuvo cerca de los cerralvenses).

Merecido, sin duda, lo expresado en La Jornada sobre González Barrera.

Pero no fue ese comentario sobre El Maseco lo que más me llamó la atención en la edición de hoy domingo de La Jornada, sino un artículo de Armando Bartra, intelectual de izquierda: “En resistencia : Lo (poco) que va de la imposición de Peña Nieto a la imposición de las reformas neoliberales”

Sintetizo lo expresado por Bartra:

1.-  “Ya sabemos lo que va a resolver un Trife”. Es decir, que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no anulará la elección del pasado primero de julio, lo que hará que Enrique Peña Nieto llegue al poder. Pero, dice el analista, “seguimos con nuestros reclamos”, ya que no se vale “adelantarse al fallo anunciando que lo aceptaremos, sea el que sea”.

2.- La izquierda ya no debe prepararse solo para las elecciones, sino construir un poder popular: “En México no se ganan elecciones sólo preparándose para las elecciones, es necesario también construir un poder social: crear una correlación de fuerzas que impida el fraude”. No lo dice el señor Bartra, debo aclararlo, pero quisiera añadir que el poder social o popular es algo que, suponen otros intelectuales, como Guillermo Almeyra (al menos en un texto de 2007 en La Jornada), se ha logrado en Venezuela o Argentina.

3.- La izquierda mexicana no solo debe seguir denunciando la “imposición” de Peña Nieto, sino prepararse para luchar, en el plazo inmediato, contra el proyecto neoliberal de la derecha que ha anunciado ya “su decisión de seguir sacrificando al país en aras de la oligarquía y las corporaciones internacionales” con las reformas estructurales, sobre todo la laboral y la petrolera.

4.- La izquierda debe actuar de inmediato ya que “en cuanto entre en funciones la nueva legislatura, el tricolor tratará de cumplir sus compromisos con el gran dinero que lo patrocina, impulsando en las cámaras las reformas estructurales, aun antes de que el nuevo gobierno tome posesión”.

5.- Actuar de inmediato significa, para la izquierda, combinar el “insoslayable rechazo a la imposición” con el rechazo a las reformas.

6.- Pese a lo malo que es el anuncio de las reformas estructurales, tiene un lado positivo para la izquierda: “Con todo y su gravedad, este anuncio tiene la ventaja de resolverles algunos problemas de definición política a los movimientos antisistémicos hoy activos: el obradorismo, el 132 y a la Convención”. Supongo que Bartra se refiere a la Convención Nacional contra la Imposición celebrada en San Salvador Atenco el pasado 15 de julio, en la que participaron el #YoSoy132, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

7.- Así las cosas, “las manifestaciones de repudio al previsible fallo del Trife y a la presumible toma de posesión de Peña Nieto, tendrán que entreverarse con las acciones de repudio” a las reformas estructurales.

8.- Ahora, dice Bartra, “Morena tendrá que recuperar a toda prisa la experiencia de la exitosa lucha obradorista contra la privatización de Pemex; las organizaciones sociales de la Convención habrán de reanudar el viejo combate a las contrarreformas, y el debutante 132 tendrá que transformar en acciones sus recientes planteamientos programáticos antineoliberales. Y habrán de hacerlo juntos, pues separados no pueden parar las arremetidas de la oligarquía y sus testaferros”.

9.- Armando Bartra concluye diciendo que “si en la resistencia a la imposición no cuajó del todo el esperado movimiento de movimientos, pues el obradorismo tenía que agotar el cauce institucional, es muy posible que termine de cuajar en el curso de la resistencia a las reformas estructurales. Más nos vale”.

¿Qué puede anticiparse que viene después de leer el interesante artículo de Bartra? Que si en 2008 cientos y aun miles de mujeres, las llamadas adelitas, se movilizaron para impedir una reforma a Pemex, a partir de que el Tribunal Electoral dé el triunfo a Peña Nieto serán los estudiantes los que intentarán no solo que diputados y senadores rechacen los proyectos de reformas estructurales, sino que buscarán inclusive impedir que los legisladores se reúnan.

Si en 2008 vimos a las adelitas tendidas en el piso para evitar que circularan autobuses que conducían a los senadores a su sede, hoy ese papel será de los jóvenes.

¿Es necesario? Para la izquierda nada es más importante que impedir, al costo que sea, las reformas. No opino así. Creo que sin reformas México no superará sus problemas.

Ojalá el debate, en la Cámara de Diputados, el Senado, los medios y aun en la calle se dé en términos intelectuales, correctos, rigurosos, con razones, que el diálogo sea de gran altura. Cualquier otra cosa será barbarie.

 

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